El aplauso de Peña Nieto para el amor que se acabó

Lo hemos dicho una y otra vez: alguien debería decirle al Presidente de México, que pide un aplauso para el amor que para su desgracia ya no ha llegado, que está siendo víctima de un fuego amigo o mejor dicho aún, que los que deberían detenerle las balas las están dejando pasar agarrándolo como escudo.

Con la fama que trae el ‘preciso’ uno pensaría que está en los últimos linderos de su sexenio y que, para no perder la bonita costumbre, todo lo que hace y sale de su boca ya le da lo mismo si genera polémica o no porque al final de cuentas él ya se va. Por desgracia para él no es así, porque aún no llega siquiera a la mitad de su periodo administrativo y su imagen está más desgastada que los rieles de la Línea 12 del Metro tras un mes de uso.

Digo, que Felipe Calderón no se pueda parar más que en los palcos VIP de los estadios de Estados Unidos se entiende después del camposanto en que se convirtió el país, pero hasta él tuvo una poquita de gracia en sus años de gobierno y, sobre todo, se notaba que no lo dejaban morir solo.

Así como están las cosas, hasta pareciera que a Los Pinos no regresó el PRI , sino un gobierno de esos que vienen con la llamada alternancia donde el precio de la chamaqueda es regarla en situaciones por las que nunca había pasado. Pura lógica de quienes no saben brillar en sociedad y llegan como nuevos ricos para vivir de la plenitud del condenado poder. Por eso las tonterías de Vicente Fox y su esposa se tomaban a guasa, aunque después se nos quitó la risa cuando supimos que eran muy vivillos para eso de los negocios familiares y que de ingenuos no tenían nada.

Es por eso que extraña en proporciones mayúsculas el actuar de Enrique Peña Nieto, pero más que nada, de todos los que lo rodean, por dejar que la figura presidencial alcance niveles de popularidad cercanos a los de la Hora Nacional.

Para bien o para mal es evidente que ese ser todopoderoso que era el Presidente de México ya no existe más, pero tampoco es para que los suyos lo traten así. Ante todo, por lo que han de estar costando todo ese grupo de asesores, deberían envolverse como niños héroes y salir al paso en defensa de su jefe. Pero la evidencia muestra todo lo contrario.

En sus primeros meses Peña Nieto se convirtió en el muchacho chicho de la película gacha cuando se aventó reformas que lo puso en los cuernos de la luna mientras daba muestras de que su gobierno no permitiría exabruptos de funcionarios y sus familiares cuando querían medir de qué cuero salían más correas. El caso de prepotencia de la hija del titular de la Profeco que terminó poniendo a su papá de patitas en la calle por una orden presidencial llevaba ese rumbo.

Pero ahora es como si los patos le tiraran a las escopetas. Por un lado el secretario de Comunicaciones y Transportes sale a defender la licitación del tren México-Querétaro y por el otro el Presidente la cancela porque hay un posible conflicto de interés. En otros tiempos, de perdida le hubieran dado aire a alguien del gabinete (en este caso al titular de la SCT) nomás para aparentar que el ‘preciso’ nunca se equivoca y que entonces, el que hizo todo el proceso con las patas fue un subordinado. Pero no, en lugar de eso siguen dejando que el jefazo salga e incluso exponen hasta a su propia esposa para que explique por qué los cuadrados son circulares y los niños vienen de París.

Peor aún: acto 1, sale el Presidente a nombrar un policía anticorrupción ¡para que lo investigue a él mismo por el escándalo de su casa, la de su mujer y su secretario de Hacienda! y nadie le dice que en principio eso se ve mal, porque es como si Bill Clinton hubiera nombrado al fiscal que lo investigó por sus travesuras con Mónica Lewinsky.; acto 2, el mismo policía anticorrupción sale a decir que su poder no llega para investigar esos casos por lo que todo el show queda como una batea de babas.

Y justo ahí, cuando Peña Nieto quiere dar un tironcito al timón, cuando el discurso previamente estudiado y minuciosamente redactado se termina, se sale de guión y suelta el tremendo #YaSeQueNoAplauden que fue la cerecita en el pastel en esta serie de sucesos desafortunados.

¿En verdad el jefe del Ejecutivo no se percató de que se encontraba en una conferencia de prensa, con puros reporteros y que por ende, al término de su discurso, no se esperaba el acostumbrado aplauso palero que tienen por costumbre armar los adictos a la complacencia? Ah, los misterios de la vida. Eso será un caso sin resolver pero que, por lo que puede verse en el video, podría ser consecuencia, de nuevo, de una mala estrategia de comunicación a la hora de decidir el formato del anuncio.

Si se observa bien, el escenario es parecido al que usan para esos discursos en donde llenan las butacas con invitados especiales y no una reunión con la prensa. Quizás nadie le dijo antes que solo había trabajadores de la información y pues es lógico que se sacara de onda, teniendo como consecuencia, que al final buscara la mesa que más aplauda. Lo único que es evidente es que alguien no está haciendo bien su chamba.

Pero vamos más allá. Ese clamor apagado de aplausos que un micrófono prendido atrapó (¿dónde estaba el ingeniero de sonido?) es una muestra de la añoranza que el Presidente siente por los buenos tiempos, cuando gobernaba el Estado de México y todo era miel sobre hojuelas por ser el hijo predilecto de Atlacomulco, de las campañas donde apenas salía y los gritos desesperados de mujeres y hombres se volcaban con cada movimiento de sus brazos en señal de abrazo en sintonía con el movimiento de la pelirroja (y ahora rubia) cabellera de su popular esposa que nos decían por igual que, al menos en pantalla, lo mejor estaba por venir.

Esa petición de aplausos es por el amor que a él había llegado pero que ahora, y muy pronto, se le fue, el amor de un sector que se dejó enamorar bajo la decepción de la alternancia panista y el ámpula que le levanta López Obrador. Porque los ataques de los resentizados sociales que no lo quieren no cambian y no significan mucha diferencia entre lo que le decían antes y lo que le dicen ahora, pero justo ahora hay otro grupo que se ha sumado a las críticas por la serie de fallas y torpezas que le han restado credibilidad como figura de autoridad. Él lo sabe (y su equipo también y no hace nada). Los decepcionados son aquellos que se encandilaron con sus promesas y ahora muestran el despecho y el desprecio de sentirse engañados por alguien que no supo mantener viva la llama de su pasión. Y esos, difícilmente volverán a aplaudirle.

(Yahoo Noticias)

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