Erick, Héctor Yunes y el rival a vencer

Nadie vota por un marrullero. Teóricamente no. Pero por Erick Lagos sí. Su votación fue histórica, tan inverosímil como descomunal, la mayor del país, operando en las sombras, sometiendo rivales, comprando adeptos y el órgano electoral convertido en su fan. Así ganó su diputación federal.

Un año tardó Erick Lagos Hernández en madurar una diputación que parecía imposible, pues el ahijado de Fidel Herrera Beltrán goza del desprecio de los suyos, que no son tan suyos, por su desarraigo en Acayucan, donde ni siquiera nació, su impopularidad, el repudio de todos y una fama que a cualquiera lo haría ruborizar.

En un año, colgado de la Subsecretaría de Gobierno de Veracruz, armó las estructuras que le permitieron cooptar corrientes dentro del PRI y allegarse apoyos en la oposición.

Así, maniobró el ahijado de Fidel Herrera Beltrán, el ex gobernador de Veracruz, para incidir en nominaciones de candidatos de otros partidos y en los aliados priístas. Lo dejaron pasar las hermanas Vázquez Saut, Regina y Fabiola, ex alcaldesas y ex diputadas, turnándose el poder como si lo tuvieran escriturado; planchando a la familia Condado para que el PRD contendiera desinflado; creando división entre los panistas con un conflicto artificial y precandidato comprado.

Al final de la jornada, Erick Lagos contaba ya 73 mil 581 votos, caso único, destacado por el líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz, en una declaración difundida por la agencia Quadratín, que hasta el vocal presidente del INE en Acayucan, Feliciano Hernández, compartió en las redes sociales. Vaya imparcialidad del árbitro.

Sucia, pues, la llegada de Erick Lagos a San Lázaro, más allá de la contundencia de la cifra porque lo que está debate no es la cantidad de votos obtenidos sino la calidad de los mismos, su esencia y su origen. Si son comprados, si son sucios, es fraude.

Se sirvió de la maña y la trampa el alfil fidelista, infiltrando corrientes panistas y perredistas, todo un casting en que los Condado y su carta magna, Clemente Nagasaki, arriaron las velas y no surcaron el mar.

Se trenzaron a golpes de descalificación los panistas en un distrito que dominaron a placer en los tiempos en que destacaba la figura de Gregorio Barradas Miravete, aquel joven de campo que acusara a Fidel Herrera en pleno salón de sesiones de San Lázaro de haber ganado la elección de 2007, la diputación local, con la ayuda del narcotráfico.

“La única fidelidad que hay en Veracruz es al narco”, dijo Goyo Barradas frente a sus compañeros diputados, cimbrando a todos. Tiempo después, ya convertido en alcalde electo de Rodríguez Clara, fue levantado en el municipio de Isla, ejecutado a mansalva y su cuerpo hallado en Tuxtepec, Oaxaca.

Su viuda, Xóchitl Tres Rodríguez, pudo ser diputada federal por el PAN, en 2012, pero un escándalo mediático, sus fotografías con el amante priísta, diputado, esposo de la alcaldesa a quien ella señalaba como responsable de la muerte de su marido, la despeñó.

Ahí fue a ganar Erick Lagos, libre el camino de Barradas, Tress, Vázquez, Condados, panistas, perredistas. Y lo hizo con una votación que lo posicionó como el virtual contendiente por la minigubernatura de Veracruz en 2016. Nada causal, un año le llevó armar el teatro.

Es el “rival fuerte”, dice de Erick Lagos Hernández, el senador José Francisco Yunes Zorrilla, en un discurso filoso, con intención y destinatario preciso: Héctor Yunes Landa.

La alianza de los Yunes rojos de hecho no existe ya. Es de palabra. En los hechos, Yunes Zorrilla y Yunes Landa caminan en rutas distintas.

Yunes Landa es el candidato oficial, producto de un acuerdo con el gobernador Javier Duarte de Ochoa, impulsado por el aparato de gobierno, bajo la condición de no tocar a la pandilla duartista.

Lo respalda el coro de prensa. Vaya cambio de piel. Aquellos que en 2010 ironizaban sobre su aventura de desafiar a Fidel Herrera, que lo despedazaban por tomar la tribuna del Congreso y anunciar que iba a contender porque era —y es— su derecho, que se mofaron de que no pudiera abrir el padrón priísta para cotejar quiénes militan y quiénes no en las filas del PRI y así acreditar su registro, hoy son los heraldos del aplauso, del elogio y la lisonja.

Yunes y su proyecto se soportan en las encuestas que dicen que anda más allá de los 30 puntos de preferencia entre los priístas, el más conocido, el más virtuoso, el hombre de la experiencia.

No dicen qué tan confiables son las encuestas. A excepción del caso del Bronco, Jaime Rodríguez, en Nuevo León, todas las predicciones fallaron. Las cifras se enredaron. Distritos que serían ganados por el PRI, los perdieron; distritos perdidos para el PRI, los ganó; el PRI obtuvo mayor votación de lo que se esperaba y aseguró con sus aliados una cómoda mayoría simple en la Cámara de Diputados; Morena aplastó al PRD en el Distrito Federal.

Canta el coro de los ahora yuneslandistas que la encuesta definirá al candidato del PRI a la minigubernatura de 2016. Sueñan, pues. “Las encuestas no son el Evangelio”, dijo su líder nacional, César Camacho Quiroz, el 21 de abril, a propósito de la ventaja de su partido en San Luis Potosí. “Son una fotografía de un momento”, refirió.

La única encuesta válida es la que haga el presidente Enrique Peña Nieto. Lo demás son alucinaciones.

Adulan a Yunes Landa los peones del gobernador. Le dedican páginas enteras, la de ocho columnas, fotografía en primera plana, espacios y tiempos en televisión y radio. ¿Es Dios? No, casi. Es Yunes Landa.

No dicen que el choleño es el candidato de la complicidad, el que ofrece proteger a Javier Duarte y a quienes le ayudan a desvencijar a Veracruz, a hundirlo en un mar de deudas, a frustrar los proyectos de desarrollo, porque lo primero, lo primero, es el saqueo.

Yunes Zorrilla viene al sur. Acude el jueves 25 a la Feria de San Juan Bautista en Villa Oluta. Persiste en su discurso de la ruptura, que si exige el piso parejo, que si debe haber reglas claras, que si habrá que analizar los términos de la convocatoria del PRI.

Vuelve a amagar. Si les gana en el proceso interno y lo vetan, se va del PRI. Pero agrega un ingrediente más: no será candidato independiente. Y se refuerza que apoyará “al candidato de otro partido”, como dijo a La Jornada Veracruz.

Pepe Yunes habla de la solidez de su partido y dice estar comprometido con la unidad del PRI. Le preguntan si provocaría una desbandada si es vetado. Él no, pero la tendrían que controlar y evitar quienes la detonan.

“Quienes estemos participando sabremos a qué atenernos, de mi parte hay un serio compromiso con el PRI en promover la unidad, pero ya el partido deberá tomar acciones para evitar una desbandada, pues eso no me toca a mí”, reseña la agencia Imagen del Golfo.

Sólo le faltó decir que sería responsabilidad de Javier Duarte. Es la dinámica del veto. El que lo aplica, debe controlar sus efectos.

Juega Pepe Yunes con los anhelos de su ex tío político. Yunes Landa sabe que es ahora o nunca. Es cuestión de kilometraje, rayando la tercera edad.

Héctor Yunes es el candidato oficial de Javier Duarte. Erick Lagos, con su votación histórica en Acayucan, es el candidato oficial de Fidel Herrera.

“Erick Lagos, me parece que tendrá todo el legitimo derecho de participar. Será bienvenido y recibido. Posiblemente sí sea un rival fuerte, pero voy a contender contra todos los rivales que se presenten”, dice Pepe Yunes.

Usa el caso Erick Lagos para torpedear a Yunes Landa. Le llama “rival fuerte”. Imagen del Golfo le dice “rival a vencer” por la votación histórica obtenida en el distrito de Acayucan, la más alta del país.

Puede ser marrullero, mañoso, desarraigado y repudiado, pero Erick Lagos ya le disputa ser el “candidato oficial” a Héctor Yunes Landa.

Y Pepe Yunes atiza el fuego.

(Con información de mussiocardenas.com)

00
Compartir