Estudian para salvar vidas, no para perder la suya

Por: Zaynne Córdoba T.

El 23 de febrero, tres estudiantes de medicina acudieron al carnaval de Huejotzingo, en Puebla. A las 10 de la noche del mismo día abordaron un vehículo de alquiler para regresar a sus casas, al día siguiente la policía informó del hallazgo de los cuerpos sin vida de los jóvenes y del chófer de la unidad, todos con huellas de tortura y disparos de arma de fuego, apilados uno sobre otro.

Desde el hallazgo de los cuerpos, en todo el país se han manifestado pacíficamente miles de jóvenes estudiantes de Medicina exigiendo justicia para sus compañeros.

Este no se trata de un caso aislado sufrido por este sector de la población, hay que recordar que el 12 de febrero la médico, egresada del Instituto Politécnico Nacional, Mayte Viridiana Aguilar Martínez fue asesinada brutalmente a sus 33 años de edad en la delegación Tláhuac de la Ciudad de México y, apenas el pasado jueves 05 de marzo Mariana, estudiante de Medicina en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, fue atacada en la ciudad de Villahermosa cuando regresaba a su departamento, donde fue sorprendida por un sujeto que armado con tijeras la ultrajó sexualmente para después apuñalar su cuerpo, dejándola en un charco de sangre debatiéndose entre la vida y la muerte.

Por lo que, aunque existan quienes pretendan desacreditar el movimiento de los estudiantes que exigen justicia para sus compañeros y seguridad su gremio, los hechos son los que verdaderamente lo legitiman más allá de cualquier subjetividad.

Con consignas como “Mis padres esperan mi título, no mi acta de defunción”, “Queremos salvar vidas, no nos quiten las nuestras”, “Nos educan para cuidar, pero nadie nos cuida a nosotros”, miles de estudiantes provenientes de diversas universidades, públicas y privadas, durante toda la semana se manifestaron en diferentes estados del país como son Puebla, Ciudad de México, Estado de México, Tabasco y Veracruz.

La indignación de los jóvenes no debe ser politizada, pues no existe nada más legítimo que un grito de desesperación ante la muerte, sobre todo cuando no se sabe quién será el próximo. Y aunque algunas voces intenten culpar a los propios jóvenes de su cruel destino por haber asistido a un carnaval, lo cierto es que cualquier joven debería tener la seguridad de poder salir con sus amigos y regresar vivo a su casa.

Quien estudia la noble profesión de la Medicina, o cuenta con algún familiar que lo hace, sabe que sus jornadas estudiantiles son extenuantes, que es una de las carreras y las profesiones más exigentes pues se preparan para salvar vidas, y después de cientos de horas de estudio sólo un absurdo diría que no tienen derecho a relajarse con sus amigos; por otro lado, existen casos como los de Mayte y Mariana, quienes se encontraban dispuestas a descansar después de una larga jornada y fueron agredidas sin piedad, por lo que ninguna excusa vale para cuestionar la legitimidad de sus reclamos.

En febrero pasado la Universidad Veracruzana, por citar un ejemplo, otorgó reconocimientos a más de 100 alumnos destacados de su facultad de Ciencias de la Salud, lo que demuestra que los jóvenes que acuden a estas manifestaciones no son porros, vagos o delincuentes, sino estudiantes comprometidos con su futura profesión.

Más de doscientos mil estudiantes se han manifestado en los últimos días exigiendo al Estado resultados en materia de seguridad, prevención del delito y eficacia en las investigaciones, gritándoles, con justa razón que “si no pueden, mejor renuncien”.

Y así como en 2019 los estudiantes de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales prohibieron la entrada al excandidato presidencial Ricardo Anaya, o cuando estudiantes de diferentes partes del país encararon al expresidente Enrique Peña Nieto por el caso de los normalistas de Ayotzinapa, al grito de “¡Asesino!”; esta vez lo hacen contra los actuales encargados de la seguridad y la impartición de justicia, con neutralidad política y con el único propósito de ser escuchados y, hasta el momento, ninguna autoridad se ha pronunciado o ha prestado sus oídos al reclamo de los jóvenes. Salvo en Puebla, donde el gobernador, detrás de un cerco de seguridad con más de doscientos policías se dejó ver por los estudiantes, pero no para dar palabras de apoyo o de compromiso, sino para increparles al son de “ustedes no me van a venir a enseñar nada”.

En el caso de Veracruz, pese a que los estudiantes se mantuvieron por horas bajo la lluvia frente a palacio de gobierno, el gobernador prefirió huir por la puerta de atrás acompañado de sus 6 camionetas con escoltas.

En otros estados y otros niveles, ni siquiera se han asomado los mandatarios por la ventana, porque no es lo mismo enfrentar la grilla que enfrentar la realidad y los estudiantes no están difamando, denostando, o enfrentando a ningún partido, a ningún político; sin embargo, sus manifestaciones exhiben las verdaderas fallas en los sistemas de seguridad y justicia, y esto no se resuelve con discursos, ataques o desacreditación en redes sociales, la única forma de resolver la problemática esta vez es trabajando, aunque hasta ahora tal parece que no hay voluntad de hacerlo.

 «¿Y qué juventud queremos? ¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¡No! Queremos una juventud que piense, una juventud que aprende por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento».

-Fidel Castro, 13 de marzo de 1962

00
Compartir