El muerto del que no hablan Javier Duarte y su fiscal

Para Columba Campillo hubo una marcha, un reclamo social, la condena de todos, acción judicial veloz, inmediata, y la voz de un gobernador, Javier Duarte, que pregona su indignación porque Veracruz, lo diga o no, se le ha llenado de muertos y vive un baño de sangre brutal. Para Hugo Carvajal Blanco no.

Por Columba Campillo hay dolor, pues a sus 16 años apenas comenzaba a vivir, su vida limpia, sus sueños que iban forjando una ilusión, alegre, socialmente plena. Por Hugo no.

Por Columba, levantada una mañana, la del 6 de mayo, cuando corría sobre el malecón de Veracruz, se ha generado un mar de indignación, la ira de una sociedad que sin conocerla, la ha hecho suya. Por Hugo no.

Por Columba, desaparecida, se alzó la voz de Veracruz, la protesta sentida porque ni ella ni nadie, ni los jóvenes ni los viejos, tienen por qué ser tomados por las manos de un criminal, convertidos en monedas de cambio, instrumentos de su propia libertad. Por Hugo no.

Por Columba, ya muerta, se movió Veracruz entero, los del puerto y los del norte, los del sur, los de las montañas y los de las llanuras, en un solo grito, el reclamo y la exigencia de justicia. Por Hugo no.

Por las calles de Veracruz se vio a la gente marchar, increpar a su gobierno, exhibir al Veracruz que se tiñe de sangre y que se desliza en una espiral de violencia y terror.

Había muerto Columba Campillo González, la joven estudiante, hija de familia, agraciada, de aspecto jovial, alegre, impensada su suerte, inimaginado el traumático y doloroso final, cuando el viernes 8 apareció su cuerpo en un predio baldío del fraccionamiento Los Delfines.

Por Columba salieron a las calles los suyos, su familia, sus amigos, una élite social, y también quienes desconocían su existencia pero les pudo su muerte, y los familiares de otros desaparecidos, los olvidados del gobierno, cuya vida vale tanto como la de joven ultimada.

Se veían lo rostros largos, el gesto de dolor, las lágrimas de muchos, en una marcha que demandaba paz y seguridad, que trascendía por su número y por la fuerza de su reclamo, y que llegaba en imágenes fijas y en videos, vía los medios de comunicación y las redes sociales para decir y acusar que Veracruz está sumido en un baño de sangre.

Un día después —sábado 9—, el duartismo trajo la justicia. Acató el mandato del pueblo. Actuó como nunca lo hace. Atendió la demanda, el grito de miles que por encima del miedo exigen volver a la tranquilidad y dejar la simulación, la demagogia y la mentira.

Habló “Culín”, alias Luis Ángel Bravo Contreras, fiscal de Veracruz. Dijo que en un alarde de eficiencia, había logrado dar con los culpables, con la autora intelectual del secuestro y crimen, Ileana Mortera Trolle, gracias a uno de los instrumentos más eficientes de la mecánica judicial actual: Facebook.

Ahí halló “Culín” todo, en Facebook: las conversaciones, la relación, cómo se le acercó Ileana a Columba, cómo trabaron amistad, cómo la sopeó sobre los negocios de su familia, cómo le vieron posibilidad para exprimirla a través del secuestro.

No dijo que a Ileana Mortera se hubiera detenido en Puebla con engaños, sin orden de aprehensión, con golpes, de manera violenta, que se le haya incomunicado por más de 24 horas, sin estar presente un abogado de su confianza. Tampoco contaba con que la familia de Columba diría que no conocían a Ileana Mortera.

Después le tocó hablar a Javier Duarte. Lo hizo el lunes 11. Dedicó siete minutos, los siete minutos a los que alude el columnista Aurelio Contreras, los siete minutos para condensar el caso Columba Campillo, el caso Genaro Bermejo, abogado asesinado en Coatzacoalcos, la visión triunfalista del gobernador que resume en un “Veracruz está en movimiento” la máscara con que pretende ocultar el Veracruz ensangrentado, desposeído, entregado a las bandas criminales, rebasadas las instituciones, corrupta la policía que ya sólo encubre a los delincuentes sino que hasta la pescan con los secuestrados en su poder.

Por Columba se movilizó la sociedad, habló fiscal, halló a los presuntos culpables, presumió el gobernador que la justicia en Veracruz se hace rápido, pronto e inmediatamente, y hasta soltó la frase de que está lleno de indignación.

Eso fue por Columba, sin que el vendaval amaine, atizado porque sólo Javier Duarte y su Fisculín creen en esa salida legal, en la responsabilidad de los detenidos, pues si de algo peca el duartismo es de falta de credibilidad.

En cambio, por Hugo Carvajal Blanco no se hizo nada.

A Hugo Carvajal lo vieron morir. Se le ve en un video, durante el asalto a una farmacia, Depósito Dental Villa Rica, sobre la avenida Miguel Ángel de Quevedo, en el puerto de Veracruz, frente al Tecnológico, el viernes 8, la tarde en que fue hallado el cuerpo de Columba.

Llegan los asaltantes. Amagan y dan instrucciones. Se escuchan las voces, las órdenes, el lenguaje soez del que trae un arma en las manos, que somete y amedrenta.

En otra escena aparece Hugo Carvajal, ex teniente de la Marina, retirado. Lo llevan al interior de la farmacia, trasponiendo el mostrador. Junto con la empleada, es confinado al área de los anaqueles de medicinas. Se escuchan gritos y disparos.

Salen los criminales a gran velocidad. Luego se ve a la empleada con la ropa ensangrentada. No sabe qué hacer. Observa y realiza varios movimientos, impactada.

Hugo Carvajal Blanco no movilizó a nadie. Los veracruzanos no realizaron marchas. Los veracruzanos no pidieron justicia. Los veracruzanos no convirtieron su muerte en un ícono de lucha social.

Hugo Carvajal no tuvo una investigación de 24 horas y que el fiscal Luis Ángel Bravo haya citado a los medios de comunicación, haya dado con los responsables, haya determinado quién es la autora intelectual del crimen, la haya hecho aprehender aunque se violara el debido proceso y alardee de la solución del caso.

Hugo Carvajal no provocó que Javier Duarte haya actuado para la televisión, que reconozca que lo indigna su muerte o que admita que hay hechos delictivos pero que en Veracruz “el que la hace, la paga”.

Hugo Carvajal Blanco era ex teniente de la Marina Armada de México. Tenía 53 años. No fue plagiado. Llegó a la farmacia. Ahí lo tomaron los tipos que asaltaban el lugar. Lo llevaron al interior del local y lo mataron. Hoy, todavía espera justicia.

No pertenecía a un círculo social pudiente. No resonaba en el ámbito público. Era un hombre común, su vida igual de valiosa que la de Columba, que de la cualquiera que haya muerto injustamente, que la de los miles de desaparecidos por los que se exige justicia a diario en Veracruz.

Hugo Carvajal vale tanto como Columba. Ambas muertes fueron injustas. Pero de ella Javier Duarte y el fiscal dijeron todo, y de él no han dicho nada.

Es el muerto del que no quieren hablar Javier Duarte y su fiscal.

(Con información de mussiocardenas.com)

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