Empresarios por la ilegalidad

Postigo

Por José García Sánchez

La agresión que el faltaba a las elecciones de México y la ilegalidad que coronaba el dominio de la derecha en los comicios la acaba de anunciar la Coparmex, al anunciar, como si el derecho le asistiera, que desplegará 300 socios en las casillas el 6 de junio, durante la jornada electoral.

Nostálgicos por el poder que comienzan a ver disminuido, los empresarios mexicanos ahora quieren ser también árbitros de la jornada electoral el 6 de junio, sin que nadie los haya autorizado.

Si los empresarios hubieran mostrado ser imparciales, ser observadores de la realidad nacional y dedicarse a hacer su trabajo, su participación sería bienvenida por toda la sociedad y por todos los partidos, pero sabemos que no es así. El árbitro electoral debe poner orden.

Armando Zúñiga anunció que su objetivo es que “tengamos un número de observadores electorales registrados ante los organismos para estar vigilantes y atentos a la jornada electoral, es la razón por la que estamos suscribiendo convenios con las instituciones electorales de la Ciudad de México”.

Desde el inicio de la administración la postura de las cúpulas empresariales no sólo ha sido crítica al gobierno sino que ha mostrado un constante activismo, incluso golpismo. Como eran parte de grupos selectos que en administraciones anteriores no pagaban impuestos y se habían asociado con funcionarios e instituciones, sobre todo con fundaciones y asociaciones civiles, y ahora creen tener derecho a convertirse en observadores electorales, como si fuesen jueces de la voluntad popular. Esto sería un auténtico peligro para la democracia mexicana.

La decisión unilateral choca, de manera agresiva, con la habitual tranquilidad que impera mayoritariamente en las casillas de elección de México. Su presencia en las casillas es sinónimo de un partido político opositor ocupando el rol de observador a partir de una muy particular forma de ver la realidad.

Si a esto agregamos que no existe árbitro electoral, podremos estar pensando, sin temor a equivocarnos, que se está orquestando un verdadero fraude electoral y que nadie debe permitir la presencia de estos empresarios durante la jornada electoral, porque se convertiría en una provocación que atenta contra la tranquilidad en la que habitualmente se desarrollan las elecciones a lo largo y ancho del territorio nacional del país.

La Coparmex anunció, como si tuviera derecho a hacerlo, que desplegará a 300 de sus socios como observadores electorales en la jornada electoral del 6 de junio en la CDMX, informó su presidente en la capital, Armando Zúñiga Salinas, a pesar de que el sindicato empresarial mostró una clara tendencia política y de que carecen de derecho para hacerlo. Coparmex siempre se identificó con los grupos más extremistas, con propuestas radicales dentro y fuera de la legalidad, como para que se le permita ahora formar parte de las elecciones.

Nunca se habían acomedido a ser observadores porque tenían la certeza de que los resultados, cualquiera que éstos sean, favorecería sus intereses, pero su presencia, que desde ahora se interpreta como una provocación, provoca polarización y violencia, que es en realidad lo que quieren para descarrilar las elecciones.

Su presencia motivará enfrentamientos, agresión, violencia. Saben perfectamente que su existencia o es bien vista por el grueso de la población y menos en la CDMX, donde la politización es mayor que en el interior. No podemos dudar que se trata del regreso de la violencia electoral en México.

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