García Bringas: el arte de traicionar

* Nada tiene el candidato del PRI * “Es un flan”, dicen los priístas * Niega alcalde haber desaparecido a Moisés * PAN pide que la PGR atraiga el caso * Yunes Linares encabeza lista pluri del PAN * Benita contradice al gobernador

Sabrá a qué santo se encomienda Rafael García Bringas, pero su carrera política es un milagro. No tiene base social. Desdeña al que lo ayuda. Traiciona en cada lance. Y cuando yace en el olvido, no falta una mano ingenua que lo extrae de sus cenizas.

Nada vale políticamente el virtual candidato del PRI a la diputación federal por Coatzacoalcos. Sus fans se disgregaron en el tiempo y en la duda, a veces en la oposición, a veces en el regazo del poder, pero invariablemente viendo a García Bringas en el disfrute de las prebendas, negado siempre a compartir.

Ser ahora candidato a diputado no halaga a los priístas, conocedores de sus olvidos, su traición en 2007 y 2009, sus juicios lacerantes, las palabras que descalificaban y agraviaban, mientras el panismo lo hacía su figura estelar.

García Bringas es un accidente político. Lo inventó el ex alcalde Edel Álvarez Peña, otro aventurero de la política, líder local y estatal del PRI, tesorero municipal, funcionario de segundo nivel en el gobierno estatal, que lo mismo es impartidor de justicia como magistrado que remedo de periodista tan sólo por haber adquirido un diario, Liberal del Sur, que sólo pega cuando requiere que le paguen sus facturas de publicidad. Después de ello, que venga la mordaza.

Alvarez Peña, alias Cara de Muela, lo hizo síndico municipal en 1992, su firma usada para avalar los trastupijes de su gobierno, las obras con el Pronasol, el enriquecimiento total. Luego lo envió al Congreso de Veracruz como diputado local y de ahí regresó para ser alcalde sustituto, en 1994, cuando Edel contendió por la diputación federal y perdió.

Quiso ser diputado federal en 1997, pero un ilustre desconocido, Luis Rojas Chávez, del Partido de la Revolución Democrática, lo masacró más por el voto de castigo y la inercia del cardenismo, que por méritos propios.

Lo suyo es la oftalmología y ahí también tiene pecados descomunales. Su pasado profesional es para un guión de cine, un filme de agravio al paciente, las malas compañías, el ayudante charlatán y el peculado pues el que cobra sin trabajar o lucra a expensas de las instituciones incurre en esa figura delictiva.

García Bringas cruzó su vida pública con Fidel Herrera Beltrán, dado el ex gobernador de Veracruz a exaltar la imagen de los médicos dedicados a la política, creído de la bondad y el compromiso social. Se cayeron bien y se usaron.

Fue su referente en Coatzacoalcos, en 1999, impulsores ambos del proyecto del Corredor Transístmico, que en aquellos días enarbolaba el alcalde Armando Rotter Maldonado, del PRD, y que servía a Fidel Herrera para pueblear en el sur, en su lógica el gobierno de Veracruz, en sus adentros la ambición.

García Bringas era el mocito de la fidelidad pero nada obtuvo en los años por venir. Lo olvidó Miguel Alemán; lo engañó Fidel Herrera; le retiró el subsidio Marcelo Montiel Montiel, entonces dueño de la alcaldía de Coatzacoalcos.

Huérfano de todos, políticamente averiado, le dio vida a un proyecto propio: Alianza Porteña. Y con él pujó. Ahí conformó las estructuras que sostenían sus destellos de ambición. Era el sueño hecho realidad, su plataforma y el ariete para enfrentar al PRI.

Dejó su militancia, su vínculo con sus mecenas, se alejó del fidelismo, trabó alianzas y enfrentó en 2007 a Marcelo Montiel, quien buscaba por segunda vez la alcaldía de Coatzacoalcos.

Contendió por el PAN, sumados a él los antimarcelistas: el grupo de Iván Hillman Chapoy, Roberto Chagra Nacif, Gonzalo Guízar Valladares y el panismo local.

Pudo ganar pero sucumbió ante la fuerza del fraude. Marcelo Montiel fue impuesto, comprado el voto en las colonias, controlados los órganos electorales.

García Bringas se replegó y dos años después enfrentó de nuevo al PRI. En 2009 contendió por la diputación federal por el distrito de Coatzacoalcos, luego de sufrir ataques y embestidas de pseudopanistas como Jaime Quintanilla Hayek, que le regateaban la candidatura.

García Bringas enfrentó a su antiguo aliado, Iván Hillman Chapoy, que veía en la diputación federal su tabla de salvación para continuar en la política luego de su desastrosa gestión como alcalde de Coatzacoalcos, donde dispuso de 2 mil millones de pesos sin realizar una obra decente. Construía banquetas y guarniciones pero se olvidó de las calles. Era un carnaval de facturas sin nada que lo sustentara.

Ayudado por Marcelo Montiel, García Bringas aplastó en la elección a Iván Hillman y lo envió a la congeladora. Era la debacle del ivanismo y del Clan de la Succión.

Pronto fue absorbido por Miguel Ángel Yunes Linares. Le prometía el panista que lo haría alcalde de Coatzacoalcos en 2010. Y el iluso le creyó.

Un golpe de timón lo frustró. Yunes impuso a Gonzalo Guízar, quien acababa de abandonar al PRI, resentido por el engaño de Fidel Herrera, que le negó la candidatura tras un regateo con el entonces secretario de Obras Públicas municipales, Joaquín Caballero Rosiñol. Ni uno ni otro lograrían nada; el candidato fue Marco César Theurel Cotero. Ganaba Fidel, perdían todos.

Víctima de Yunes Linares, García Bringas fue acogido de nuevo por Fidel Herrera en 2013. El PRI le dio entrada. Lo hizo candidato plurinominal a diputado local y llegó al Congreso. Levantadedos, cómplice de las tropelías del gobernador Javier Duarte, ha sido patético su rol legislativo, sumado a la mayoría que vota por obligación, violando incluso la ley.

Dejó el Congreso cuando el gobernador Javier Duarte lo convirtió en candidato a diputado federal, improvisado para asestarle un golpe letal al marcelismo y dejar al delfín de Marcelo Montiel, Víctor Rodríguez Gallegos, subdelegado administrativo de la Sedesol federal en Veracruz, sin posibilidad de contender.

Apenas si brilla García Bringas. Sus estructuras tácitamente no existen. Lo repudian los priístas y carece de capital político, discurso que convenza, trabajo social. Pesa sobre él el estigma de la traición. Fue fidelista, luego yunista, ahora duartista, o sea, de nuevo fidelista.

Año y medio tiene que regresó al PRI. Fuera de una que otra declaración pública, oportunista sin pudor, García Bringas no hace gala de un compromiso leal.

Fue omiso cuando la crisis de agua le pegó a Coatzacoalcos. No tendió puentes ni creó un escenario de solución. Se le vio en otro mundo, en la burbuja legislativa, en la palabrería de otros temas, que la sufran los porteños.

Su candidatura es el mejor regalo para la oposición. Desde que Iván Hillman contendió por la diputación federal en 2009, y García Bringas lo derrotó, el PRI no había tenido un candidato tan paniaguado. “Es un flan”, dicen de él los priístas.

Su vida política es un milagro. No se sabe que rece rosarios. No se le conoce devoción alguna. Sin grupo, sin empaque, con imagen de traidor a todos, Javier Duarte lo envía a envía a enfrentar la peor elección.

Nada tiene García Bringas y así va a contender.

Con información de mussiocardenas.com

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