El Veracruz sórdido

El 21 de enero, 2012, el gobernador Javier Duarte dijo al reportero Luis Prados, de la edición latinoamericana de El País:

“Los Zetas funcionan como un holding que quiere el monopolio de la delincuencia. La droga es ya sólo uno de sus negocios, además del tráfico de personas, los secuestros, la extorsión, la prostitución y el robo del petróleo”.

Para entonces, Veracruz ya se ubicaba como el peor rincón del mundo para el gremio reporteril como dijera la Comisión de Periodistas de Washington.

Pero también como el cementerio de migrantes más extenso y largo del país como siempre han afirmado el sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra, fray Tomás y el activista Rubén Figueroa.

Así, el góber se quedó corto, pues los carteles y cartelitos se han adueñado en la tierra jarocha, de igual manera como en otras entidades federativas, del día y de la noche.

Desde el negocio de los migrantes hasta el cobro del derecho de piso a pequeños comerciantes.

Desde la cuota al negocio establecido, comercios y hoteles, hasta el puesto de tacos de la esquina.

Desde el moche a los profesores hasta el control de las comandancias policiacas en muchos pueblos.

Y más ahora cuando, y como ha publicado el semanario Proceso en su último número, 2009, el Cartel Jalisco Nueva Generación, CJNG, está operando en Veracruz, de igual manera que en los estados de Jalisco, su alma mater, Michoacán, Colima, Guanajuato y Guerrero.

Incluso, quizá pudiera registrarse que desde antes, el CJNG ya estaba aquí, pues el cuarteto de periodistas que firman el reportaje en Proceso, anotan que hacia el año 2011, tal Cartel “subió a internet videos sobre la ejecución de 35 zetas cuyos cuerpos fueron abandonados en Boca del Río, Veracruz”, en la víspera de aquel cónclave nacional de procuradores de Justicia y presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia del país, y que fuera el pretexto para despedir a Reynaldo Escobar Pérez como procurador.

Por eso mismo pudiera quizá, acaso, entender el ajuste de cuentas que llevó al tiradero de seis cadáveres, todos de jóvenes, en el libramiento de Plan del Río el domingo 3 de mayo.

REBATINGA POR LA PLAZA VERACRUZ

La plaza Veracruz ha estado en disputa desde sexenios anteriores, digamos, el anterior con más énfasis.

Antes, durante el chirinismo y el alemanismo dominaba un solo cartel. El de José Albino Quintero Meraz, preso en el penal de Almoloya de Juárez.

Pero por aquí fuera encarcelado, la plaza ha sido codiciada en tiempo y forma.

De entrada, el trasiego de drogas del sur al norte de la nación por carretera.

Pero además, por la vía marítima proviniendo, incluso, desde América Latina y el continente asiático.

Y, por añadidura, el montón de pistas clandestinas que en todos los tiempos han existido sin que la autoridad estatal se encargue del asunto, aplicando el principio francés de dejar hacer y dejar pasar.

Después, de un Veracruz de paso para la droga mudado en un Veracruz consumidor.

Luego, los negocios colaterales de que hablaba Javier Duarte al reportero de El País en el mes de enero 2012.

Incluso, desde entonces, con su información privilegiada el góber hablaba de que “en las calles abundaban los halcones, taxistas o vendedores de tacos (todavía hoy) que por mil pesos o bajo amenaza de muerte servían como informantes de los Zetas”.

Es más, retrataba el Veracruz de aquella fecha, inicio del sexenio, que por desgracia parece estar resucitando en la tierra jarocha, como fuera, por ejemplo, el auge de los llamados Matazetas, a quienes siempre atribuyeron la muerte de las 35 personas cuyos cadáveres fueran tirados en el paso a desnivel de la avenida Ruiz Cortines.

Tiempo aquel, incluso, cuando de manera oficial se habló de la fuga de 32 presos de tres penales cuando en realidad fueron más de cien reclusos.

Así, todo indica que hoy estamos volviendo como una bomba de relojería al Veracruz de los años 2011, 2012 y 2013.

Y, por tanto, sólo se habría tenido, digamos, un año de respiro, el 2014, el anterior.

Bastaría referir que el saldo de los muertos estatales en el mes de enero llegó a 50, y ahora, en el mes de abril, a 56.

Además, el fuego cruzado en varios poblados y otra vez el tiradero de cadáveres a flor de piel, a orilla de carretera en la autopista Veracruz/Xalapa para que todo el mundo lo registre.

Y más, mucho más, en las horas violentas que se viven y padecen ahora con la libertad en las redes sociales que todo lo cacarean.

TRÍADA DE CARTELES

La corresponsal de La Jornada México en Veracruz, Eirinet Gómez López, publicó el lunes 4 de mayo un amplio reportaje sobre las madres que “buscan a sus hijos en cada fosa clandestina”.

Ahí refiere que la tierra jarocha ha estado “bajo el asedio de los Zetas”.

En Proceso número 2009, refieren la presencia del Cartel Jalisco Nueva Generación dominando, otra vez, Veracruz.

También hay quienes hablan del Nuevo Cartel del Golfo, que con los anteriores formarían la tríada de carteles disputando el Veracruz de Javier Duarte.

Además, claro, de los llamados cartelitos que tanto cacareaba el primer procurador de Justicia del presidente Enrique Peña Nieto, Jesús Murillo Karam.

Más la delincuencia común… crecida al castigo con el robo de automóviles, domicilios particulares y negocios.

Además, por supuesto, de los ladrones de Frutsis, Pingüinos y chicles.

Tal cual, y como dijo Duarte al País: “Todos los criminales tienen irremediablemente un final trágico”; pero todo indica que de nuevo Veracruz, con sus 8 millones de habitantes, es y será uno de los estados más castigados por la violencia.

Tan es así que el reportero número 12 ha sido asesinado en la tierra jarocha. Armando Saldaña Morales, del diario La crónica, de Tierra Blanca, y de la estación de radio “La Ke Buena 100.9 FM”.

Por: Luis Velázquez

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