Duarte y los traidores del noveno círculo del infierno

Ya es viernes y Javier Duarte sobrevivió la embestida. Primero el “ratero, ratero, ratero” del lunes en el Café Parroquia, después la supuesta licencia del martes para dejar el cargo; esos son sucesos que no se le desean ni al peor enemigo. Por supuesto el gobernador minimiza las cosas, para él todo son inventos o parte del folclor veracruzano debido a la época electoral, pero el riesgo existió, claro que existió.

Sino no lo hubieran llamado de las oficinas de Bucareli a reunirse con Osorio Chong, secretario de Gobernación. No lo podía negar, varios medios, entre ellos Proceso, Reforma y Ferriz de Con lo advirtieron. Al parecer todo se desarrollaba de acuerdo al guion que algunos periodistas ya le estaban trazando. A la salida de la oficina del secretario de Gobernación todos esperaban el comunicado con la excusa de que dejaba el gobierno por “motivos de salud”. Pero Javier todavía tenía un as bajo la manga; el último y lo utilizó, por eso salió diciendo que gozaba de cabal salud.

¿Por qué parecía inminente su salida? Bueno, Peña Nieto ya no lo recibió, el auditor había pedido cárcel para él, el presidente de su partido le retiraba su apoyo, ¿qué le quedaba a Javier Duarte? El golpe por la espalda que le diera Manlio Fabio Beltrones lo debió haber cimbrado, más que lo de la supuesta licencia. Fue por ello que todos dieron por hecho que renunciaría, porque el partido y el presidente le estaban dando la espalda. Pero sobrevivió; hasta el momento.

En ese terrible trance que estaba pasando el gobernador, uno se pregunta, ¿dónde estaban los “amigos” de Javier Duarte? ¿Dónde estaban todos esos funcionarios a los que enriqueció sobremanera? ¿Dónde estaban esos periodistas que lo habían señalado como el mejor gobernador que ha tenido Veracruz? ¿Dónde estaban los dueños de esos medios impresos, que el Día de la Libertad de Expresión se sentaban junto a él a compartir el pan y la sal? Todos le dieron la espalda, todos los negaron al tercer canto del gallo, como Pedro al Mesías. Los más viles llegaron a más, le buscaron la espalda para asestarle una puñalada trapera.

Ahí están las columnas, los artículos de esos que durante cinco años habían estado mirando el gobierno de Javier Duarte con el filtro del jugoso convenio; ahí están las portadas de los impresos, de los medios “amigos”, los oficialistas que de un día para otro se volvieron críticos. Ahí están los periodistas que todo el sexenio lo miraron desnudo y no le decían nada, antes bien alababan su buen gusto y la finura de sus ropajes; ahí están los convidados a esas comilonas en las que se libaba con Vega Sicilia, esos hijos de la gula no tuvieron ni el mendrugo de una apología para defenderlo.

Ahora dicen que son honestos y objetivos; valientes y temerarios porque critican al gobierno que mata periodistas, porque señalan los vicios de un gobierno que no puede demostrar dónde quedaron 35 mil millones de pesos; prole de víboras, parte de ese dinero lo repartió con ustedes.

Pero eso es lo que sucede siempre, le sucedió a Miguel Alemán, le sucedió a Fidel Herrera, ¿por qué no le iba a suceder a Javier Duarte? Es parte de la ética que manejan esos “periodistas”, la ética del dinero. Mientras fluya el dinero ellos serán los más fieles, los más abyectos servidores, cuando el dinero se acaba se vuelven traidores.

A esos les espera el círculo noveno del infierno de Dante, el círculo de los que traicionan a sus benefactores. Ahí en ese círculo les espera una aterradora desolación, en un subterráneo donde recibirán el gélido desprecio de los demás.

Por: Armando Ortiz / “Viernes contemporáneo”

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