Fraude, vicio centenario

Postigo

Por José García Sánchez

Para la televisión mexicana convertida en oficina de Comunicación Social del PRI, argumentar fraude electoral es un exceso, a pesar de las excesivas irregularidades a lo largo y ancho del estado de México y Coahuila. Debe sorprender, todavía a una semana de las elecciones cómo en el Estado de México y Coahuila puede observarse una realidad muy diferente a la que aparece en los medios.

Protestar por la legalidad en las elecciones significa para los locutores de los medios electrónicos violentar la paz social de México, cuando en realidad quienes la violentan son quienes alteraron el orden evidentemente en estos comicios. Para los analistas televisivos lo natural es aceptar los resultados aunque la autoridad electoral sea cómplice del fraude y esté evidentemente coaligada con el PRI y sus candidatos.

Ha habido muchas muestras de la alteración de actas, de compra de votos, de coacción de tendencias, de manipulación de encuestas, de acusaciones sin sentido, etc.

Esta vez está más claro, por sus excesos, el fraude que el argumento que quieren endilgarle a López Obrador y que tiene que ver con una supuesta obsesión por el poder. Quienes quieren verlo como a un demente tienen mucho que perder con algún triunfo electoral que pueda obtener. No es un diagnóstico de profesionales sino de afectados directos por una política diferente a la que le otorga privilegios.

No es patología del contrincante sino interés particular de quienes quieren hacerlo ver cómo un loco, cuyo partido, finalmente ganó las elecciones en el Estado de México. El gobierno siempre tuvo candidato en el estado de México, lo arropó y protegió hasta el último momento.

Buena o mala la política de López Obrador se trata de un oponente político, cuyo triunfo debe ser respetado, pero la campaña en su contra no es de programas y proyectos sino de descalificaciones tan generalizadas y repetitivas que pareciera que todos siguen el guión de un mismo escritor. Los observadores internacionales denominaron la elección del Estado de México como la más fraudulenta en la historia de México.

Esta vez fue escandalosa y descarada la participación de los tres niveles de gobierno priísta en la elección del Estado de México. En este mismo espacio se advirtió desde meses atrás el reparto de tinacos, sacos de cemento, lámina, despensas, etc.

El PRI sabe que no ganó la elección. Alfredo del Mazo sabe que no ganó la elección y el Presidente de la República sabe que su partido perdió la elección. Lo más probable es que no bajen a Del Mazo de la posición deseada por el tricolor, pero las impugnaciones son tantas que rebasan, con mucho, la diferencia de votos. Así, el PRI muestra mayor fragilidad en el propósito legalizar el fraude y defenderlo, que reconocer la victoria de otro partido en el estado de México y en Coahuila. Observadores electorales internacionales, la mayoría de ellos catedráticos de universidades de estados unidos llamaron a los perpetradores del fraude miembro de un crimen organizado, porque comentan que fue una sistematización planeada y con las ventajas que implica la impunidad. El grave retroceso que implica este tipo de elecciones para un sistema político como el del país, advierte sobre otros retrocesos tan graves como el político y que tiene que ver con la alimentación, el empleo la pobreza, la miseria. Las presiones dentro y fuera del país son muchas, aunque no tantas como las anomalías, a pesar de ello finalmente el PRI y el gobierno federal deberán ceder al verdadero triunfador o Coahuila o Estado de México. Sabemos, desde ahora, que será Coahuila. 

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