Haciendo de la Memoria Histórica un ejercicio cotidiano. II

SOBRE LA MESA

Por: Laura Cevallos

(Periodo: Guerra Sucia – Represión por parte de Policías Políticas)

Anteriormente habíamos hablado de la necesidad de traer al presente los hechos más escalofriantes de los sexenios anteriores y es así que debo abonar con lo ocurrido antes, incluso, de los últimos cinco sexenios a que nos está llevando la consulta. De hecho, sostengo que aún hoy siguen con vida algunos de esos personajes que participaron en las represiones de fines de los años sesenta; sin ir más lejos, la que cobró la vida de decenas de jóvenes que en 1968, se manifestaban pacífica y justamente en la Plaza de las Tres Culturas y que fueron presa del Batallón Olimpia, grupo infiltrado para reprimir, y que condujeron el asesinato y a más o menos dos mil detenciones ilegales, por un gobierno que no simuló un momento haberse arrepentido del exceso brutal de su fuerza marcial contra estudiantes desarmados, es el primer acto de impunidad cínica de parte de las autoridades y que se consumó como la manera preferida de los gobiernos para silenciar a los que protestaban. En 1971, el infame “Halconazo” repitió la orden de matar a los estudiantes y tanto las autoridades como los perpetradores de la masacre, fueron obviados de la justicia.

Inicio así la etapa de violencia abiertamente impúdica de los presidentes que lo mismo desaparecían o asesinaban sin miramientos a luchadores sociales como Rosendo Radilla, Genaro Vázquez Rojas, Lucio Cabañas; a periodistas, a manifestantes, a candidatos de oposición e incluso, a los suyos propios. Los años de guerra sucia de Echeverría en que se exterminaba sistemáticamente a los “guerrilleros” que participaban en “conflictos internos” terminaron, según palabras de su sucesor López Portillo, para convertirse en años de represión a manos de las policías políticas que empezaron con la costumbre de penalizar los derechos políticos y civiles de los ciudadanos y a quienes se les inventaban delitos con la mascarada de que incurrían en crímenes de Estado. Es decir, la línea que trazó el rumbo de México desde finales de la década de 1960 fue la represión.

A cada sexenio se fue profundizando la brecha socioeconómica que generó, consecuentemente, cada vez más pobres que exigían solución a sus problemas de vivienda, salud, educación… sin embargo, las crisis económicas estaban por recrudecerse durante el periodo de López Portillo, quien defendería el peso como un perro… pero para unos amos que no eran “el pueblo”. La mega crisis de 1981, alimentada además por una moratoria en el pago de la deuda externa y la nacionalización de la banca privada, recortes al gasto público, elevación de las tasas de interés, alzas de impuestos y tarifas y, sobre todo, eliminando los subsidios a los productos de la canasta básica.

Miguel De la Madrid recibió un país en deuda y además, incrementó la deuda exterior mediante un empréstito avalado por el Fondo Monetario Internacional, con todo lo que estos instrumentos aparejan. Este sexenio de tecnócratas, se caracterizó por las constantes devaluaciones y pérdida de confianza en el peso para invertir. Además, el terremoto de 1985 y la soberbia del gobierno empeñado en ocultar las dimensiones de la desgracia y el rechazo a la ayuda internacional, siguieron profundizando el descontento general. Tal descontento fue la piedra de toque con que finalmente, los entonces opositores al sistema dieron primer un golpe de soberanía, con el que demostraron que podían ser la opción de millones de mexicanos que urgían un liderazgo político y real, por lo que, en las elecciones de 1988 la izquierda mexicana ganó la elección, de no ser porque el jefe del ejecutivo ordenó que, desde la Secretaría de Gobernación, donde se organizaba, operaba y contabilizaba la elección, se le concediera el triunfo a Salinas de Gortari. La ilegalidad electoral cobró su primer fraude y de su mano, se cayó en la espiral de pobreza-violencia-represión de la que parecía no íbamos a salir nunca. En este periodo, a pesar de que De la Madrid ejecutó un par de actos anticorrupción -la destitución y encarcelamiento de Durazo, Jefe de la Policía y amigo personal del mandatario, por enriquecimiento ilícito, quien fue detenido por el FBI en Puerto Rico; así como de Díaz Serrano, Director de Pemex, por especulación en ventas petroleras) también fue notorio el pacto con el cartel dirigido por Caro Quintero por los funcionarios de más alto nivel, lo que ocasionó enfrentamientos brutales en Sinaloa y la tortura y asesinato de Enrique “Quiqui” Camarena, así como la inútil muerte del periodista Manuel Buendía, entre muchos otros.

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