El otro candidato de Duarte

•Se dobló ante Fidel Herrera
•Tiempo se le pasó a Buganza

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En los días previos a su renuncia y a su anuncio de la candidatura independiente a gobernador, Gerardo Buganza Salmerón confió a uno de los suyos la siguiente parábola:

“Yo ya sé lo que significa enfrentarse al poder político. Y me fue mal”.

Por eso, ninguna duda existe de que al seguir, digamos para ejemplificar, las huellas de El bronco de Nuevo León, está jugando con el escore, tratando de inmolarse en la hoguera pública; pero, al mismo tiempo, zorruno, engañando con la verdad.

Y es que, bueno, ninguna duda existe en el alma colectiva que Buganza es el otro candidato de Javier Duarte al trono imperial y faraónico.

Más aún, un elemento distractor para quitar votos al panista Miguel Ángel Yunes Linares, en caso de salir, como todo indica, candidato azul a la gubernatura.

Por eso, incluso, y con acierto, alguien por ahí lo llamó el Julio Saldaña de Duarte.

También, el diputado local, Renato Tronco, se le fue a la yugular y lo llamó prostituto político.

Y alguien más, el duartista Gonzalo Guízar Valladares, expriista fundador del Partido Encuentro Social en Veracruz, sicario político.

Y, bueno, y de paso, resulta insólito que Tronco llame prostituto y Guízar Valladares sicario a un político, como Buganza, que escucha misa todos los días y todos los días se hinca ante el sacerdote para confesarse y todos los días comulga.

Pero en fin, así son las pasiones.

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Duarte, pues, está claro, juega la sucesión, por ahora, en un par de carriles.

Por un lado, con su candidato oficial, el senador Héctor Yunes Landa, y por el otro, con su candidato independiente, Buganza.

Quizá más adelante también cambie sus barajas, como fuera en el pasado inmediato cuando primero tuvo a Salvador Manzur de favorito, luego a Fernando Charleston Hernández, y después a Alberto Silva Ramos.

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No obstante cuando Buganza enfrentó al poder…, le fue bien.

En el fidelato, por ejemplo, tuvo oportunidades para hacer negocios.

Pero también para acomodar amigos suyos en la nómina del góber fogoso y gozoso.

Y con Javier Duarte le ha ido mucho mejor.

Dos veces secretario General de Gobierno y una ocasión secretario de Infraestructura y Obra Pública.

Y todavía, de ñapa, la candidatura independiente.

Y aun cuando él mismo ha rechazado que lo sea, la realidad es tan simple como la vieja frase popular: La mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo.

Mucho, pues, camino al Gólgota, le costará convencer a la población electoral de que en verdad es un candidato ciudadano.

Y empezará, por ejemplo, cuando hable con crudeza en su discurso público de la sórdida realidad vivida y padecida de norte a sur y de este a oeste de Veracruz, y lo que, de entrada, se antoja difícil, pues él, Buganza, escupiría para arriba.

Pero, además, como fue jefe político del gabinete duartista a su alcance tuvo que solucionar muchos graves pendientes.

Entre ellos, poner orden en el barco sexenal.

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En el año 2004, Buganza ganó la elección de gobernador y la perdió en el tribunal, con todo y que tenía a Miguel Ángel Yunes Linares a su lado.

Sin embargo, la perdió en el tribunal y en ningún momento supo defender su victoria, incluso, levantando a Veracruz en una movilización de protesta sin antecedente en la historia local.

Una palabra de Buganza a la población electoral que sufragara por él… hubiera bastado para que su victoria fuera reconocida en el tribunal, y de paso, dejar temblando a Fidel Herrera y compañía.

Pero calló.

Ahora, y luego de su viaje sexenal con la mayor parte del duartismo resulta difícil mantenga el liderazgo político, social y hasta moral de entonces.

Mucho se duda, pues nunca segundas partes fueron buenas, a excepción de François Mitterrand y Luiz Inácio Lula de Silva, quienes en Francia y Brasil ganaron la presidencia de la república en la cuarta ocasión.

Pero Buganza ni tiene el calado de Mitterand ni tampoco de Lula.

Y, bueno, tampoco Veracruz es Francia ni Brasil.

Por eso, algún beneficio extra ha de estar pensando Buganza ganar como candidato independiente de Duarte, como por ejemplo, la seguridad social para los años más difíciles de la vida, que es la vejez, ligada al retiro de la vida pública.

Por: Luis Velázquez

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