El asunto ASF

Bisagra

Por José Páramo Castro

Hace unos días diputados de oposición, medios y algunos comentaristas actuaron con una novatez sin precedente en México. Interpretaron el Informe de la Auditoría Superior de la Federación como una demanda penal, producto de una investigación.

En administraciones anteriores estos informes carecían de importancia y nadie culpaba a nadie a menos que las cantidades fueran exorbitantes, como sucedió en varias ocasiones.

Pero en esta ocasión los novatos de los medios y de la política adoptaron el informe, que no llega a ser siquiera recomendación todavía, como prueba de la corrupción en el actual régimen, cuando en sexenios anteriores sabían todos ellos y mucha gente, que las instancias gubernamentales aludidas deben trabajar en ajustar sus cuentas, para aclarar o bien para resarcir el daño, o en algo que rara vez sucedió, castigar a quienes hubieran desviado votos. Hoy prefieren la crítica sin bases al ridículo social.

No es concebible que periodistas y legisladores con extensa experiencia hayan tomado el informe de la ASF como prueba de corrupción. Basta con una cultura mínima en administración pública para conocer que se trata del primer paso para justificar gastos, aportar facturas, datos, documentos, pero no es, de ninguna manera, una evidencia de desvío de recursos.

A pesar de esto, que es de elemental cultura administrativa, la Auditoría Superior de la Federación se desdijo de sus estimaciones sobre el costo de cancelar el aeropuerto de Texcoco. El cálculo fue de 75 por ciento más de lo real, se explicó, en su momento con todo de talle y la explicación vino acompañada del reconocimiento de la dependencia de haber cometido errores.

También hubo aclaraciones puntuales sobre documentos de la Secretaría de Cultura que no se tomaron en cuenta a pesar de enviarse en tiempo y forma; se aclararon gastos y documentos de la refinería Dos Bocas y del Tren Maya.

La aclaración de parte de Hacienda y de la ASF quedó clara, a pesar de ello el líder nacional del PAN, Marko Cortés, pidió a los auditores no dejarse presionar por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y el panista nunca reconoció el error de la ASF, sigue diciendo que la cantidad equivocada, en su totalidad fue dinero tirado a la basura en defensa del aeropuerto de Texcoco.

Marko nunca denunció aviadores en la ASF en los sexenios anteriores, ni despidos injustificados, ni ley mordaza a los altos funcionarios, como el de Muna Dora Buchahin, quien fue despedida en junio de 2018. La voz de panistas, priistas y agónicos perredistas nunca se escuchó.

Se adjudica mala fe de la ASF; sin embargo, la volatilidad de la captura de datos en el primer año de gobierno de cualquier sexenio, es cuando la falta de ajustes presupuestarios es mayor; no es porque haya desconocimiento administrativo de las nuevas autoridades sino por las novedades que siempre se imponen al principio de cada sexenio, en los dos o tres primeros años; sin embargo, nadie culpa a la ASF de distracción, ignorancia o informes al vapor, sino que sin pensar un segundo en las verdaderas atribuciones de la dependencia culpan a la clase gobernante de la que forma parte también la oposición.

Es decir, hay faltantes y carencia de información en gobiernos estatales, como el de Jalisco, que pueden resarcir en unos días o semanas. Sólo si no se aclaran puede existir la posibilidad de que hubo corrupción.

Sorprende que los periodistas y los legisladores nunca hayan conocido las funciones de la Auditoría. Depende de la Cámara de Diputados, y esta Cámara la conforman varios partidos, cuyas mesas directivas están conformadas por legisladores de diferentes partidos. Desconocen las funciones y las reglas que rigen, o dicen desconocerlas para golpear sin sentido, pero con mucho coraje, tanto que ahora distorsionaron como aprendices de redactores las atribuciones de una dependencia de gobierno que actúa y debe actuar imparcialmente y sin presiones de ningún partido o gobierno.

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