Fidel Herrera: el retorno y las denuncias

Tipo terco, rejego, Fidel Herrera Beltrán no ha cambiado ni va a cambiar. Es suyo el odio, y lo provoca. Se sabe intragable. Y así, sin atisbar en que su pasado es de vergüenza, y sobre todo de vergüenza política, inicia un retorno a la vida pública que agravia al priísmo y ofende a la sociedad.

Ya es delegado del PRI nacional en Oaxaca. No va la tierra de Juárez a coordinar las campañas del PRI ni a posicionar candidato alguno. Su misión es menos noble. Fidel está ahí para robar elecciones, desviar recursos públicos, manipular programas sociales, untarle la mano a la oposición, controlar los órganos electorales, cooptar a la prensa y consumar el fraude.

Fue enviado a hacer de las suyas porque en eso no tiene par. Goza, pues, en su retorno a la “plenitud del pinche poder”.

Oaxaca no es una casualidad. Oaxaca es el centro de negocios de la pandilla fidelista. Es el feudo de los ex gobernadores José Murat Casab y Ulises Ruiz, donde tienen su centro de operaciones las constructoras que llenaron sus cuentas con las obras que recibieron a manos llenas en Veracruz, ahora operando en Chiapas, donde el saqueo es brutal.

Va a Oaxaca en condiciones adversas. Ahí, el PRI fue echado del poder. Gobierna Movimiento Ciudadano en alianza con la izquierda y la derecha; donde el movimiento magisterial reta al gobierno peñista y rechaza la reforma educativa, lo increpa, le advierte que no pasarán las nuevas leyes, genera el caos, el desorden y el conflicto social.

A ese infierno fue enviado Fidel Herrera, presuntamente premiado por el PRI, para robar una elección que no se sabe si podrá realizarse ante la radicalización de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación o cuál será su resultado por la crispación social existente y el repudio a las propuestas priístas.

Fidel Herrera quería resucitar. El PRI lo ha escuchado. No lo situó en Veracruz, su tierra, porque el repudio es descomunal. Lo envió a Oaxaca donde el riesgo de perder es mayor.

En Oaxaca se le escuchará hablando de candidatos reapendejados; de obras carreteras para cachar votos; de darle a todos, amigos y enemigos, aliados y rivales; de periodistas succionadores que lo mismo están con el PRI que con el PAN o el PRD.

Lo crucial era regresar. Era salir del ostracismo, ninguneado por su partido y por los actuales dueños del poder, el peñismo que no olvida que en los días de Fidel Herrera en el gobierno de Veracruz, fue masacrada la escolta de la familia del hoy presidente Enrique Peña Nieto, perseguida por una comando armado que desató un festín de sangre.

Fidel Herrera no es querido en el círculo presidencial. Pero aún así, su retorno a la vida pública es tema de sobrevivencia para quien permaneció cinco años en la oscuridad.

Dice Fidel Herrera que en realidad no se fue. Qué novedad. La frase no sorprende. Lo sabía todo Veracruz. Ha gobernado con la máscara de Javier Duarte, sembrado el gobierno estatal de fidelistas, de cómplices que hurtaron en sus días de gobernador y que se han agandallado lo que han tenido al alcance de su mano.

No se fue de Veracruz porque Javier Duarte nunca supo qué hacer con el poder, cómo neutralizar la violencia, cómo sortear la deuda pública, cómo evitar la quiebra, como impedir llegar al programa de ajuste, que no es mas que el reconocimiento del fracaso.

Duarte ha cogobernado con Fidel Herrera. A su lado han estado los fidelistas. Carvallo en el Congreso y luego en su gobierno; Erick Lagos en el PRI y en la Secretaría de Gobierno; el Cisne de Lodo, Alberto Silva Ramos, en Comunicación y Sedesol; Buganza en Gobierno y Obras Públicas; Bermúdez en Seguridad; Marlon en Gobierno.

Regresa Fidel Herrera y aflora la corrupción. Difunde el Partido Acción Nacional las denuncias que interpuso la Auditoría Superior de la Federación por desvío de recursos federales en el ejercicio 2009.

Toca la denuncia a funcionarios de alto nivel, fidelistas todos, encargados de áreas financieras, en obras públicas, en Contraloría.

No es una acción del PAN. Es la difusión de acciones legales con alcances penales contra el ex gobernador de Veracruz, cuya administración se distinguió por el desvío de recursos públicos y las trampas para acreditar que devolvía los millones que aplicó mal y de inmediato disponer de ellos sin poder determinarse el destino de ese dinero.

Las denuncias son letales. Amenazan con tomarlo in fraganti cuando esté en plena operación electoral, diseñando el fraude oaxaqueño.

En ese ambiente retorna Fidel Herrera a la política activa, de la mano del PRI, con la misión de robarse la elección federal en Oaxaca, si es que puede.

Sabe Fidel Herrera de su impopularidad. Sabe del repudio acumulado por el daño que causó a Veracruz, a todo su nivel la corrupción, en toda su expresión el atraco a las arcas públicas. Y ahora las denuncias.

Terco Fidel, pero quería regresar.

(Con información de mussiocardenas.com)

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