El fiscal “Culín” y sus obsesiones

De entrada, “Culín” es un perdedor. Bajo la coraza de ego, los aires de suficiencia, el alarde en la palabra, el uso de la ley como látigo de la justicia, Luis Ángel Bravo Contreras trasluce el miedo al fracaso, sus taras judiciales, la manipulación de la realidad y la obsesión por encarcelar.

Un caso lo exhibe: el asesinato del pastor evangélico Claudio Martínez Morales.

Otro caso lo ridiculiza: el crimen del periodista José Moisés Sánchez Cerezo.

Otros casos más lo balconean: las desapariciones a lo largo y ancho de Veracruz.

Unos más lo pulverizan: la oleada de secuestros y ejecuciones.

Otro lo cuestiona: el levantón y asesinato del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz.

Uno lo coloca al borde del escándalo: la manipulación del secuestro y crimen de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes.

Pero hay uno que lo sepulta: el encarcelamiento de la periodista Maryjose Gamboa Torales.

Su andar en la Fiscalía General de Veracruz ha sido perverso. Manipula a discreción, falsea la verdad, oculta hechos, exacerba lo que le conviene, juega con la suerte judicial y especula con la libertad de inocentes y culpables, de ángeles y demonios.

Abogado con pasado cuestionable, en sus días de litigante no siempre defendía al inocente. Por su despacho pasaban lo malo y lo peor, el asaltante y el criminal. Y Luis Ángel Bravo Contreras se aprestaba a lograr la libertad de quien fuera, así se tratara de un delincuente.

Sobre esa base construyó el hoy fiscal de Veracruz su fama de abogado sin escrúpulos, que no sirve a la justicia sino al que le cubre sus honorarios.

Labró fama en sus días de estudiante. Aventajado, destacaba en la teoría y cumplía en la práctica. Sobresalía, sin embargo, en la imagen personal. De ahí le viene el mote de “Culín”, el más prendido, el más planchado, el más estirado, el más pulcro, el más apuesto, según él y según quienes le seguían el juego.

“Culín” es hoy un fiscal que tiene la justicia a sus pies. Y con ello hace de cada caso judicial un espectáculo de luz y sonido, frases rimbombantes, su figura en el centro de la conferencia de prensa, su voz, la única que se debe escuchar.

Protagonista, obsesivo acaparador de reflectores, Luis Ángel Bravo va haciendo de la procuración de justicia en Veracruz un reto personal, perseguidor de inocentes, a quienes encarcela, enloda, desata sobre ellos pasiones vengativas con tintes de paranoia.

Uno así es el caso de los electricistas acusados del crimen del pastor evangélico Claudio Martínez Morales, líder de la Comunidad de Dios, ocurrido el 17 de junio de 2013, en Coatzacoalcos. Liberados ahora por haberse incriminado con una confesión obtenida mediante tortura, les promete “Culín” que los va a encarcelar de nuevo.

No han sido exonerados, dice el fiscal Luis Ángel Bravo. Salieron porque la confesión donde aceptaban su culpabilidad fue obtenida vía prácticas de tortura que ejerció un grupo de agentes ministeriales. Pero contra los torturadores no aplica la ley “Culín”. Los ignora. Centra su discurso en que los cuatro trabajadores de Comisión Federal de Electricidad no son inocentes. Y dice que les tiene preparada una sorpresa. ¿Obsesión? Sí.

Luis Ángel Bravo se patinó en el caso del levantón y asesinato del periodista José Moisés Sánchez Cerezo, ocurrido el 2 de enero de 2015. Mentía y mentía. Ocultaba la verdad. Desdeñó líneas de investigación, incluida la del crimen organizado como autor del plagio, mientras centraba sus empeños en encarcelar al alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, con quien el editor del semanario “La Unión” había tenido encuentros y desencuentros.

No actuó hasta que la prensa crítica de Veracruz motivó a la organización Artículo 19, llevó el caso al programa de Carmen Aristegui, involucró al entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y habló con un grupo de embajadores de países extranjeros en México, que “halló” el cadáver del periodista y procedió contra el edil a partir de una confesión “de oídas” de uno de los supuestos sicarios.

En el entorno del fiscal siguen las desapariciones de personas y a los reclamos de organizaciones como Colectivo por la Paz, Luis Ángel “Culín” Bravo responde con promesas huecas, evasivas, falta de resultados, mitomanía, demagogia y engaño.

Tiene para el fenómeno del secuestro y la extorsión, el abigeato y la violencia, la palabra y la simulación. Crea unidades antisecuestro que no son más que la institucionalización de los grupos ministeriales que en el pasado inmediato no han podido con el impacto de esos delitos, que han motivado el clima de miedo por el baño de sangre que atrapa a Veracruz.

Cuando Luis Ángel Bravo llegó a la Procuraduría de Veracruz, el crimen del periodista Gregorio Jiménez ya era historia. Le tocó seguir las pesquisas, ser incisivo en los tribunales y demostrar la culpabilidad de los presuntos asesinos, incluida la autora intelectual, Teresa de Jesús Hernández, en un caso que el gobierno de Javier Duarte se niega a reconocer que al reportero de Notisur, Liberal y La Red lo mataron por lo que escribía.

Obtuvieron un amparo los implicados, pero “Culín” asegura que no saldrán libres. Y para ello nombró a Samyra del Carmen Khouri Colorado como subprocuradora, emanada de un juzgado federal, discípula del magistrado Vicente Mariche de la Garza, para que entre ambos hagan mancuerna y no liberen a quien no le convenga al fiscal de Veracruz. Vaya caso para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde creen que el Poder Judicial Federal es independiente de los cochupos de los gobernadores.

Otro caso le quema las manos: el secuestro y asesinato de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes, plagiada el 7 de julio de 2014. Su muerte fue confirmada por fuentes de la entonces Procuraduría, pero Luis Ángel Bravo se negó a admitirlo. Su razón política era que en Boca del Río se habría de celebrar la cumbre de senadores del PRI y del Partido Verde. Y para no empañar el evento, postergó el anuncio del desenlace fatal.

Jugaban “Culín y Javier Duarte con la esperanza de los padres. Aseguraba el gobernador que la pequeña de cinco años estaba viva y que haría todo por encontrarla. Pasada la cumbre de los senadores, Luis Ángel Bravo confirmó la muerte y le imputó la autoría del plagio a la tía de la niña, Mónica Reyes Baruch, también asesinada por los captores.

Su Waterloo es el caso Maryjose Gamboa Torales. Faltó a la verdad, fraguó una perversidad, acomodó las pruebas para mantenerla encarcelada a lo largo de ocho meses, negándole el derecho de enfrentar una acusación por homicidio imprudencial tras el accidente en que murió el joven José Luis Burela López, el 12 julio de 2014.

Sus pruebas fueron derrumbadas mediante juicios de amparo. Torcida la justicia en Veracruz, “Culín” lograba acciones del Ministerio Público, falsos testimonios de un médico legista, peritajes a modo, los jueces apabullados por el mesiánico fiscal del duartismo. La encomienda era mantener a la periodista en la cárcel. Al final, la justicia federal se impuso y Maryjose Gamboa, autora de la columna Al Aire, una de las plumas más críticas de Veracruz, que ha exhibido la podredumbre del gobierno de Javier Duarte, recuperó su libertad.

Vencido por la razón, “Culín” ha pasado por la Fiscalía sólo para exhibir sus obsesiones. Su ego lo nubla. La soberbia lo rebasa. Pueden los electricistas del caso Pastor Claudio haber logrado su libertad por sufrir tortura, pero Luis Ángel Bravo les promete encarcelarlos.

Aplica, pues, la justicia sin respeto a la justicia. Encarcela inocentes a sabiendas que son inocentes. Así trastoca la ley.

Algún día la justicia lo alcanzará a él. Quienes guillotinaban en la Francia de los Luises, terminaron viendo rodar su cabeza por la acción de la guillotina.

Que lo tenga presente el obsesivo “Culín”.

(Con información de mussiocardenas.com)

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