El vendedor de Frutsis

•Chicles, perros chihuahueños
•Y de cañas de pescar

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Además de la gubernatura, que solo ha sido un instrumento del poder político, económico y social, el señor Javier Duarte ha desempeñado otros oficios alternos y similares en el transcurso del viaje sexenal.

En el último se ha estrenado como vendedor de chicles Motita, los mismos que como presidente del CDE del PRI, Adolfo Motita solía regalar en campaña electoral y que estaban de moda.

Tal cual, el Jefe Máximo del Priismo jarocho vende chicles, que ha registrado con un valor superior al Impuesto del 3 por ciento a la Nómina, digamos, como una fórmula económica de doctorado para ejemplificar el costo económico, social y político de cara a la elección de gobernador y diputados locales el año entrante.

El penúltimo oficio paralelo a la tarea de (des)gobernar a los casi 8 millones de habitantes de Veracruz fue la de pescador y por eso mismo anda regalando cañas de pescar, empezando, como el mundo político nacional sabe, con Héctor Yunes a quien obsequiara una caña de pescar “peces gordos”.

Según se sabe, intenso y frenético con su oficio de pescador, ha solicitado a la SEFIPLAN le compre varias cañas de pescar que regalará, una, a Gerardo Buganza, por haber llamado “mafioso” a Fidel Herrera Beltrán, el padre putativo de Duarte.

También obsequiará otra caña de pescar a Elías Miguel Moreno Brizuela, precandidato del “Movimiento de los encabronados”, que en Poza Rica anunciara la cárcel para varios duartistas por tanta corrupción.

Quizá otra cañita de pescar para el diputado local, Renato Tronco, molesto, irritado contra el Fiscal por su amenaza de desafuero, y por tanto, listo a cobrar la fractura denunciando la corrupción duartista.

Desde luego, la caña de pescar más grande será para el senador Pepe Yunes, quien sigue insistiendo en la transparencia y la rendición de cuentas, antes, mucho antes de subir el impuesto.

El oficio de pescador es, según parece, el más exitoso para Duarte.

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Los fines de semana, sábado y domingo, sobre la avenida Ruiz Cortines, en Boca del Río, ahí mismo donde tiraran 35 cadáveres en el primer año del duartismo, unos señores del estado de México instalan su changarro para vender cachorritos de todas las razas, todos los tamaños, todos los colores y todos los precios.

Ahí mismo sopesa el Jefe Máximo ponerse a vender perritos chihuahueños, que ha sido su otro oficio.

Entre semana, no obstante, solía vender Frutsis, Pingüinos, papitas, refrescos y chicles afuera de las escuelas primarias a la hora del recreo y a la hora de salida, reproduciendo la política económica de Vicente Fox de que hacia el final del sexenio cada jefe de familia tendría un changarro, un volcho y una casita Infonavit.

En cada temporada anual de producción de manzanas, el Jefe Máximo también compraba manzanas a granel y se ha ido a los mercados populares a venderlas, aun cuando su éxito fue vender manzanas podridas como alimento para el ganado ahora cuando la producción de maíz se ha desplomado en el país.

Tales oficios alternos, entre otros, que ha tenido el góber de la Complutense, se derivan de su destino infantil, tiempo doloroso aquel cuando en el temblor del 85 perdiera a su padre en la ciudad de México y con sus hermanos vendían pan, de fabricación casera que elaboraba su señora madre y empleados, de pueblo en pueblo en la ruta Omealca/Tezonapa, que entonces vivía en la paz provinciana, sin sobresaltos escenificados por los malosos, dueños de la vida pública que suelen tirar los cadáveres de las víctimas en los pozos artesianos de agua dados de baja.

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Según reveló en su campaña electoral a gobernador, el señor Duarte pasó la adolescencia y la juventud vendiendo pan, de igual manera como en la Cuenca del Papaloapan Fidel Herrera vendía tamales, longaniza y chicharrones elaborados en casa por su señora y su abuela.

Y/o de igual modo como Salvador Manzur Díaz dice que en juventud trabajó de cuije en la zona portuaria jarocha.

Y/o como Fernando Arteaga Aponte, director de un sistema educativo de la SEV, vendía huevos de casa en casa en las colonias proletarias del puerto jarocho.

Y/o de igual manera como Jorge Uscanga Escobar vendía tegogolos a los turistas en Catemaco.

Y/o como Mario Tejeda Tejeda, líder de “Los viagras”, vendía en su juventud difícil y adversa tamales y queso en los llanos de Sotavento y fiado, para que la mercancía saliera.

Y/o como Miguel Ángel Yunes Linares y Héctor Yunes Landa vendían escobas de la fábrica de sus padres en los mercados populares del puerto jarocho, incluso, hasta viajando en tren a Cordobita, que entonces así le llamaban de cariño al pueblo los garroteros del ferrocarril.

Por eso es que ahora cuando la vida ha sido generosa con el Jefe Máximo y lo llevó a gobernar Veracruz a cada rato sale con tales ocurrencias metafóricas comparando la tarea de gobernar con los empleos de la clase trabajadora.

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Sigmund Freud decía que la infancia (y también la adolescencia) es destino y Gregorio Marañón, el autor del libro “Tiberio, historia de un resentimiento” también afirmaba que el político gobierna según la formación sicológica de su infancia y juventud.

El señor Javier Duarte ha resultado, pues, una caja china, llena de sorpresas, que suele inventar más charadas que, por ejemplo, Agustín Acosta Lagunes, quien era un experto y también, de paso, economista de formación universitaria, sin doctorados ni maestrías.

Así, luego de los Frutsis, la caña de pesca, los perritos chihuahueños y los chicles de la nómina, muchas más cosas ha reseñado que por ahora escapan a la memoria por culpa del Alzheimer; pero que bien pudieran servir para un libro que podría intitularse el Ja Ja jarocho de la política nacional.

Por: Luis Velázquez

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