Están con Javier Duarte O con los senadores priistas

•Hora de las definiciones

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El señor Javier Duarte ha enviado un mensaje derechito al corazón de Los Pinos, a partir del regalito de la caña de pescar en el WTC de Boca del Río: Pepe Yunes Zorrilla ni Héctor Yunes Landa son sus candidatos a gobernador.

Y, por tanto, está jugando a polarizar más los grupos, las tribus y las hordas priistas para que en el altiplano quede registrado, por más que el peñismo apueste, digamos, a la unidad partidista.

Tal cual, la jugada del góber de la Complutense es que de pronto, por ahí, aparezca un caballo negro.

Yo, Duarte, en contra de cualquiera de los senadores para candidato a la sucesión.

Yo, Los Pinos, acepto tales reglas del juego, y/o por el contrario, me voy con otro candidato, digamos, extraído del gabinete federal, donde, y por ejemplo, están Fernando Aportela, subsecretario de Hacienda y Crédito Público, y José Antonio González Fernández, director del Seguro Social.

Yo, Duarte, cualquier otro, menos los senadores, a quienes desde el mes de diciembre, 2014, cuando la gubernatura se achicara de 6 a dos años, les marqué la raya.

Yo, Los Pinos, sacrificar a los senadores priistas como candidatos, y por tanto, y en nombre de la unidad, apostar a un tercero en discordia, como en la novela “El arlequín”, de Morris West.

Yo, Duarte, sigo apostando a descarrilar más y más a los senadores tricolores, hasta dejarlos fuera.

Yo, Los Pinos, sopesando hasta donde llegamos cuando existe un presidente imperial y faraónico que por ningún concepto está presto a compartir el poder.

Tal cual mira el politólogo Carlos Ronzón Verónica, como un Sherlock Holmes, el misterioso y enigmático caso de “La caña de pescar”.

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Además, un niño grande y berrinchudo, Javier Duarte, pero frío y calculador, el caso de “La caña de pescar” significó para el politólogo un manotazo en contra de los Yunes priistas para recordar que él manda y gobierna.

“El Estado soy yo” diría Luis XIV a los 19 años de edad.

Por ejemplo:

El par de senadores ya andaban creciditos de norte a sur.

Incluso, operaban como si de hecho y derecho fueran el gobernador en funciones.

Héctor, imponiendo funcionarios en el gabinete legal y ampliado, entre ellos, Yolanda Gutiérrez Carlín en Protección Civil; Edmundo Martínez Zaleta en la dirección de Tránsito, y Enrique Ampudia Mello como secretario particular del Jefe Máximo del Priismo.

Pepe, bajando recursos federales para los presidentes municipales y productores, entregados en forma directa, por encima del gobierno de Veracruz, del que se había deslindado.

Incluso, la gente de uno y otro peleándose por los cargos públicos que en unos casos se han repartido, a espaldas, claro, de uno y otro senador.

“Ya actuaban como inalcanzables” dice Ronzón.

Y por tanto, el manotazo de Duarte los ha vuelto a la realidad.

Señores, diría, Los Pinos pronunciarán “Las últimas palabras” con el nombre del candidato, pero la sucesión pasa por mí.

Y aun cuando los senadores han reaccionado, el ramalazo está ahí.

Duarte los quiere bajar del caballo a la mitad del río con el río desbordado.

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Está claro, observa el maestro. Duarte llegó a su principio de Peter. Imposible que ponga candidato a modo.

Entonces, la siguiente táctica, que está operando, es descarrilar a los senadores, llevar al límite la relación con ellos, y esperar la llegada del “caballo negro”.

¡Ay de Pepe y Héctor, si se apendejan y caen en el juego!

Y más porque Pepe parece andar sin rumbo y Héctor atrapado en su hígado.

Atrás de Duarte, el góber fogoso y gozoso continúa moviendo las fichas, siniestro como es, con todo el tiempo del mundo como su aliado.

Y aliado con los suyos, entre ellos, Enrique Jackson Ramírez, José Murat Casab, Ulises Ruiz y Mario Marín, entre otros.

Maniobras tipo Plutarco Elías Calles cuando impuso a su primer presidente de la república, que por cierto era provisional, Emilio Portes Gil.

“Crónica de una infamia” le intituló a su libro Carlos Armando Biebrich, el joven menor de edad para quien Luis Echeverría Álvarez reformó la Constitución Política y darle la gubernatura de Sonora.

Y cuando trepado en el barco sexenal se creyó candidato presidencial, todos lo intrigaron y descarrilaron.

En el domingo de ”La caña de pescar”, Héctor Yunes mordió el anzuelo y Duarte asestó un codazo a Pepe.

El coscorrón de Duarte significa que el góber ya aprendió el arte de la política y sus recovecos aprecia Carlos Ronzón.

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Ya se verá, entonces, la estrategia del “Cuarto de guerra” de los senadores; pero también las nuevas señales del duartismo.

También se advertirá la reacción de Los Pinos y el gabinete político y si Manlio Fabio Beltrones, presidente del CEN del PRI, asume, digamos, una decisión salomónica, pues también es amigo de Fidel Herrera.

Los días que vendrán serán claves, por ejemplo, si Héctor y Pepe continúan en sus periplos en Veracruz se registrará si los presidentes municipales siguen acudiendo a ellos como antes del domingo cuando todo mundo se fue de pesca.

Y/o si por el contrario, los alcaldes se esconden como los becerritos cuando están testereando para quedarse con la leche completa mamando en la ubre.

La hora de las definiciones ha llegado en el priismo.

Están con Duarte o están con los senadores priistas.

El único que sigue con la cabeza oculta es Fidel Herrera, el dueño de los títeres.

Por: Luis Velázquez

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