Gerardo Buganza, el desencanto

En la peor mutación que puede sufrir un político, Gerardo Buganza Salmerón se traicionó a sí mismo en el mes de diciembre de 2010. Hombre bíblico, cambió principios por las 30 monedas de Judas. Ahora, de cara al final del llamado sexenio próspero está desdibujado.

Todo su capital político construido desde la oposición, el PAN, descarriló. Ahora, nadie cree que un milagro divino lo transfigure en candidato a gobernador el año entrante.

De entrada, en el PAN tiene tache y ni siquiera lo aceptarían como candidato externo.

En el PRI ninguno de los grupos lo dejaría ni permitiría, incluso, en la inteligencia de una insólita desbandada. Entre los partidos de izquierda, ni soñando.

Por ejemplo, nadie lo imaginaría como candidato, digamos, del PRD, el PT y/o MORENA. Tampoco del Movimiento Ciudadano. Quizá, acaso, el biólogo Alfredo Tress, tan ambicioso para el billete, lo nominaría a cambio de un billete significativo, millonario. Y al Viagra de Mario Tejeda Tejeda no le da.

Está claro que en el año 2004 ante Fidel Herrera ganó la elección en las urnas. Pero la perdió en el tribunal, donde el fogoso sedujo a todos. Por eso mismo el premio a Emeterio López Márquez como procurador de Justicia, a quien, por cierto, Buganza, hombre de fe, perdonó… creyendo que así ganaría indulgencias en el otro lado del charco de la vida.

Pero Buganza es un político que busca poder en el mundo terrenal, en ningún momento en el cielo. Y por eso mismo, empujado por su también ambición desmedida, se dobló ante Fidel, se tiró al piso de Javier Duarte que lo compró con la secretaría General de Gobierno, y ahora, nadie cree que pueda quedarse con la candidatura priista a la silla embrujada del palacio de gobierno.

EL TIEMPO SE LE AGOTÓ

Siempre ha deseado sorprender en el ejercicio del poder. Va a misa. Se arrodilla ante el cura para confesarse. Comulga todos los días, pues el costal de pecados que carga a la espalda ha de ser gigantesco, como aquel, por ejemplo, de despedir de forma humillante a una burócrata senil de la SIOP.

Tal cual, enarboló un discurso mesiánico. No soy tapadera de nadie, dijo; pero la denuncia penal ante la Fiscalía en contra de algunos de sus antecesores en la SECOM y en contra de 35 constructoras, simple y llanamente el Fiscal las archivó y, además, sin darle una explicación.

En los penales mando yo, dijo al principio del sexenio, en Coatzacoalcos, cuando, oh sorpresa, en los CERESO más importantes de Veracruz hay un co-gobierno con los presos según el discurso oficialesco, aun cuando en la realidad es con los malosos.

Un día, el mismo día, en la mañana pronunció la homilía en vez del obispo de Córdoba en un pueblito de la diócesis y en la noche entró al lado del arzobispo de Xalapa a una iglesia de El Dique.

Sus boletineros magnifican su austeridad monástica, como por ejemplo, aquella de que sólo hace una comida al día, a las once de la noche, claro, con una botella o dos de vino tinto, que tanto le gusta.

Pero, bueno, el resultado ahí está: el prestigio ganado en su paso por el PAN, en donde todos los cargos públicos desempeñados fueran por la vía pluri, es decir, el santo dedazo de las cofradías y El Yunque, al que perteneciera, se hizo polvo (polvo eres y en polvo te convertirás) en el sinuoso camino priista.

Ahora, ni modo, está desdibujado.

Nada lo liga con los senadores priistas, Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, si entre ellos estuviera el sucesor de Duarte, pues son harina de otro costal.

Y, al mismo tiempo, oh paradoja, tampoco nada lo liga con los llamados Chamacos de la fidelidad, por si en un ultra contra súper milagro alguno pudiera repuntar de aquí al destape del candidato a gobernador que mucho, muchísimo se duda.

Incluso, ellos que se den por bien pagados con la curul federal y que nadie les mueva el piso para ser inhabilitados…, a partir de sus trastupijes y enriquecimiento inexplicable.

EL GRAN TRAIDOR

Figura atractiva, las mujeres se derretían por él en la campaña de candidato panista a gobernador en el año 2004, a tal grado que de pronto se hizo acompañar de su esposa para evitar celos innecesarios.

Pero su leyenda se disparó cuando reveló al mundo su gran victoria sobre el cáncer, al que venció en una lucha titánica y sin precedente que sólo con la fuerza de voluntad de un espartano.

Con cargo al erario federal en su tiempo de senador viajó por el mundo cacareando una ventana de oportunidad turística para el país que nunca, jamás, llegó.

Legislador sin mayor trascendencia, un día en la Cuenca del Papaloapan se quitó un zapato y lo dejó en prenda a unos obreros insumisos y así llegó al palacio municipal de Cosamaloapan caminando con un solo zapato en medio de la lluvia torrencial bíblica, Cristo en el mar Rojo.

Pero a partir de que aceptó el plato de lentejas, su espíritu opositor, que tanto lo enalteciera, se desdibujó por completo y en el lado priista supieron que tenía precio.

Así, traicionó a los panistas, se traicionó a sí mismo y nunca levantó entre la elite y la familia y la militancia tricolor, oh Judas.

Lo peor del asunto es que como sigue soñando ni cuenta se ha dado de su descrédito político, ético, moral, social y partidista, de tal manera que ha de estar pensando en poner las dos mejillas con tal de ganar la cereza del pastel.

Ya es demasiado tarde…

Por: Luis Velázquez

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