El llanero solitario

Discreto, con un bajo, bajísimo perfil que llega incluso a un tercer, cuarto plano, el cuarto secretario de Desarrollo Social del gobierno de Veracruz, Ranulfo Márquez Hernández, es el político más experimentado en la política y también en la cuna de lobos en que se ha convertido la vida pública desde el tiempo de los emperadores romanos que solo apostando al crimen del adversario se mantenían en el poder.

Luego de Jorge Carvallo Delfín, de quien fue maestro, y de los sibaritas Alberto Silva Ramos y Marcelo Montiel Montiel, Ranulfo es el priista más fortalecido en su bagaje político, además de poseer un gran atributo, la experiencia electoral, que conoce y domina al derecho y al revés.

Bastaría referir que en aquellos tiempos de Carlos Salinas, candidato presidencial, el representante del PRI ante el IFE, Instituto Federal Electoral, era Patricio Chirinos Calero, quien delegó en Fidel Herrera, quien delegó en Ranulfo todo el zurcido, teniendo a su lado como aprendiz, IBM, a Carvallo Delfín.

De entonces para acá mucha agua ha corrido debajo del puente, entre otras, cuando Carolina Gudiño Corro fue derrotada en las urnas por el panista Julio Saldaña Morán, quien lo descarriló en el tribunal electoral fue Ranulfo, favoreciendo a la señora Gudiño con la presidencia municipal.

Incluso, por más que ahora el secretario de Trabajo y Previsión Social, el tamaulipeco con una honestidad a prueba de bomba con sus dos residencias en el fraccionamiento Las ánimas, de Xalapa, Gabriel Deantes Ramos se pasee como el genio electoral que manda en el Instituto Electoral de Veracruz, Ranulfo está lejos de que le pise los talones.

Pero, bueno, después de aquel descalabro del Pacto México, donde ninguna culpa tuvo pues ni siquiera asistió al cónclave, fue reincorporado a la SEDESOL, luego de su paso por la Secretaría de Protección Civil en el sexenio anterior y de quedarse en la antesala de los aspirantes a la gubernatura en el año 2010.

De forma suave y reposada, tranquilo, sin que nunca, jamás, la pasión le gane, gran articulador, siempre serio, casi solemne, ha acomodado y reacomodado piezas en el juego político, de tal forma que atrás de los triunfos de su amigo Fidel Herrera (cuatro veces diputado federal, senador de la república, gobernador), pudiera decirse que Ranulfo siempre ha estado.

Además, con bajo perfil, sin petulancias ni aspavientos, ni menos, mucho menos, adueñándose de las candilejas, como es, entre otras, la característica del mayor número de discípulos de lo que Alfredo Gándara llama la Escuela de la Fidelidad.

BAILANDO CON LA MÁS FEA

Político que vive con la medianía de su salario, sin lujos ni derroches ni dispendios como tantos otros, la mayoría, el cuarto titular de la SEDESOL nunca, jamás, como los otros, ha sido acusado de enriquecimiento inexplicable, daño patrimonial, tráfico de influencias ni amantes en la nómina y en los cargos públicos.

Más aún, es un político tan institucional que aceptó reincorporarse al gabinete estatal para, digamos, bailar con la más fea, luego de que sus antecesores inundaron de populismo barato y ramplón la dependencia.

Por ejemplo, Jorge Carvallo, organizando un tour, acompañado de prensa, para tomarse la foto abrazando una indígena en la sierra de Zongolica y publicándola pagada en la prensa escrita.

Alberto Silva, jurando ante el mundo político que sacaría de la pobreza a dos millones de miserables.

Y Marcelo Montiel Montiel, en un acelere sin precedente con el entonces director del DIF, Juan Antonio Nemi Dib, decretando que con su techo ecológico, un piso ecológico y una estufa ecológica habían convertido al pueblo de Mixtla de Altamirano, uno de los nueve más jodidos de la república, en una comunidad de clase media.

Y, lo peor, que para quedar bien con Javier Duarte consiguieron un premio internacional con tal pretexto ruin y miserable, pues por un lado estafaron al gobernador y empinaron a la presidenta del DIF; por el otro, lucraron con el hambre de los indígenas.

Así, Ranulfo ha llegado a SEDESOL para de algún modo dejar su granote de arena con los candidatos del PRI a diputados federales este año y amarrar el éxito del candidato priista a la gubernatura el año entrante.

Por una sencilla razón, entre otras: las arcas de SEFIPLAN están vacías. Claro, hay dinero; pero todo, incluido el préstamo de 5 mil millones de pesos aprobado por el Congreso local en el mes de diciembre, 2014, es para ganar los comicios.

Lo bueno es que Ranulfo es un político con madurez emocional y cívica que rehúye la confrontación que nada deja, incapaz de provocar conflictos y menos, humillar a los demás, y menos, mucho menos, humillar a los pobres y miserables, que son los indígenas y campesinos, sobre todo.

Tal cual, fue estafado y engañado y utilizado por el rector de la Universidad de Harvard, campus Nopaltepec; pero transcurrido un ratito, hombre sin rencores, aguantó vara y siguió mirando el bosque, purificándose en su propio cuarto de guerra.

Algunos dirán que “se reduce a ser un consejero en las sombras”. Por el contrario, su mente está en su chamba en la SEDESOL para empujar la carreta en todo lo que sea posible, sin alucinaciones como sus antecesores ni tampoco soñando con mundos inasibles, como es el caso de Jorge Carvallo y Alberto Silva, pues desde hace ratito a Marcelo Montiel le cayó el veinte de que las neuronas sólo le dieron para la alcaldía y las curules de Coatzacoalcos.

Sobreviviente de muchas pasiones, Ranulfo es el secretario más respetado y fogueado del duartismo, con una experiencia política insuperable.

Por: Luis Velázquez

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