Elecciones sin máscaras

Postigo

Por José García Sánchez

El INE está cada vez más lejos de la democracia y más cerca de la imparcialidad. Se muestra más próxima a la alianza de derecha que de cualquier instancia electoral diferente.

Así como se desenmascararon el PRI y el PAN para mostrarse iguales, ahora el INE se quita el disfraz democrático y de autoridad electoral, comulga con quienes el voto popular rechazó en las urnas. Los consejeros electorales, principalmente su presidente, Lorenzo Córdova, no se comportan como parte de una estructura que exige credibilidad y certeza sino como un candidato o candidato de candidatos para cargos de elección popular, legisladores de las leyes electorales y príncipes de la rígida rectitud de la monarquía.

La democracia debe ser prioridad de los consejeros electorales, y en ellos recae esa responsabilidad, pero su fragilidad personal y profesional no les confiere ninguna posición de responsabilidad sino un motivo más para desconfiar de ellos y del propio instituto que encabezan.

El camino hacia la democracia de México debió tener en el INE una bisagra impecable, aceitada y mirando hacia el futuro; sucede todo lo contrario, lo integran consejeros nostálgicos del pasado, con excelentes relaciones con agentes de viejas prácticas políticas, sin darse cuenta que la historia debe comprenderse no revivirla.

Ellos exigen acumulación aritmética de horas académicas como alumnos, donde la maestría y el doctorado son algo así como niveles de un videojuego que ellos mismos diseñaron para ser siempre los ganadores. Pero de nada les sirve tener los títulos nobiliarios si no entienden que la historia no sólo es el pasado, también el presente y desde luego el futuro y la democracia mexicana cabalga en esa historia que debe depurar el ejercicio electoral y darle credibilidad al INE y, sobre todo, solidez a la democracia. Esto para ellos no es importante, lo realmente esencial para esos aprendices de parásitos es el regreso al pasado, cuando nadie cuestionaba su vida privilegiada.

Por otra parte, la esencia de la democracia mexicana es su identidad, su ubicación en la geografía mundial y en la historia del planeta, de cuyos orígenes se avergüenzan y colocan en el escarnio. Los hechos sociales arrojan el esbozo de la historia, las impugnaciones personales al desarrollo de los hechos sociales, implica volver al pasado sin entender la historia.

Obsesivos hasta el fanatismo de los estudios en las aulas, más de un consejero electoral basa la superioridad de la raza en su ilustración académica. No hace falta platicar con ellos para advertirlo, tantos estudios no les sirvieron para encontrar la más simples de las verdades: todos somos iguales.

Sus aprendizajes en la academia nacional y extranjera consisten en aparentar hablar en nombre de la democracia ejerciendo en realidad en una acción propagandística, a veces son sutiles, pero la mayoría con consignas muy evidentes. Ni siquiera son propagandistas de una ideología, tarea que iría más de acuerdo con su nivel académico, pero impulsan intereses sin alcanzar una idea política simplemente mercantilismo burocrático extraviado entre una jerarquía que no merecen, así como sucede con su salario injustificado.

00
Compartir