El fraude de San Samuel Muñoz

Manuel Bringas Burelo tiene un problema. Se llama Samuel Muñoz de la Rosa. De la mano de su “abogado” engaña y engatusa, ofrece el paraíso y lo vende en cómodos paguitos, urdido el negocio de la tierra a punta de invasión. ¿Su secreto? Una escritura pública que hace tres años dejó de tener validez. A eso se le llama fraude.

Manuel Bringas se vende como un ingenuo y Samuel se renta como un santo. Pero ni uno ni otro son así. Encantan a los necesitados, ofertan predios que no son suyos, fraccionan terrenos al margen de la ley y acumulan denuncias como sólo un vendelotes de alta escuela podrían enfrentar.

Su negocio es ese, la tierra, pero no es legal.

En Los Almendros, una franja ubicada en la zona de universidades privadas y el malecón de Coatzacoalcos, proyectan un negocio de alcances millonarios, la tierra vendida a retazos, primero a miembros de una iglesia evangélica y luego a particulares pudientes, que acuden al predio en autos lujosos y que presumen casas en otras áreas de la ciudad.

Sobre ambos pesan denuncias de la empresa Gestiones Inmobiliarias Arkitektur y del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Una los emplaza por despojo, robo, fraude y los delitos que se acumulen, y el otro por fraccionamiento indebido, que por la extensión afectada, unas 62 hectáreas, constituyen delito grave y no alcanzarían fianza.

A otros le inquietaría. A Manuel Bringas y a Samuel Muñoz no. Con ellos ha sido laxa la ley. Los dejó avanzar el ayuntamiento de Coatzacoalcos, solapador el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, cuando en otro predio, sobre Punta Diamante, a un costado del Palacio de Justicia Federal, vendieron a mansalva una extensión de 10 hectáreas por las que hacía tres años Manuel Bringas había recibido 300 mil pesos. Hubo fraccionamiento indebido y lo dejar actuar.

Impune, vio el Conde de Bringas, cuya realeza reclama aunque no se sepa de donde le viene la sangre azul, que si pudo sacarle jugo a ese predio, lo mismo pudo hacer en cualquier parte. Y así inició el show de Los Almendros.

Llegó. Usó la escritura de la Sucesión Bringas. Y sorprendió a pastores y feligreses del Centro Evangelístico de Coatza. Les vendió tierra que había dejado de ser de los hermanos Bringas —Raúl, Dolores, Bernardo y Manuel cuando éstos vendieron el predio en enero de 2011 y luego, en noviembre de ese año, reconocieron que no tenían un metros más en su poder.

La invasión comenzó en mayo de 2014. Llegaron las denuncias. Se evidenció la complicidad. Afloró el chantaje. Deslizó el grupo marcelista que por 160 millones de pesos, que luego revocó a 80 millones, dejaría limpio el terreno, libre de invasores y ejecutaría las acciones legales contra los defraudadores de la tierra.

Fuera de control, la invasión provocó una condena unánime. Sin ley, sin autoridad, el alcalde Caballero de adorno, se impuso la demanda de justicia. En septiembre, el cabildo de Coatzacoalcos avaló que se le diera cauce legal y días después el caso llegó al Ministerio Público. Se sumaba el ayuntamiento a las denuncias que por lo menos tres empresas y particulares habían interpuesto contra la dupla Manuel Bingas-Samuel Muñoz.

Pero eso y nada ha sido lo mismo. Sigue vendiendo el Conde de Bringas. Lo opera el “abogadazo” Samuel Muñoz. Le sirve una mujer, Yolanda, sobrina del pastor del Centro Evangelístico de Coatza, señalada como la artífice del negocio, la que cobra, la que lleva el dinero.

Según un video, imagen y voz de un testigo del tráfico de terrenos en Los Almendros, Samuel y ella son las piezas clave. “La que cobra es Yolanda, la sobrina del pastor. Él no aparece. Con ella se entiende Samuel. Dicen que se la anda echando al plato. Es la morena de ojos de colores”, dice el testigo.

San Samuel y Manuel El Ingenuo saben de los alcances del fraude. Y no se inmutan.

Vocifera Samuel Muñoz, un ex guarura metido a defensor de derechos humanos, que no le importa si el título de propiedad de la Sucesión Bringas tiene validez o no. Pero a los tribunales sí.

Nada tienen desde hace cinco años los hermanos Bringas Burelo sobre lo que fueron las 12 mil hectáreas que detentaron como suyas. Y ese es el origen del fraude.

Una operación por 40 millones de pesos, realizada el 21 de enero de 2011, trasladó los derechos del predio hoy invadido a Construplaneación, S.A de C.V., según la escritura 432, levantada en una notaría del centro del país.

Vendieron casi 829 mil metros cuadrados de terreno, unas 82 hectáreas. Cada hermano se agenció 10 millones de pesos.

En la penúltima hoja de la escritura aparece la firma y huella digital de Manuel Bringas Burelos. Consta así que el hoy ingenuo hermano mayor del clan, cedió sus derechos a Construplaneación, S.A. de C.V.

Diez meses después, el 28 de noviembre de 2011, los cuatro hermanos Bringas Burelo reconocieron ante notario público que no tenían un metro más de tierra que vender. La escritura es una rectificación de medidas en la cual se concluye el agotamiento de la tierra.

Así, no porque lo hubiera determinado el gobierno de Veracruz, sino porque la venta del predio en 40 millones de pesos dio pauta a reconocer que era lo último que tenían, los hermanos Bringas Burelo extinguieron la polémica inscripción 105.

De entonces a la fecha, Manuel Bringas y su “abogadazo” Samuel Fernando Muñoz de la Rosa han invadido el predio sobre el que no tienen derecho alguno. Han esgrimido un título de propiedad ya extinto legalmente. Han engañado a cientos de colonos que les vienen pagando en mensualidades por terrenos que no son suyos.

Dice San Samuel que no le importa si el título de Manuel Bringas es legal. Debiera importarle porque no lo es. Y la venta mediante engaño es fraude.

Total y absolutamente perdido, Samuel Muñoz abre frentes por doquier. Arremete contra las autoridades estatales y municipales, y las tilda de cómplices de sus adversarios. Descalifica al fiscal Luis Ángel Bravo Contreras. Se mofa del Mando Único.

Su brújula anda mal. Lo primero que debió consultar es el contenido de la escritura 432 con la que el ingenuo Manuel Bringas vendió su parte del predio Los Almendros y cobró por ello 10 millones de pesos.

Invadir para volver a vender, es despojo. Usar escrituras públicas para engañar, es fraude procesal. Ostentarse en instancias legales como propietario de un predio que ya había sido vendido, es falsedad de declaraciones ante la autoridad.

San Samuel ha metido en un predicamento al Conde de Bringas. Lo llevó a engañar y a engatusar, a ofrecer el paraíso en cómodos paguitos, a invadir un terreno sobre el que el ingenuo Manuel ya había cedido sus derechos a cambio de 10 millones de pesos. Sabrá si por esa operación pagó impuesto alguno.

Eso se llama fraude.

(Con información de mussiocardenas.com)

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