Dos años sin oposición

Bisagra

Por José Páramo Castro

Para la oposición en dos años de gobierno se ha hecho muy poco o nada, pero en ese mismo lapso, la oposición no se ha conformado en oposición ni siquiera de manera aproximada. Los pronósticos de la oposición se han caído solos desde hace dos años. El castigo que esperaba a México por votar por Morena no llega todavía, a pesar de que algunos se empeñan en hacer creer que todo está mal, muy mal, incluso peor que nunca. Todavía están frescas en la memoria de los mexicanos las predicciones de una oposición que todavía no ha podido organizarse como tal y sigue haciendo cálculos sobre materias que desconocen.

La profecía de la devaluación de la moneda a 50 pesos por dólar no puede olvidarse, tampoco la aseveración incongruente de que si baja la cotización de acciones en la Bolsa de valores hay pobreza inmediata, o los anuncios de que afuera del Hospital de la Raza los enfermos de Covid-19 estaban en el suelo por falta de camas, o que la miseria invadiría todo el territorio nacional, escogen el pasado para endilgarlo en un presente que muchos no quieren entender.

Cuando se les pregunta que cuál es su fuente de información siguen citando los diarios que están descalificados por el sentido común, la lógica y la realidad; sin embargo, se aferran a seguir creyendo en esos “líderes de opinión” como si se tratara de una secta.

La conciencia sobre parcialidad de la información es otro de los mitos con los que debe ahora trabajar la sociedad mexicana. La estructura informativa estaba diseñada para un sistema de gobierno viejo, neoliberal, desigual, poco aplicable a países en desarrollo. Ajeno a la forma de pensamiento, de producción, de conducta, etc.

Así no sólo los medios estaban condicionados a tener una versión sobre la realidad sino el FMI, el Banco Mundial el Banco Interamericano de Desarrollo, que ofrecen préstamos para darle continuidad a la dependencia económica de los países socios, corredurías, así como las consultorías, las calificadoras tienen su esquema para un sistema económico tradicional.

Entender la realidad actual del país implica una apertura no sólo para quienes están a favor del régimen, sino para los contrarios que quieren medir con reglas del pasado el presente y solo balbucean entre supuestos y especulaciones.

La nueva realidad de México no empezó con la pandemia sino con el sexenio; sin embargo, acostumbrados como estábamos a que el cambio de partido en el poder sólo cambiaba de nombre del hombre que gobernaba. Estemos a favor o en contra la convocatoria implícita de estas transformaciones tiene dos vertientes: la adaptación o el cuestionamiento. En ambos casos con conocimiento de causa, no con ambigüedades y cifras inoperantes sino con información real, que no se ofrece en los medios tradicionales.

La renovación no implica la aceptación, sino actualización para cuestionar o para aceptar, pero no a ciegas. La incondicionalidad hacia los actos de gobierno daña la democracia, de tal manera que no estar en concordancia con el presente no implica estar de acuerdo con el gobierno actual. Es decir, no podemos oponernos a los cambios que exige el tiempo y el espacio, podemos estar contra esos cambios que se definen en el poder. De otra manera estamos, como la oposición actual, colocando propuestas añejas para “renovar” el presente y darle al futuro sólo una historia ya vivida, que prolongue el pasado.

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