El asesinato de Columba

•El gabinete policiaco del gobierno de Veracruz está obligado a esclarecer el secuestro y crimen de la estudiante de 16 años
•Ha trascendido un ajuste de cuentas de malosos donde Columba fue la víctima de la barbarie
•En otros crímenes se habló de malas amistades, pero nunca, jamás, la autoridad demostró los hechos
•A mayor impunidad la inseguridad se multiplica

Por: Luis Velázquez

Hoy será sepultada Columba Campillo, la chica de 16 años, estudiante del Colegio Villa Rica, que fue levantada en el bulevar cuando practicaba sus ejercicios diarios.

Pero, además, golpeada y asfixiada con una bolsa y según parece, ultrajada, y arrojada en un lote baldío de Boca del Río.

Es decir, la barbarie total.

Por supuesto, nada justifica que los autores, sea(n) quien(es) sea(n) haya consumado la atrocidad que, bueno, y por desgracia, enlista los feminicidios ocurridos en el estado de Veracruz, los últimos de un par de mujeres en Agua Dulce.

Al mismo tiempo, está el secuestro de otra chica universitaria, Melissa, de la UDICA, donde cursa la carrera de Administración, y por quien, según ha trascendido, piden un millón de pesos de rescate, la misma cantidad que, se afirma exigían por Columba, aun cuando, hasta donde ha trascendido, sólo hablaron una vez a su casa estableciendo el precio del rescate y después la comunicación se cortó.

Hasta el momento del desenlace fatal, en que los familiares recibieron al Fiscal General de 9 años en la oficina de Boca del Río con mentadas de madre.

Era Columba una chica de 16 años, apenas, apenitas naciendo a la vida. Mejor dicho, ni siquiera, quizá, habría comenzado a vivir.

Nada explica ni menos, mucho menos, justifica la acción. Pero, al mismo tiempo, habría de separar un hecho de otro, pues aun cuando en un principio fue filtrado que se trataba de una venganza amorosa, lo que resulta inverosímil, también hay la versión de que más que una pasión rencorosa se trataría, digamos, de un ajuste de cuentas, donde Columba fue la víctima.

Pero, además, la víctima con mucha, demasiada, excesiva saña.

Y quizá por eso mismo las madres de los desaparecidos (y secuestrados y asesinados) en el puerto jarocho están convocando a una marcha mañana domingo a las 10 horas que partirá del llamado Tranvía del recuerdo, frente al parque Zamora.

PROHIBIDO GUARDAR SILENCIO

Tal cual, y dada la investigación preliminar, ha trascendido de un posible ajuste de cuentas que se deriva del entorno familiar y en donde se cruzan y entrecruzan intereses policiacos y de un grupo de malosos.

Ya revelará la investigación en caso de conocerse los hilos consanguíneos de un feminicidio más que acentúa el dolor familiar, y más como en el caso, por tratarse de una menor de edad y estudiante.

Más aún, ya se verá, sea cual sea el resultado, si la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General de nueve años lo revelan, pues en casos interiores, y por alguna razón, han preferido el silencio ominoso.

Así fue, por ejemplo, en los años 2011 y 2012 cuando unos reporteros y fotógrafos fueron secuestrados, ejecutados, mutilados y tirados en la vía pública y en donde las filtraciones oficiales siempre aseguraban que se trataba de un ajuste de cuentas de los malosos, y sin embargo nunca, jamás, en ningún momento fue aportada una prueba, un testimonio inapelable, la crudeza de los hechos por más sórdidos que fueran.

Incluso, el gremio reporteril llegó a dividirse según sus intereses entre quienes defendían y satanizaban a los colegas, bajo el argumento de quien se mete una ocasión se vuelve un atrapado sin salida.

La familia Campillo tiene un nombre y un prestigio que cuidar. Y en la otra orilla está la responsabilidad constitucional del gobierno de Veracruz (Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía) de velar por el Estado de Derecho, que en lenguaje llano significa garantizar la seguridad en la vida y en los bienes.

Y, bueno, en caso de que una vida humana se pierde, trabajar con eficacia para evitar la impunidad.

Está claro: en Veracruz la muerte parece tener permiso, oh Edmundo Valadés, porque la impunidad se ha instaurado desde hace rato, bajo la fórmula política y química y social de que a mayor impunidad… mayor inseguridad.

Nadie quisiera una muerte más.

Y por eso mismo ha sonado la hora de que tanto el general de West Point condecorado por la Interpol, Arturo Bermúdez Zurita, y el Fisca, Luis Ángel Bravo Contreras, muestren el abolengo de que se ufanan, esclareciendo con hechos y resultados convincentes el secuestro, tortura y crimen de la estudiante de 16 años se llegue hasta donde se llegue.

Lo peor será que teniendo más que los pelos de la burra en la mano, la burra completa, una vez más guarden silencio.

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