Duarte se queda ¿Quién gana?

¡Totalmente resquebrajado el agonizante gobierno!

¿Realmente lo que no mata fortalece?

Acaso Javier Duarte solo acalló de manera momentánea a los dos colegas locales que adelantaron su salida; tal vez se alzó en triunfo al echarles a perder sus columnas periodísticas a dos más de la ciudad de México que aseguraban licencia o juicio político para el gobernador… pero ¿qué decirle a los millones de veracruzanos que esperaban sucediera el milagro?

¿Acaso su permanencia en el poder –faltan eternos nueve meses- le servirán para blindarse o ganar impunidad cuando en los hechos los tres aspirantes a gobernar Veracruz, Miguel Angel Yunes Linares, Héctor Yunes Landa y Cuitláhuac García le han prometido cárcel?

Dice vía redes sociales su fiel escudero, Alberto Silva, de manera por demás obtusa que a Javier Duarte si le dieron “licencia”… pero “Licencia de manejo”, buscando acaso con ese chistorete de mal gusto, exaltar la “victoria” de Duarte sobre sus enemigos, logrando únicamente exacerbar aun más las ofensas públicas no contra Silva, sino contra la otrora intocable máxima autoridad gubernamental de Veracruz.

Mientras en los corrillos de Palacio la tremenda corte se ufana haber descarrilado a Manlio Fabio Beltrones, al hacerlo recular en sus exigencias a Duarte de rendición de cuentas pero… tal como comentó posteriormente en corto el propio Manlio “ya mañana ese amigo volverá a tropezar y a ver quién entra al quite”.

Que si pactó o no con Osorio Chong, que si tuvo acuerdo en lo oscurito, que si se la pelaron a Javier los columnistas veracruzanos ya no es tema, dejó de ser morbo insulso.

Hoy lo sustancial es que horas después de haber sobrevivido a tan anunciada caída, la comunidad universitaria de la UV de la mano de jubilados y pensionado, así como la ciudadanía en pleno, en impresionante proporción se volcó de manera repetida por dos días, el pasado jueves y viernes, mostrando cuan resquebrajada y sin crédito está la estructura de poder.

Dice la prensa estatal en sus encabezados sabatinos “Gobierno ratero devuelve el dinero” –Oye Veracruz-; “Embate del gobierno une a universitarios” –La Jornada Veracruz-; “Ni pacto ni compromiso con Duarte, Héctor Yunes”-Diario del Itsmo- y “Que le paguen”, -Notiver-.

Eso por decir lo menos ya que si observamos los encabezados de los diarios que todo el sexenio se dedicaron a encomiar al gobierno nos encontraremos con AZ a ocho columnas: “¡Duarte, ratero, regresa el dinero!”; Diario de Xalapa, “Universitarios marchan en defensa de la UV”; El Dictamen “Deja Duarte megadeuda en Veracruz”; El Buen Tono “¡UV, aguanta, tu gente se levanta!”; El Mundo “Exigen a Peña Nieto actuar en el caso de la UV”; el Sol de Córdoba “Hartazgo del mal gobierno”, y Marcha “Todos somos UV”, con fotografía a media plana de la manifestación monstruo.

Ese es el pulso.

Hoy hasta los de casa muerden. Los verdaderos críticos palidecen ante los oficialistas. Los timoratos y llamados institucionales ahora son guerrilleros incendiarios y los apóstoles del ¡Viva el Rey! hoy quieren hacer carnitas a Duarte.

¿Es un tema de la condición humana?

No. Es un tema de dinero, es de conveniencias y alianzas, de compromisos mercenarios con el poder y la debilidad misma del propio mandatario.

Javier Duarte está al frente del gobierno sin estarlo. Manda sin que nadie le haga caso y se esconde, se aleja del ruido mediático. Sus actos públicos están blindados y lo que menos le interesa es que lo que diga o haga sean nota de ocho, que de todas maneras no lo serían ya que la prensa oficial ya se le volteó.

Es un rey sin reino.

Un hombre de risa fingida. Aparenta estar bien cuando su infierno lo devora hora tras hora, día tras día. Es el pago a su falta de pericia, de paciencia, de prudencia, de dejarse asesorar y juntarse con esa retahíla de pillos de siete suelas.

A Duarte el juicio de la historia le llegó 9 meses antes.

Sin embargo, nunca será tarde para buscar la reconciliación, para intentar restaurar el tejido social y en la humildad buscar el diálogo.

Javier Duarte debería ponerse a las órdenes de la Auditoría Superior de la Federación y de la Procuraduría General de la República. Debería hacer públicas las verdaderas cuentas de su gobierno y deslindar responsabilidades penales hacia los 23 implicados en el saqueo de las arcas públicas.

Si como dice que no ha tomado un centavo del erario público que no se haya ganado que lo demuestre.

Debería asimismo buscar a los de su clase para reconciliarse, extender la mano a sus enemigos, los Yunes, y garantizar la seguridad de los periodistas hoy seriamente lastimados ante la escalada asesina.

Son tiempos de llamar a cuentas a quien más parece su cómplice Arturo Bermúdez para que explique por qué del genocidio en Veracruz y a su Fiscal Luis Angel Bravo Contreras, también aliado de la delincuencia quien nunca resolvió nada, pero si revolvió todo.

Es tiempo de pagar deudas, de reconciliarse con la Universidad, de ya no seguir cubriendo a sus amigos, aliados y colaboradores y de cerrar con la mayor dignidad posible.

No debe seguir pegado a la falda de Fidel Herrera Beltrán ni pensar que su mejor amigo es Enrique Peña Nieto. En política los amigos son de a mentiras.

Son los tiempos del juicio final y no del ¡sálvense quien pueda!.. El mandatario debe estar a la altura de un pueblo que tiene historia, tradición y lealtad con sus gobernados.

De lo contrario transitará por la historia como lo que ya se ve, cabeza de un gobierno de saqueadores y delincuentes.

¿Eso es pedir peras al olmo?

Tiempo al tiempo.

Por: Édgar Hernández *Premio Nacional de Periodismo/ Línea Caliente

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