Gran circo electoral y escasez democrática

Por: Arturo Salcido Beltrán

La muy incipiente y relativa democracia que vivimos y padecemos, escribe un capítulo más de errores y horrores. Pero, es el camino obligado. Ninguna democracia nace perfecta. En un país con amplias mayorías pobres y bajos niveles de escolaridad, las representaciones populares surgidas de él, tienen que, y deben, ser su reflejo. Aunque los pequeños intelectuales sufran por la ausencia de sus compañeritos de escuelas en el extranjero.

Hoy vemos y sufrimos partidos políticos carentes de proyecto, sin líderes, sin propuestas verdaderas, sin ideología. Sin idea de Nación, ni de Estado; sin concepto de formas de gobierno, mucho menos de un modelo de desarrollo económico y social.

Llegar a las posibilidades electorales actuales de nuestro país ha sido producto de un largo y doloroso proceso, en el cual, además de las etapas de represión e intolerancia, la falta de opciones políticas, la necesidad de subsistir, han estado presentes los cambios de camiseta, derivados principalmente de la debilidad ideológica y del oportunismo.  

Todos los partidos políticos del siglo xx, en nuestro país, surgieron desde el poder y para servir al poder, excepto el Partido Comunista Mexicano y algunas organizaciones menores. El registro político electoral del PCM, dio paso al PSUM y luego al PRD. Los partidos políticos que han acompañado al PRI y al PAN son negocios particulares y franquicias familiares sin representación; extraños estorbos que no sirven para nada, aunque siguen costándole al país. Eso incluye a lo que queda del PRD.

Morena es el único partido en nuestra historia que ha surgido de las bases, desde la oposición y ha alcanzado los cargos políticos más importantes en los tres niveles de gobierno y en los poderes ejecutivo y legislativo. Morena es un fenómeno político electoral que ha desafiado y derrotado a las estructuras políticas y económicas dominantes en el país, y que intenta transformar a la sociedad mexicana. Sin embargo, como gran movimiento de masas, aceptó en sus filas a todo el oportunismo electoral que se le acercó y de algún modo, ahora paga el precio, pues muchos de esos oportunistas se han apoderado de las estructuras electorales.

Para las elecciones de este año, Morena tiene amplias posibilidades de ganar en un alto porcentaje de los procesos y conservar la mayoría en el congreso, pero muchos de sus triunfos corresponderán a políticos agazapados listos para dar otro brinco más, según marquen los tiempos.

Un análisis superficial en cada proceso electoral muestra una serie de desconocidos de todos los partidos políticos, excepto en morena, cuyos candidatos, en su gran mayoría vienen del PRI y del PRD, apoderados ya de sus maquinarias electorales. Que sean desconocidos, en algún tiempo será reflejo de una democracia más avanzada; por ahora sólo significa ausencia de cuadros de todos los partidos.

Fue necesario un largo periodo de luchas y demandas políticas para quitarle al PRI el control de las elecciones que ejercía a través de aparatos del Estado, primero creando el IFE y ahora el INE. Desde su origen este organismo ha tenido como principal tarea, manipular las elecciones, para lo cual cuenta con inmensos recursos económicos. Creado por los gobiernos del PRI, sigue obedeciendo al PRI.

Entre las principales objeciones al INE, está el enorme aparato aristocrático que lo dirige y el excesivo gasto que lo acompaña, además del derroche en las campañas electorales, incluyendo presupuestos absurdos de apoyo a los partidos. Es tan alto y absurdo el presupuesto del INE que limitarlo al 20% actual seguiría siendo excesivo.

Lejos de los tiempos en que los viejos priístas intentaban legitimarse llenando de basura las calles en campañas de varios meses, la tecnología vuelve innecesario e inútil ese juego. Las campañas deben ser cortas, propositivas, con gastos reducidos, eliminando miles de millones de anuncios en radio y televisión y cesando el bombardeo a la ciudadanía con mensajes bobos y de guerra sucia.

Se debe limitar y reglamentar el uso de prensa escrita, radio, televisión y redes sociales con fines políticos. Gran parte de la corrupción que padecemos en la prensa se debe a su uso político

Por ahora, las elecciones son dominadas por quienes más dinero destinan a ese propósito. En países como Estados Unidos, hace muchos años que los candidatos a cada puesto de elección popular destinan cientos y hasta miles de millones de dólares, que son aportados en su mayoría por grandes corporaciones que los convierten en sus representantes directos. Las campañas de los candidatos a presidente cuestan miles de millones que en su mayoría aportan las grandes empresas dedicadas a la producción de armas. Más allá de quien pague, lo real es que la elección es para ricos. Los electores pueden escoger cuál político de qué grupo de grandes empresas quieren que los represente.

En México, los grandes empresarios, creados y enriquecidos con presupuestos de gobierno, también deciden sobre candidaturas y de algún modo sobre triunfos. Es indudable que cualquier campaña electoral, a cualquier cargo, cuesta mucho más que el salario que el candidato electo va a recibir durante el tiempo de su encargo. También es obvio, que cuesta mucho más que el recurso que les destine el INE, después de ser rasurado por los lideres del partido.

 En un avance democrático, por absurdo que a algunos les parezca, el costo de las campañas deberá ser mucho menor a los costos actuales, y necesariamente se deberá prohibir el uso de recursos económicos personales; todos los candidatos deberían limitar su gasto electoral a la cantidad de dinero que según el cargo al que aspiren les proporcione el INE, para lograr que cualquier ciudadano llegue a estar en condiciones de hacer realidad su derecho a ser votado.

Por otra parte, debe cancelarse definitivamente la elección indirecta de favoritos. La elección como ocurre ahora de diputados y senadores plurinominales es una burla al pueblo. Eso debe desaparecer; sin embargo, no estoy proponiendo como plantean voceros de derecha, la eliminación de los plurinominales. Tampoco propongo la reducción del número de diputados. Considero que debe desaparecer la cámara de senadores por inútil y superflua, pero eso será materia de otro artículo.

Igual que ahora, considero adecuado que la cámara de diputados se integre con 500 diputado; 300 electos por la votación más alta en cada uno de los distritos, y 200 para completar la representación proporcional que cada partido alcance en la votación nacional.

La diferencia que propongo, consiste en que esos 200 no sean producto de una lista de favoritos, hijos, sobrinos amantes, compadres de los dueños de los partidos, que ni siquiera luchan por el voto, sino que, de acuerdo a la votación de cada partido, además de sus triunfos de mayoría que obtendrían la representación directa, a los partidos se les reconozcan y se le asignen los diputados que les correspondan, si les hiciera falta para completar su porcentaje nacional de votación.

Ejemplo, si el partido AAA, obtiene el 10 % de la votación nacional y gana 20 diputaciones de mayoría; considerando que el 10 % de 500 es 50, le faltarían 30 diputados para completar su porcentaje, por lo tanto, esas 30 diputaciones se asignarían de los candidatos de ese mismo partido, que hubieran obtenido las votaciones más altas, en orden descendente.

De esa manera, podía darse el caso de que 300 distritos electorales tendrían asegurada su representación con el candidato que hubiera obtenido la votación más alta y 200 distritos verían también como su diputado a quien hubiera obtenido el segundo lugar.   

Ese procedimiento lograría que cada distrito tuviera al representante más votado, y a nivel nacional, estaría reflejada en sus porcentajes, la voluntad nacional del pueblo. No hace falta insistir, pero lo haré, que en la actualidad las cámaras reflejan más los caprichos de los dueños de los partidos.  

Por otra parte, México puede y necesita avanzar hacia un sistema parlamentario, en el cual, sea una asamblea popular, la que asuma la administración pública. Eso también será otro tema.

________________

Arturo Salcido Beltrán, diputado federal del partido comunista mexicano, 1979-1982.

Presidente del Colegio Nacional de Economistas, 1989.1992.

00
Compartir