Erick Lagos o El Cisne, lo ideal para la oposición

Qué mejor para Yunes Linares o Bueno Torio, para Cuitláhuac o Dante, si el candidato del PRI fuera Erick Lagos o El Cisne Silva Ramos, uno enlodado en casos de narcosobornos y el otro con su celebérrimo desdén y repudio a la mujer. Pobre PRI.

Si fueran los Yunes rojos —José Francisco y Héctor, senadores por Veracruz— tendría la oposición un dilema mayor, por lo que implican sus corrientes y estructuras, por su posicionamiento en el ánimo de los electores, porque uno y otro se han confrontado con el duartismo y se han desligado de Javier Duarte.

Erick y El Cisne no. Proceden del mismo tronco, el proyecto concebido por Fidel Herrera Beltrán para gobernar por 30 años.

Pero su desprestigio es brutal, caldo de cultivo para la derrota del PRI.

De Erick Lagos hay episodios vergonzantes, indignos, materia de un tribunal o mínimo de un código de ética.

Hay quien sostiene que no es hijo político de Fidel Herrera Beltrán sino hijo biólogico. Lo delata un tic, la mano en el bolsillo del pantalón y el movimiento evidente de cómo se rasca la piel. A los dos les sale igual.

De Fidel Herrera aprendió las mañas y los trucos. Abrevó en las tretas que solía verle al eterno legislador de la cuenca, diputado federal y senador por Veracruz, líder del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria en los tiempos del echeverrismo, funcionario menor, grillo mayor, un talento de la política que devino en la peor escoria del PRI.

Ese fue su maestro. Y Erick Lagos resultó un alumno ejemplar. Así llegó al gobierno de Veracruz, discreto, en la secretaría particular, operando en las sombras, abriendo puertas, filtrando y atajando a quienes el entonces gobernador excluía de su entorno político.

Fidel lo envió al Congreso estatal. Y ahí, en la Comisión de Hacienda fue la tapadera del latrocinio, del saqueo descomunal que dejó a los veracruzanos sin futuro, las arcas secas, la desigualdad mayor, la esperanza frustrada mientras a la pandilla fidelista se le veía enriquecerse.

Fue Erick Lagos un buen conserje del atraco a Veracruz. Cuidó a su mentor, lo eximió de ser investigado, de sufrir la embestida de la oposición y de situarlo a las puertas de la cárcel.

Fidel se fue y Erick Lagos ha sido la carta mejor guardada de la fidelidad. Con Javier Duarte fue subsecretario de Gobierno y secretario de Gobierno, y en un ínter, líder estatal del PRI. A sus pies, el poder lo mostró como lo que es, en su esencia, con el potencial para regatear, agandallar y enlodar la vida pública de Veracruz.

Operó la compra de perredistas en 2013, cuando los resultados de la elección presidencial, un año antes, evidenciaban que el PRI iba a la baja. En Veracruz perdió Enrique Peña Nieto, ganó la panista Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López comenzó a consolidar su proyecto personal, entonces PRD, hoy Morena.

Maletín en mano, la oferta abierta, Erick Lagos integró el pull de agentes que el gobernador de Veracruz dispuso para reventar la pretendida alianza PAN-PRD. Jalaba a alcaldes, dirigentes, legisladores del PRD, líderes locales y nacionales, hasta contaminar el escenario, con dos consejos estatales, dos presidentes, el legítimo y el espurio, que generaron las condiciones para que el Tribunal Estatal de Elecciones en Veracruz resolviera que la alianza carecía de validez legal.

Así se cayó la alianza PAN-PRD en 2013 y con ello se frustró el intento de ser mayoría y contrapeso del gobernador priísta.

A Erick Lagos lo acusó Marco Antonio Estrada Montiel de vender candidaturas desde la presidencia del PRI estatal, de faltar a la democracia y de servirse del poder.

Lo exhibió en un desplegado con el que renunció a su militancia tras serle negada la candidatura a contender por la alcaldía de Las Choapas, pues el compromiso del duartismo era con Renato Tronco, quien había propuesto a su hermano Miguel Ángel para sucederlo en la presidencia municipal.

Estrada se fue al PRD. No se afilió. Usó al partido del sol azteca e integró a la militancia del PAN. Le fue arrebatada con fraude la alcaldía pero revirtió en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Ganó la alcaldía en la elección extraordinaria, cuando el PRI le negó a Miguel Tronco el registro como candidato.

De todos los pecados que distinguen a Erick Lagos, el peor es el de los narcosobornos. Un jefe regional de Los Zetas, Raúl Lucio Hernández, alias El Lucky, detenido por la PGR, reveló que su organización pagaba fuertes cantidades al gobierno fidelísima y que un funcionario de apellido Lagos, de alto rango, era el enlace para realizar la operación.

Identificó el periódico Reforma a Erick Lagos como el funcionario aludido, etiquetado como un narcopolítico ligado a Los Zetas. Aunque el hijo político de Fidel Herrera replicó, su nombre quedó marcado por el caso de los narcosobornos.

Misógino, locuaz, lengualarga, difamador, de todo es El Cisne Silva Ramos, el delfín de Javier Duarte, su proyecto para la sucesión, quizá el más desprestigiado, con quien intenta asegurar su cuota de impunidad.

Su historia es sabida y sobada, difundida y condenada.

Llegó al PRI estatal y a la primera provocación sucumbió. Le preguntaban los reporteros que qué requisitos tendrían que reunir quienes aspiraran a ser candidatos a una diputación. Silva Ramos habló y habló con voz de loco sin freno. ¿Y el antidoping? Sí, el antidoping, respondió. ¿Y prueba de embarazo?, le dijo una reportera. “Podemos realizar prueba antidoping, antiembarazo, antitodo”, dijo.

Se mató solo. Vaya expresión de misoginia y discriminación, cuando que la Constitución Política y la Carta de los Derechos Humanos prohiben que por un embarazo se le conculquen sus garantías a la mujer.

#PRImisógino fue uno de los hashtags usados en redes sociales para evidenciar al PRI de Veracruz, las mujeres agraviadas, convertidas en pieza de uso electoral y luego en trapo que se lanza a la basura.

Primero lo negó, después diría que fue un error gramatical, más adelante señaló que fue un malentendido. El Cisne Silva, el embustero mayor.

Se le ocurrió limpiarse la imagen usando precisamente a las mujeres. Envió pues a la diputada por Coatzacoalcos, Mónica Robles de Hillman, presidenta de la Comisión de Equidad y Género en el Congreso de Veracruz, a recoger el tiradero. Dijo ella que él le había asegurado que en ningún momento expresó lo de la prueba antiembarazo. Y que ella le creía. Pues Mónica también mintió.

Lo condenó todo el PRI. Lo obligó la secretaria general del PRI nacional Carolina Monroy del Mazo a ofrecer una disculpa pública a las mujeres, acusado de misógino, de despreciar a las féminas.

Y lo hizo exhibiendo un ojo morado, presuntamente golpeado durante un altercado con el gobernador Javier Duarte, según el periodista Edgar Hernández, autor de Línea Caliente.

Erick Lagos y El Cisne Silva son las cartas del gobernador Javier Duarte. Con ellas intenta descarrilar las aspiraciones de los Yunes rojos, Pepe y Héctor.

Y en la oposición hay fiesta. Saben que uno o el otro disminuyen el potencial del PRI, que son vulnerables por su desprestigio, que llevan escándalos a cuestas, que se les ubica como más de lo mismo, como la extensión de Fidel Herrera y de Javier Duarte, ambos para perpetuar el proyecto priísta que sumió a Veracruz en la quiebra financiera, en el baño de sangre, en la pobreza, en la corrupción y en la impunidad.

Dicen Miguel Ángel Yunes, el Yunes azul; el panista Juan Bueno Torio, el morenista Cuitláhuac García o el líder real de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, que ojalá el PRI les ponga enfrente a Erick Lagos o al Cisne Silva. Sería el escenario ideal.

Se trata, pues, de perder el poder. ¿O no Javier?

Con información de mussiocardenas.com

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