Fin a los privilegios

Bisagra

Por José Páramo Castro

Cuando los privilegios eran el pan de cada día en las universidades públicas estaban reservados más de 100 lugares para los cuates, compadres y amigos de los funcionarios de la UNAM y del IPN. Si el hijo de un periodista reprobaba el examen de admisión se hablaba a Comunicación Social de cualquiera de estas casas de estudios y el joven ya estaba inscrito automáticamente, aunque desertara al mes y se dedicara a la vagancia.

Las restricciones a esos privilegios no ocurrieron para desterrar la corrupción de esas universidades sino porque los hijos de los privilegiados ya no iban a escuelas públicas y en las privadas no hacía examen de admisión. Así, si el joven reprobaba el examen de admisión de la universidad pública entraba, sin examen de admisión a la privada. Esto explica muchas de las deficiencias de esa educación.

Los funcionarios públicos dejaron de asistir a la Facultad de Derecho de la UNAM para ser egresados del Tec de Monterrey y del ITAM, de la Ibero o de la Panamericana. Antes, hasta el secretario de Salud era abogado, y ahora se quejan de que algunos de los secretarios no llenan el perfil. Los conservadores tienen siglos apostándole a la mala memoria de la población.

Los privilegios eran actividad diaria en México, y era tan común que hubiera privilegiados que ahora que esto terminó podemos ver que los reclaman como si se tratara de un patrimonio familiar. Ahí está la exigencia de Sergio Aguayo o de Sabina Berman, para ser los primeros de la fila para vacunarse. O el analfabeta Juan José Origel hablando mal del sistema de salud del país por haber podido vacunarse ilegalmente en el vecino país del norte. Ahora a ver quién le proporciona la segunda dosis.

Anteriormente la equidad entre las clases sociales y la igualdad entre los mexicanos no existía.

Queda muy claro la historia de los privilegios en México de la que todos hemos sido testigos en más de una ocasión, muestra fehaciente de la injusticia. Pero hay quienes persisten en conservar esos privilegios y en tiempos electorales demuestran, una vez más, para qué quieren ganar las elecciones.

En días pasados, 33 personas de alto poder adquisitivo acudieron a la comunidad González Ortega, en el municipio de Villa de Cos, para recibir la vacuna contra el Covid-19, lo que provocó indignación entre los habitantes del lugar y reproches en redes sociales y medios locales.

Entre quienes se aplicaron el biológico destaca Rafael Borrego Estrada, hermano de Genaro Borrego, exgobernador priista de Zacatecas y quien encabezó el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

Asimismo, fue inoculada Margarita Alonso Borrego, prima hermana del exgobernador Miguel Alonso Reyes, también emanado del PRI, y el esposo de ésta, Manuel Sescosse Varela, hermano de Manuel Fernando Sescosse, exdirectivo del Grupo Financiero Banorte. Otra fue Flavia Cristerna Contreras, tía del actual mandatario estatal priista, Alejandro Tello Cristerna.

La mayoría de quienes se vacunaron en Bañón han militado en el PRI o en el PAN y viven en las colonias de mayor plusvalía de la zona conurbada a la capital de Zacatecas: Lomas de Bernárdez, Sierra de Álica, Conde Santiago de la Laguna, Tahona, entre otras.

En México privan todavía los privilegios, no debe haber mexicanos de primera y de segunda, muestra de la injusticia y la desigualdad. Esos que niegan que somos iguales luchan por la desigualdad, se consideran superiores y en ese intento han dejado un país en ruinas a causa de sus privilegios precisamente.

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