En defensa del monstruo

Casa de Citas

Por Baltazar López Martínez

“Lo que mejor explica por qué los hombres poco honrados, e incluso los necios, a veces logran casi siempre abrirse su camino en este mundo, mucho más airosamente que las personas honestas y de talento, es el hecho de que los hombres sin escrúpulos y los necios se encuentran más desembarazados para ponerse a tono y al unísono del mundo, que, en general, es de la misma condición que ellos.”

– Nicolas Chamfort

“Independientemente de la cuestión moral, la falta de honradez en la publicidad ha demostrado ser muy rentable.”

– Leo Burnett

La termoeléctrica López Mateos es protagonista del desarrollo económico de Tuxpan. Desde que inició su construcción a finales de 1984 la termo dejó una derrama económica que le dio vida al pueblo, que puso a muchos comercios en pie y que dio la oportunidad de hacer negocios a empresas transportistas, de la industria de la construcción y proveedores de servicios. Miles de trabajadores y cientos de proveedores tuvieron en la termo su fuente de ingresos, y eso se reflejó en la economía de la ciudad, porque circulaba el dinero, y el dinero en circulación genera riqueza. Incluso los pescadores de La Mata, acérrimos enemigos de la termo, se beneficiaron de esa bonanza económica y recibieron, y siguen recibiendo en sus restaurantes y fondas a la gente de la termoeléctrica, porque como bien dijera el emperador romano Vespasiano, el dinero no tiene olor.

La pésima política de relaciones públicas de la CFE permitió que la termo se convirtiera en un monstruo, en una fuente de contaminación y en el origen de enfermedades y mutaciones genéticas y exageraciones de gente mal intencionada que llegaron a catalogar a Tuxpan como “la ciudad más contaminada del mundo”, lo cual es muestra de suprema ignorancia y de muy mala leche, además. Las leyendas urbanas suponen y proclaman que los directivos de la termo son indiferentes a la contaminación, y que cometen crímenes ambientales a sabiendas, nada más por joder, y que no hacen nada para paliar los efectos de los gases producto de la combustión, que según esas leyendas “están acabando con la vegetación y la pesca en Tuxpan”. “Y ni siquiera la electricidad que generan se queda en Tuxpan”, dicen. Y uno se pregunta: ¿de dónde proviene entonces la electricidad que consumimos en el municipio? ¿Del espacio exterior?

Desde la primera sincronización de la unidad 1 el 11 de noviembre de 1989, hace ya 30 años, la CFE implementó sistemas de control para vigilar de manera constante las emisiones de gases de la combustión, así como las temperaturas y condiciones químicas de las descargas de aguas al mar (porque la termo no descarga ni una sola gota de agua en la Laguna de Tampamachoco), así como para la disposición de diversos residuos del proceso industrial, como escorias y lodos,  en cumplimiento de las normas mexicanas en vigor. Nadie estuvo contento y la reacción fue de incredulidad, sobre todo entre los pescadores de La Mata, que desde los inicios de la construcción se pusieron en pie de guerra contra la termo. “Se vigilan a sí mismos y ponen lo que ellos quieren en los papeles, pero la contaminación está a la vista y no pueden ocultarla”, insisten.

La termoeléctrica López Mateos cuanta con un Sistema Integral de Gestión, conformado por el cumplimiento de tres normas ISO, que son la 9001, de aseguramiento de la calidad; la ISO 14000, de control ambiental, y al ISO 18000 de seguridad y salud en el trabajo, que son auditadas por un organismo internacional. Además a termo consiguió en 2008 la Certificación de Industria Limpia expedida por PROFEPA y desde entonces mantiene el refrendo del Certificado mediante la realización de los trabajos de campo y controles ambientales necesarios para conseguir el certificado.

Cada año la termoeléctrica López Mateos contrata a una empresa que esté registrada y certificada y cuente con acreditación ante la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA), con el fin de asegurar que la aguas residuales cumplan la normatividad ambiental vigente, en específico la Ley de Aguas Nacionales y la norma NOM-001- SEMARNAT-1996. Dispone también de un sistema de monitoreo y medición de emisiones en las chimeneas, que verifica de manera periódica el Laboratorio de Pruebas, Equipos y Materiales, organismo de CFE acreditado ante la Entidad mexicana de Acreditación, con el fin de observar el cumplimiento meticuloso de la norma NOM-085-SEMARNAT-2011.

Dejen les cuento que hace algunos años tuve la oportunidad de viajar en el helicóptero en el que el doctor Alfonso Vázquez Botello, investigador en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, hizo un vuelo de inspección en la termoeléctrica y sus alrededores, en especial por la zona de influencia de los gases de las chimeneas. Todo es verde. Todo está sano. Yo lo vi. Tengo fotografías. Además, desde hace un par de años mi amigo David González vuela con frecuencia su dron por esa zona y publica fotos hermosísimas en su sitio de Facebook. Tuxpan es un paraíso. Sigue estando verde, impresionante de tan verde. No se aprecia por ningún lado la devastación que los pescadores y los ambientalistas apocalípticos pregonan.

Lo que se aprecia es que hay entre la termoeléctrica y la laguna, una zona de manglar que está afectada. Muchos piensan que está “quemada” por la acción de los gases de la combustión, pero en realidad su deterioro se debe a cambios en la salinidad del agua, ya que los trabajos de cimentación de las torres de transmisión que atraviesan la Laguna de Tampamachoco modificaron el relieve del subsuelo en esa zona, lo que ocasionó que las aguas tuvieran un ritmo de circulación diferente al natural y con ello variaciones en la salinidad.

Este diagnóstico lo hizo la Universidad Veracruzana, con quien la CFE tiene varios convenios. Uno de ellos es el Contrato de Donación para realizar el proyecto “Construcción de un vivero de 200,000 plantas de mangle” y “Reforestación de la zona de manglar ubicada frente a la central termoeléctrica”. Con la UV también se acordaron otros dos contratos, uno para emprender el proyecto “Educación ambiental en comunidades vecinas al Complejo Termoeléctrico Pdte. Adolfo López Mateos”, y el otro para llevar a la práctica el proyecto “Plan de manejo del sitio Ramsar 1602, manglares y humedales de Tuxpan, Veracruz”. Con el primero de estos proyectos inició el programa de regeneración del mangla frente a la termo, y se trata de un programa de largo aliento, patrocinado por la CFE.

El doctor Váquez Botello, a quien hice referencia antes, es licenciado en Biología por la Facultad de Ciencias y maestro en Ciencias por la UNAM con la especialidad de Biología Marina. También es doctor en Ciencias del Mar con especialidad en Oceanografía Química por la UNAM y la Universidad de Texas. Este científico mexicano de renombre internacional encabezó al equipo de trabajo del Laboratorio de Contaminación Marina del Instituto De Ciencias Del Mar y Limnología de la UNAM que efectuó el estudio «Diagnóstico ambiental de la Laguna de Tampamachoco y posibles efectos por la operación de la Central Termoeléctrica Presidente Adolfo López Mateos en la zona de influencia».

El Estudio concluye, en el apartado Calidad del Agua: “Se estima que la Laguna de Tampamachoco presenta un impacto por descargas de agua procedentes de los asentamientos humanos en las márgenes de la laguna, así como de aquellas actividades antrópicas aguas arriba del Río Tuxpan». En la sección Microbiología el diagnóstico es revelador e impactante: «La zona sur de la Laguna presentó malas condiciones sanitarias, y las concentraciones registradas en el río fueron aún más elevadas, por lo que es necesario el manejo del agua residual de Tuxpan, para reducir la carga bacteriana sobre el río». En pocas palabras, la laguna y el río están contaminados por heces fecales, y eso sí debería preocuparnos a todos.

Es necesario un plan de saneamiento de la laguna y el río, pero uno real y no basado en políticas e intereses mezquinos. Hasta ahora los triunfos de los pescadores contra la CFE no han repercutido en la salud de la laguna: sigue igual o peor, y los intentos del gobierno por remediar la situación, como el llamado Plan Tamiahua, sólo quedan en catálogos de buenas intenciones. La planta tratadora de aguas negras, que puso en operación parcial Miguel Alemán al final de su mandato, en diciembre de 2004, fue apenas la acción inicial. Hacen falta drenajes. En los años recientes sólo al presidente Juan Ramón Gánem le interesó invertir en la red de manejo de aguas residuales en la zona urbana de Tuxpan. Es lógico que a nadie le interese: es dinero enterrado, que no luce ni da dividendos políticos.

Lo que sí resulta de utilidad para ganarse el aplauso facilón de la multitud es culpar a la termo de todos los males que nos aquejan, por ejemplo la inexistente “destrucción de la playa”, que en realidad es un manido y sobado discurso que se alimenta en parte de la ignorancia y en parte de la mala fe. “El culpable tiene nombre y se llama Comisión Federal de Electricidad, porque son quienes han sido los encargados de destruir la zona costera, inhibiendo el desarrollo para los que se dedican al turismo de esta zona”. Lean ustedes con cuidado: “han sido los encargados de destruir la zona costera”.

Par finalizar diré que en la termo hay unos 800 trabajadores entre empleados de confianza, de base y temporales, y más de mil eventuales que se contratan para los mantenimientos. Son mil 800 familias las que viven de la termo, y la nómina catorcenal no la genera ni una sola empresa del puerto. No la hay. Y esos millones mensuales se gastan en esta ciudad, en la adquisición de toda clase de bienes y servicios, en las tiendas, los restaurantes y las cantinas, además de las decenas de proveedores que cada día venden sus mercaderías a la termo. ¿Quién en su sano juicio quisiera acabar con ello?

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