El tiempo de Duarte

El gobernador de Veracruz se llama Javier Duarte de Ochoa.

Pero Fidel Herrera Beltrán, el góber fogoso y gozoso, también es de algún modo jefe del Poder Ejecutivo Estatal porque en el corazón y el hígado y el sexo trae atravesado al general Plutarco Elías Calles con su Maximato y sueña con mudar, como Gregorio Samsa, en el Plutarquito jarocho para quitar y poner gobernadores a su capricho.

Pero Enrique Peña Nieto, el gran tlatoani priista que volvió a Los Pinos, de igual manera es un poquito gobernador de Veracruz, porque tal cual concibe la presidencia imperial y faraónica.

Claro, Peña Nieto también manda en Veracruz, quizá, acaso, un poquito menos que el fogoso, que se cree y siente dueño de la vida de todos sus discípulos a quienes ha encumbrado en el poder político y de algún modo inexplicable y misterioso, mágico y seductor, los tiene agarrados de las neuronas y se ha adueñado hasta de sus vidas.

Y en tal lógica, también el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, y hasta el presidente del CEN del PRI, César Camacho Quiroz, se creen dueños de una parcelita de poder de Veracruz, y hasta se creen más gobernadores que Duarte, porque, digamos, han de sentir que lo tienen acorralado y sin salida con la auditoría de la Auditoría Superior de la Federación.

Todos, pues, se sienten un muchote dueños de Veracruz y hasta querrán haber nacido aquí, entre nosotros, de igual modo como sucediera con Agustín Lara, Pepe Guízar y Chabela Vargas en el siglo pasado.

Incluso, hasta Gabriel García Márquez cuando conoció el puerto jarocho y Boca del Río y exclamara que eran igualitos a Colombia, y por tanto, ninguna necesidad tenía de regresar a su patria porque estaba aquí, en Veracruz.

Pero ellos, desde Pepe Guízar hasta García Márquez soñaron con la patria jarocha por razones artísticas, mientras los otros, por cuestiones políticos, ansiosos y deseosos de extender y perpetuar su poder.

Lo peor de todo es que Fidel Herrera se crea más gobernador que Duarte y entre la elite priista crean, estén seguros, que la elección de diputado federal en Boca del Río es más, mucho más importante que el resto de los 20 distritos electorales.

FORTALEZA POLÍTICA DE DUARTE

El góber jarocho se llama Javier Duarte.

Y por más que durante cuatro años y medio han pretendido descarrilar su trabajo y chamba, incluido el góber fogoso, poniendo bajo sospecha el principio de autoridad, los escopetazos se han diluido.

Es más, en el camino hasta lo ubicaron en el gabinete ampliado de Peña Nieto como titular de la PROFECO, por ejemplo, y hasta lo enviaron como embajador, incluso encargado de negocios en una embajada; no obstante está a punto de terminar el viaje sexenal.

Con aciertos y desaciertos; pero ahí se mantiene, incluso, su fortaleza llega a tanto que contra viento y marea sostiene al secretario de Seguridad Pública y al Fiscal, sus talones de Aquiles en un Veracruz atrapado en la incertidumbre y la zozobra.

Incluso, y como ningún otro gobernador de los 73 que han caminado por la silla embrujad de palacio ha cambiado y enrocado a unos 57 funcionarios desde el gabinete legal hasta el ampliado, asumiendo los riesgos de tales medidas.

Con todo y tener encima al góber fogoso y gozoso y también al equipo político de Los Pinos.

Es más, y en el caso del fogoso, se sacudió a los fidelistas de primer nivel que mantenía en su gabinete, entre ellos, los Érick Lagos, los Jorge Carvallo y los Adolfo Mota.

Pero, además, con una jugada de cinco bandas, pues los bendijo como candidatos a diputados federales camino a la gloria, y en un descuido, hasta la impunidad.

Su más grande jugada ha sido la siguiente: luego de que perdiera la expectativa con sus candidatos a la gubernatura (Salvador Manzur Díaz, Fernando Chárleston Hernández y Alberto Silva Ramos), ahora su favorito es el senador Héctor Yunes Landa, quien nunca ha sido de su primero, segundo ni tercer círculo del poder.

Tal cual es su fortaleza política.

LABERINTO FIDELISTA

Durante 54 meses, el fogoso y gozoso ha deseado pisarle la sombra para hacer creer que quien gobierna está en palacio; pero quien manda en la avenida Río Pánuco y ahora, aquí, en Boca del Río, como coordinador de campaña de su favorita a diputada federal.

Y no obstante, y considerando que el fogoso fue el maestro que la abrió la puerta a la silla embrujada, ha sorteado los vendavales y circunstancias con habilidad, sin rasparse, por más que en el camino han brotado espinas y cardos.

Ha, pues, cohabitado. Sobrellevado con destreza las circunstancias. Y aun cuando pudo crecer más, lo importante es su permanencia a tono con su estrategia, intereses y prioridad política.

En 18 meses será exgobernador. Y para entonces ya se verá el resultado final luego de caminar tantos meses por el laberinto fidelista… como si fuera el descenso al infierno.

Por: Luis Velázquez

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