El monstruo de la violencia contra las mujeres

CRÓNICAS DE NOD

Por: Christopher Rodríguez Jácome

Muchos crecimos perseguidos por la sombra de monstruos y diablillos escondidos en el armario o bajo la cama; con el tiempo, estos monstruos fueron desapareciendo, dejándonos, para atormentar el sueño de otros niños. Nunca nos imaginamos que al crecer descubriríamos que en el mundo existen monstruos mucho peores, inmunes a toda frazada, y que no se irán al cerrar los ojos. Fue el 9 de septiembre de este año cuando la saxofonista Oaxaqueña María Elena Ríos se enfrentó cara a cara con uno de ellos.

La joven de 26 años de edad, originaria de Oaxaca y egresada del conservatorio de música de Puebla, dueña de un talento único para componer e interpretar melodías, fue víctima de un ataque atroz e inhumano. El hecho sucedió mientras se encontraba en su casa acompañada de su madre, cuando un sujeto que llegó al lugar con mentiras, después de contactarla para contratar los servicios de agencia de viajes que ofrecía, roció su cuerpo con ácido, provocándole quemaduras químicas al instante en frente, párpados, mentón, labios, pecho, piernas y brazos; hoy, tres meses después, no hay detenidos ni ningún avance en las investigaciones.

La víctima y sus familiares señalan como responsable al empresario y exdiputado Juan Vera Carrizal, de 56 años, con quien la saxofonista mantuvo una relación hasta el mes de julio, en que decidió terminar por ser una relación tóxica llena de violencia. Mientras estudiaba tuvo que trabajar para mantenerse, fue así como conoció a este personaje, pues consiguió empleo en su oficina de prensa cuando este aún era diputado del Partido Revolucionario Institucional. Su relación, según narran amigos y familia, estuvo llena de violencia, agresiones físicas, verbales y psicológicas. Juan Vera mandaba a seguirla a ella y a su familia, quería saber dónde estaba en todo momento, quería controlar su vida; la veía como una extensión de su propiedad, como una cosa que era suya y de nadie más. Dos meses después de terminada la relación todo apunta a que el desequilibrado personaje materializó su deseo de hacerla solo suya. Momentos después del ataque, estando en la camilla de la ambulancia, María Elena llamó por teléfono a Juan Vera, sentenciando “fuiste tú, lo sé”, del otro lado de la línea sólo hubo silencio y la llamada fue cortada.

“Mejor me hubiera matado”, son palabras que María Elena dijo a su familia tras más de 100 días internada en diferentes hospitales, consciente de que nunca podrá recuperar su antigua vida ya que su cuerpo ha quedado marcado con el fantasma del ácido para siempre. Ha perdido un ojo y la movilidad de la mitad de su cara, le han injertado piel de su espalda, pero esta no ha sido aceptada por todo su cuerpo, por lo que algunas zonas permanecen en carne viva.

El exdiputado, quien es señalado por la víctima y su familia como el autor intelectual del ataque, tiene estaciones de gasolina en el estado de Oaxaca, es un hombre tan poderoso como trastornado; incluso ha negado la relación sentimental que mantuvo con la víctima, y en un programa de radio sentenció fríamente “si llevas una vida bien no te pasará nada, pero si tienes una vida fuera de lo normal vas a tener problemas”.

En México son asesinadas más de 10 mujeres por día. Casi la mitad de las mujeres mexicanas ha sufrido violencia por parte de su pareja o expareja, el 43.9% según el INEGI, y al menos ocho de cada 10 casos permanecen impunes para siempre.

El caso de María se viralizó, en Oaxaca no existía un precedente de ataque de este tipo, y la justicia simplemente no es justa, sólo promesas vacías que jamás podrán llenar las heridas de las víctimas que aún están con vida, o los corazones de las familias de las que ya no están. 

En una carta dirigida al Presidente de la República, la familia de la saxofonista denuncia amenazas de muerte por haber dado a conocer la situación, piden seguridad, pero más que nada piden justicia.

Muchos crecimos perseguidos por la sombra de monstruos y diablillos escondidos en el armario o bajo la cama… María Elena fue alcanzada por dos monstruos mucho peores, monstruos que se están apoderando de nuestro país: el monstruo de la violencia y el monstruo de la injusticia. Monstruos que destrozan vidas, monstruos que quitan vidas, monstruos inmunes a toda frazada y que no desaparecen al cerrar los ojos… monstruos que, en muchas ocasiones, como es esta, hacen desear a las víctimas cerrar los ojos para ya nunca más abrirlos, pues saben que si los vuelven a abrir las huellas de los monstruos seguirán ahí, acosándolas, haciéndolas revivir los instantes de terror por el resto de sus vidas…

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