Gustavo Sousa: ¿secuestro o autosecuestro?

Gustavo Sousa, aquel de Villarín, aquel de la carrera ilegal, de los caballos que suscitaban apuestas, que tensaban a los zetas, el de la balacera y la rodilla herida, el enviado por Fidel Herrera, está desaparecido, quizá secuestrado, quizá nunca regrese.

Se le vio la tarde del martes 22. Corría sobre el malecón de Veracruz, como habitualmente lo hace, y no se volvió a saber de él, supuestamente plagiado y entre el mar de versiones, se desliza que sus captores habrían exigido 2 millones de dólares por su liberación.

A eso de las 6 de la tarde caminaba sobre el malecón, cerca de su domicilio en Boca del Río, después de reunirse con miembros de la Confederación Patronal de la República Mexicana, la Coparmex.

El levantón ocurrió cerca de la Torre Tajín, cercana a la Isla del Amor, donde solía acudir a realizar su rutina sin ninguna protección personal Gómez.

Habría estado durante la mañana en el café La Parroquia de Gómez Farías y malecón y luego habría desarrollado su actividad normal hasta la tarde en que se dejó de tener contacto con él.

Boquiflojo, hablador sin freno, no se mide Gustavo Sousa para pregonar su amistad con el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, pródigo el de Nopaltepec, generoso con sus amigos, mucho más con sus cómplices políticos, y que gracias a él, al sultán del Golfo, ha transitado años por el gobierno, asido a la ubre presupuestal, lo que ha traducido en una fortuna personal.

Polémico, pues, el notario número uno de Veracruz, tiene en vilo al duartismo y a la fidelidad y al paso de las horas se va consolidando como un típico caso que apunta al secuestro, o al autosecuestro, o a la conveniente desaparición pues en el ámbito público ocupa el cargo de presidente del Fideicomiso del 2 por Ciento a la Nómina, una de las cajas chicas de los hombres del poder, con sus asegunes, con su normatividad violentada, con pagos irregulares, realizados, pero fuera de procedimiento.

Dos días después, en la Fiscalía General de Veracruz ocurría algo inusual. Tan afecto a hablar, tan protagónico, tan fanfarrón, el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”, enmudeció ante el presunto secuestro de Gustavo Sousa. ¿Por qué?

Calla “Culín” mientras a la prensa acreditada en áreas policíacas y la Fiscalía General se le pide no tocar el tema, no indagar, no escudriñar para no poner en riesgo la vida del titular del Fideicomiso del 2 por ciento de la nómina de las empresas.

Y si les piden no informar, mucho menos especular, ni insinuar ni chistar, lógico es que el secuestro es real.

Gustavo Sousa fue secretario de Turismo en el régimen fidelista, a su alcance un fastuoso presupuesto, los viajes, el lado amable del gobierno, las viandas y el drink, las playas, los mejores hoteles, los grandes eventos, El Tajín, La Candelaria, los carnavales, la vida de rey.

Pero nada le dio tanta fama como aquel suceso violento en Villarín, poblado de Santa Fe, municipio de Veracruz, el 3 de marzo de 2007, en una célebre carrera de caballos cuarto de milla de la que no pudo el disfrutar el triunfo, menos saber quién se llevó las apuestas, porque aquello terminó peor que el Rosario de Amozoc y él, salió directo al hospital.

Apuntan los relatos, reportajes y columnas políticas, que a Villarín acudieron Los Zetas. Y Pancho Colorado Cessa, dueño de ADT Petroservicios, hoy procesado en Texas, Estados Unidos, por lavar dinero para los zetas, vía la compra de caballos cuarto de milla, quien hasta pagó desplegados para desestimar la versión. Y Edgar Valdez Villarreal, La Barbie, el célebre narco que fue trofeo de Genaro García Luna en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa cuando se le capturó.

Tirante el momento, resuelto el ganador, vino la desavenencia. Y las desavenencias las resuelven los narcos a balazos. Y hubo dos muertos, uno de ellos Efraín Teodoro Torres, La Chispa o Z-14, jefe de plaza, fundador de Los Zetas, uno de los hombres más allegados a Heriberto Lazcano y Miguel Ángel Treviño Morales, sentenciado en mantas de organizaciones rivales que fueron colocadas en varios estados del país. De que lo iban a matar, lo iban a matar.

Del caso escribió el periodista Jorge Fernández Menéndez, en su columna Razones, en Excélsior:

“En el fin de semana, en Veracruz, se dio otro hecho peculiar. En una carrera parejera participaron tres caballos: uno de Monterrey, otro de Chiapas y un tercero de una cuadra de Paso Pital, localidad cercana a Nautla, éste, propiedad de Francisco Colorado, un hombre apodado Pancho Colorado. Su caballo empató con el de la familia Valdovinos de Chiapas y la gente de Colorado (que resultaron ser de Los Zetas) comenzó una balacera que terminó con la muerte de dos personas y varios heridos. Uno de los muertos se ha especulado que podría ser Heriberto Lazcano, el líder de Los Zetas, o uno de sus más cercanos lugartenientes, apodado el Z13. Francisco Colorado fue uno de los principales contribuyentes para la campaña electoral del gobernador Fidel Herrera. En realidad, todos los involucrados en los hechos tienen fuertes relaciones políticas en Veracruz, Tamaulipas, Campeche, Tabasco, Oaxaca y Chiapas”.

El muerto fue Efraín Teodoro Torres, el Z-14, a quien inicialmente se identificó como Roberto Carmona Gasperín. Luego se determinó que era el ex fundador de Los Zetas. Llegó a vivo al hospital Millenium, en Veracruz, pero poco después falleció. Su cadáver fue sustraído por un comando armado, dando pie a suponer erróneamente que se trataba de Lazcano o Treviño Morales, los líderes máximos de la organización.

Fidel y su gobierno negaban la presencia de Gustavo Sousa en la balacera de Villarín, menos que hubiera resultado herido, pero las versiones, los testigos, los reportajes dieron cuenta de la afición del más fidelista de sus amigos por el juego y las carreras de caballos.

Hoy preside en Fideicomiso del 2 por ciento a la nómina. Capotea acusaciones de malos manejos y reconoce que por lo menos 3 mil millones de pesos en adeudo a proveedores los pagó directamente la Secretaría de Finanzas del Gobierno de Veracruz sin pasar por el Fideicomiso.

Hoy no aparece. Se presume un secuestro. Se habla de un reclamo de 2 millones de dólares. Y si no, su vida no vale nada.

No se acredita aún, oficialmente, el secuestro. De ser así, es el primer golpe al gobierno de Javier Duarte en un funcionario de alto nivel, consentido de Fidel Herrera, al que le debe fortuna y poder. De ser secuestro, es aviso del crimen organizado al gobernador de Veracruz, a estas alturas sin control la violencia y los que la generan.

Pero no se descarta el autosecuestro. O que sea simplemente un distractor.

(Con información de mussiocardenas.com)

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