El fiscal y las “acusaciones de oídas”

Histriónico, Luis Ángel Bravo Contreras llegó al Congreso de Veracruz. Buscaba reflectores. Llevaba su egolatría, la metrosexualidad. Y nada más. Olvidó que en un juicio de desafuero, como en una instancia legal, cuentan las pruebas, y los hechos, y sobre todo, la verdad.

Nada nuevo llevó al Congreso donde se desahoga el juicio de desafuero contra el alcalde de Medellín de Bravo, Omar Cruz Reyes, sobre quien pesa la imputación de ser el autor intelectual del crimen del periodista Moisés Sánchez Cerezo, levantado y asesinado el 2 enero en El Tejar.

Nada nuevo llevaba. Y así lo decía. “Culín” llegó a cubrir el procedimiento, refrendar el argumento, reiterar lo sabido, su hipótesis de que el editor del semanario “La Unión” había entrado en conflicto con el alcalde panista por sus críticas a los abusos de poder, la falta de servicios públicos, el incumplimiento, las obras de mala calidad y la inseguridad y violencia.

Sustenta su caso en “acusaciones de oídas”, versiones de uno de los cuatro detenidos, Clemente Noé Rodríguez Martínez, un supuesto sicario que dice que otro sicario le comentó que el chofer del alcalde había pedido “el favor” de que desaparecieran a Moisés Sánchez.

Dice el famoso “Culín”, fiscal general de Veracruz, que su hipótesis es válida y que “en la historia del Derecho veracruzano no existe un solo caso donde un actor intelectual es detectado por pruebas materiales directas”.

Revoluciona así Luis Ángel Bravo Contreras la investigación ministerial, basado en que Clemente Noé Rodríguez afirma que un cómplice del que no conoce su nombre, sólo que le apodan “El Harry”, le comentó que un tal Meneses, supuestamente Mario López Meneses, escolta y chofer del alcalde, le había dicho que levantaran al periodista.

Suena inverosímil pero es real la osadía de Luis Ángel Bravo. Y dice “Fis-Culín” que se vale, que la técnica de investigación lo soporta, que así se llega al autor intelectual del crimen. Todo un caso para John Katzenbach, quizá “Historia de un Loco”, quizá “Un final Inesperado”, quizá “El Hombre Equivocado”.

Nada llevó el fiscal del régimen duartista al Congreso, expectante medio Veracruz, por el camino que toma el desafuero del edil de Medellín, un panista al que repudian en su partido, al que defiende sólo la cúpula del PAN, que se acomodó en cuanto pudo con el gobernador Javier Duarte de Ochoa, que aparece en fotografías de campaña con los Yunes azules.

Sobre Omar Cruz Reyes pesa la sospecha desde que los familiares de Moisés Sánchez Cerezo revelaron que el periodista les externó que había recibido una amenaza del alcalde. Le iban a dar un susto, dijo tres días antes del levantón. Y el susto se convirtió un crimen.

De ahí se agarró el fiscal Luis Ángel Bravo. Desechó cualquiera otra línea de investigación. Centró la pesquisa en el sospechoso a modo que tuvo a la mano. Convenientemente olvidó que Moisés Sánchez era periodista pero también organizó los grupos de autodefensa ante la pasividad de la policía y la impunidad de criminales que solían perpetrar asesinatos y secuestros en El Tejar, congregación de Medellín.

“Culín” Bravo Contreras tenía argumento para seguir la hipótesis del crimen organizado pero la evadió. Desoyó el llamado de Reporteros Sin Fronteras, de Artículo 19, de diversas organizaciones que exigían acciones para localizar con vida a Moisés Sánchez y luego, tras el hallazgo de su cuerpo, en Manlio Fabio Altamirano, justicia para el comunicador.

Rehuyó todo. Soslayó la sospecha sobre los narcos que operan en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río- Medellín, afectados por el llamado de Moisés Sánchez Cerezo a que se instaurara el Mando Único Policial.

Bravo Contreras dejó de actuar y sólo lo hizo cuando la prensa crítica de Veracruz interesó a Artículo 19; logró que el hijo del periodista, Jorge Sánchez Ordóñez, dialogara con el entonces procurador Jesús Murillo Karam, y que éste dijera que la Procuraduría de Veracruz no había realizado ninguna investigación y que habría que seguir otras pistas; que el caso se planteara ante el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, y se exhibiera la negligencia del gobierno duartista ante un grupo de embajadores extranjeros en México.

Entonces apareció el cadáver de Moisés Sánchez Cerezo. Y entonces se centró el fiscal “Culín” en la hipótesis de que el alcalde Omar Cruz Reyes ordenó el levantón y asesinato del periodista, el undécimo asesinado durante el régimen de Javier Duarte.

Fuera de eso, no tiene nada. Y si lo tiene, lo oculta.

Construye su caso el fiscal sobre “acusaciones de oídas” y así lo lleva al Congreso de Veracruz donde se ventila el juicio de desafuero para retirarle al alcalde de Medellín la inmunidad y que pueda ser juzgado por homicidio.

Bravo Contreras no reforzó su caso ante un Congreso. Lo dejó intacto. Un mes después, no pudo aportar mayores testimonios ni presentó nuevos detenidos, ni datos que acreditaran que la orden partió del edil.

Lo exhibe, por ello, el abogado defensor, Sergio Vaca Betancourt Bretón, ex diputado y uno de los penalistas de mayor prestigio en Veracruz. Las “acusaciones de son de oídas”.

Sostiene Vaca Betancourt que el caso lo tiene ganado. Se basa en que en la declaración de Clemente Noé Rodríguez ante el juez quinto de Primera Instancia asegura que el asesinato de Moisés Sánchez Cerezo se debió a que calentó la plaza con sus denuncias y que al reforzarse la seguridad, les impidió vender droga.

Es un asunto de crimen organizado, sostiene Vaca Betancourt. Dice que los cuatro imputados: los policías José Francisco y Luigi, así como el escolta Martín López Meneses, en ningún momento vinculan al alcalde Omar Cruz con el levantón y asesinato del periodista.

“El crimen fue planeado por un grupo delincuencial”, dice Vaca. Y muestra lo contenido en el expediente: “Nos reunimos el catorce de diciembre (del año pasado) y no pudimos vender mariguana porque se puso muy caliente, el tal Moisés Sánchez, el municipio de Medellín, porque gracias a su exigencia llegaron las fuerzas armadas”.

Y enfatiza:

“Entonces dijimos: no podemos hacer negocio, no podemos estar en los puntos (donde vendían mariguana a niños y adolescentes). Nos reunimos nuevamente el primero de enero (de este año) y el dos de enero lo levantan y lo sacrifican”.

“Culín” dice que el alcalde Omar Cruz habría ofrecido a los narcos que le dieran un susto a Moisés Sánchez y a cambio les permitiría vender droga. Lo hicieron y se les pasó la mano.

¿Es o no es un asunto de crimen organizado?

Avanza el juicio de desafuero. En un par de días será votado. Acatará la mayoría priísta y sus aliados la orden del gobernador. Eso nadie lo duda. Violar la ley es una constante en el desgobierno duartista. No son diputados, son lacayos.

Y a todo esto: ¿cuál es el afán de Javier Duarte y su fiscal Bravo de que no se inmiscuya al crimen organizado en el asesinato de Moisés Sánchez? ¿Cuál?

(Con información de mussiocardenas.com)

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