El INE mima a partidos

Sobran colores, faltan votos

El desinterés de la población por el escenario público se incrementa mientras los candidatos saltan de un lado a otro

Por Ángel Álvaro Peña

Pareciera que mientras más partidos políticos existen en México el abstencionismo aumenta, con la anuencia del INE y una serie de irresponsables chapulines que brincan de una organización a otra.

La falta de seriedad de los militantes que carecen de amor por los colores de su partido ha forzado a la población a darle la espalda al desarrollo político del país. Esto lo demuestra su indiferencia para asistir a las urnas, porque el abstencionismo aumenta en nuestro país.

Ahora vemos que los militantes de un partido de ultraderecha se pasan a uno de izquierda por el simple hecho de no haber sido tomados en cuenta para la candidatura que ellos querían encabezar. Por su parte, las cúpulas de los partidos, incluyendo el que se encuentra en el poder, nombra candidatos indiscriminadamente, prácticamente por capricho, como si le entregaran la plaza al contrincante.

Ese juego perverso de cambios de partido, la necedad de los dirigentes de las organizaciones políticas y la autoridad electoral que se hace de la vista gorda, crean un verdadero vacío en la democracia y desmotivan a la población a participar en el mínimo ejercicio político que por derecho les corresponde que es el de ejercer su derecho al sufragio.

Desde luego que para los partidos políticos mientras menos interés haya en la gente por el desarrollo de la política ellos pueden gobernar con menos crítica y más libertinaje. No hay nada que detenga los excesos de una clase política que, sin importar sus colores, da vuelo a sus intereses y adopta como propios a personajes como candidatos sin importar que provengan de otros partidos, que hayan sido acusados de corruptos, de violadores, de desvío de fondos y hasta de asesinos.

Hay personajes que fueron electos por un partido y ya en la curul se cambian a otro, por interés o por coraje, esto no debiera permitirlo esa autoridad electoral que se dice digna de ganar salarios millonarios. Ya en la curul debería formar parte de una bancada independiente y no fortalecer a otra de manera arbitraria, porque los legisladores en México han demostrado que su filiación política tiene precio tanto en la Cámara de diputados como de senadores.

El 3 por ciento de la votación emitida es un porcentaje muy corto cuando se trata de fortalecer la democracia, se supone que una nueva organización política surge como respuesta a necesidades sociales y políticas de los mexicanos y ese porcentaje sólo marca el ingreso para convertirse en una empresa que pueda ser subsidiada por los contribuyentes.

Por otro lado, la existencia de las curules plurinominales no responde a la representación social de los mexicanos y debería desaparecer poco a poco, empezando por reducir, por lo menos, 100 curules en las próximas elecciones del 6 de junio. No sólo es un gasto importante que puede destinarse a objetivos más dignos, sino una manera de evitar la representación auténtica de los legisladores con sus representados, porque al no haber campaña de estas personas no hay compromiso con nadie y actúan defendiendo intereses propios, dejando de atender las necesidades de los que supuestamente representan.

En una especie de esquirolaje político los candidatos llegan de otros partidos con la mesa puesta y, además, hay quienes sin más méritos que su mala fama quieren posiciones plurinominales que les permitan tener una curul sin hacer ni campaña, ni gasto, ni esfuerzo. Todo solapado por el INE y el Tribunal Electoral, nadie dice nada porque todos los partidos están interesados en que esta inercia perversa continúe como un círculo vicioso que impide llegar a una democracia real.

El INE y el Tribunal Electoral fingen ser autoridad y lo que en realidad hacen es permitir todo tipo de exceso, cuando surge alguna inconformidad llegan a multar, pero en realidad no se meten en problemas y dejan que los vicios en las elecciones persistan, por ello han perdido credibilidad y un árbitro sin credibilidad no sólo es una contienda sin árbitro sino una competencia con un partido no oficial que tiene intereses y que actúa para defenderlos. Así, INE y Tribunal Electoral son abiertamente partidos políticos que trabajan para sí mismos y los intereses de sus integrantes.

Uno de los excesos de las autoridades electorales es el número de nuevos partidos y la facilidad con la que pueden convertirse en competitivos a pesar de que la chiquillada forma parte de parásitos de los partidos grandes, como es el caso del Partido Verde Ecologista de México, que se va con el partido que considera que ganará y en eso basa su fuerza sin ideología, sin bandera, sin propuestas, sin patria.

Anteriormente los partidos políticos surgían de grupos de ciudadanos con una ideología que llenaba un hueco de la población, como una alternativa para que los mexicanos tuvieran un camino diferente a los que existían; sin embargo, ahora a cualquier persona con recursos se le ocurre hacer su propio partido y lo conforma en un año, comprando asistentes, alquilando espacios, fundando asociaciones, creando oficinas, etc.

Los nuevos partidos no crean vías nuevas para competir por ideas sino por intereses, y el pueblo no es tonto, sabe que les faltan ideas, pero les sobran intereses. Mientras más partidos políticos hay la indiferencia por las votaciones disminuye, en lugar de ser al revés.

Cómo pueden creer en los representantes populares, sin importar el nivel de gobierno, si muestran que no tienen partido, ni ideología, ni bandera, ni propuestas, ni patria, ni país, ni identidad nacional. Entonces lo mismo da escoger un partido que otro, el resultado siempre será el mismo.

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