Excelsa prudencia presidencial ante el saqueo y la pandemia

Por: José Lima Cobos

Ante el arribo de López Obrador a la presidencia de la república, con una votación histórica de más de treinta millones de auténticos votos ciudadanos, no reparé en reflexionar que se había sacado la rifa del tigre, por la crisis en que, desde 1988-1918 -treinta años de fraudes electorales- el saqueo fue desmedido; sin embargo, al observarlo rudo en su obsesión de cambiar el país, anidé la esperanza de que todo lo que haría sería para bien de los mexicanos y confieso que no me equivoque, al menos hasta el día de hoy.

El hecho de elevar a rango constitucional los beneficios sociales a los adultos mayores y otra serie de disposiciones de orden público que se arraigan y consolidan y se vuelven inmodificables, habla mucho de lo que está por venir, sobre todo en materia de corrupción e impunidad y, más aún ,en materia de defraudación fiscal que no se permitirá que los grandes empresarios dejen de contribuir con el erario y, sobre todo, el hecho de un sistema de austeridad republicana impedirá el enriquecimiento de los servidores públicos, pues no habrá más ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que perciban sueldos de más de seiscientos mil pesos mensuales y menos que se les privilegie con una compensación mensual de treinta mil pesos para comida y cuarenta mil pesos para gasolina, o como en el caso de Infonavit que un tal David l Penchyna, que se embolsaba setecientos mil pesos mensuales y de magistrados electorales o de organismos autónomos que se impusieron sueldos de trescientos y cuatrocientos mil pesos.

Lo más relevante que se le puede observar al presidente López Obrador, es que no le tiembla la mano para tomar decisiones fulminantes, como se evidenció en el caso del Seguro Social o bien en Aduanas, que ante la tibieza de los designados hoy da marcha atrás, pues al comprobar que no sirven para aplicarse a fondo, como el caso de Germán Martínez o de Ricardo Ahued que salen por piernas y acreditan que no están hechos para las graves batallas, sino para la medianía, es decir, la comodidad de percibir un sueldo y no correr riesgo alguno, ahuecan el ala para personas comprometidas con el país hagan esas tareas.

Decisión de la mayor trascendencia lo constituye su actitud del presidente, con motivo de la pandemia que, en lugar de suspender las garantías individuales y establecer el toque de queda para que todos se refugien en sus domicilios, convoca a la sana distancia y al quédate en casa, con lo que se está logrando domar el virus letal que afecta a personas de la tercera edad, diabéticos , hipertensos, obesos y demás enfermedades crónicas, para retornar en el corto tiempo a la normalidad, sin desdeñar apoyo a los medianos y pequeños empresarios con dinero público que se presta a la palabra, sin mayores requisitos, esto es, que los bienes circulen abajo y no que se queden en la cúpula, pues hoy se atiende al más necesitado.

No hay que olvidar que la oportunidad la pintan clava, de ahí que los grandes empresarios arropados en las grandes cúpulas, -muchos de ellos beneficiarios sin duda del rescate carretero o de la banca privada con el fobaproa- ni tardos y menos perezosos, buscaron una rendija por donde podría escaparse la voracidad, tiraron el lazo para que el Banco Interamericano de Desarrollo viniera en su auxilio, porque la pandemia los descapitalizaría y en consecuencia se verían afectadas sus empresas, pero en lo oscurito hicieron tratos, ajenos al gobierno, sólo que no contaban con la astucia del presidente López Obrador que expresó de inmediato “bienvenido ese crédito para esos empresarios, pero nada que tenga que ver con el estado, porque no se propiciara otro descalabro a la economía nacional”, decisión patriótica ante la evite voracidad de esas minorías privilegiadas.

La oposición empresarial agrupada en esas cúpulas usufructuarias de la corrupción e impunidad dejaron sentir su inconformidad ante esas expresiones presidenciales, alegando que no afectarán al erario nacional; sin embargo, así se ha hecho en el pasado, al violarse la constitución que establece que “ningún empréstito podrá celebrarse sino para la ejecución de obras que directamente produzcan un incremento en los ingresos públicos”, para luego pasarle la tarjeta al gobierno, como sucedió con los adeudos dejados en más de 11 mil billones de pesos en las tres décadas anteriores, y quebradas las empresas productivas del estado, lo que debería auditarse y señalar a los bandidos, aunque ya se les conoce, para que, por lo menos, las nuevas generaciones los recuerden.

limacobos@hotmail.com

Twitter: @limacobos1

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