Héctor Yunes, duartizado

•Lo agarran de tonto…
•Engañado por segunda vez

I

Según el politólogo Carlos Ronzón Verónica, si hoy fuera la elección del candidato priista a gobernador de Veracruz el senador Héctor Yunes Landa sería el favorito de Javier Duarte.

Y, bueno, habría de sopesar las ventajas y desventajas, las conveniencias y las inconveniencias para el discípulo de Manlio Fabio Beltrones, coordinador de la bancada priista en el Congreso de la Unión, y de Alfredo del Mazo González, el tlatoani del grupo Atlacomulco, a quien el presidente Enrique Peña Nieto llama tío.

De acuerdo con el profe, Héctor creció en el imaginario colectivo y la percepción ciudadana a partir de su crítica sistemática a Javier Duarte, incluso, desde el año 2010, cuando a cada rato lo satanizaba igual que a Fidel Herrera, denunciando un piso disparejo para la sucesión de entonces.

Y si se considera que lo más importante en un político es la imagen pública, el hecho de que ahora y por ahora viva una luna de miel con Duarte, la militancia priista siente que ya fue planchado.

Y, por tanto, su imagen puede descarrilar.

Incluso, y dado el descrédito del duartismo, más con la disputa de los carteles y cartelitos por la plaza Veracruz (los seis cadáveres tirados en el libramiento del Plan del Río, el más icónico), la vorágine arrastraría a Yunes Landa.

Por eso, al senador convendría medir las consecuencias políticas y electorales sobre el precio que pagaría con esa rara y extraña alianza generacional.

II

Según Ronzón, hay en el senador un exceso de confianza política, pues el pasado condena al fideduartismo, el fenómeno político derivado de la alianza Fidel Herrera y Javier Duarte.

En el año 2010, por ejemplo, una y otra vez el góber fogoso y gozoso lo alentó que sería el candidato priista para heredarle la silla embrujada del palacio de gobierno.

Héctor se movilizó tanto en Veracruz con la militancia como en el altiplano con sus amigos y redes políticas y sociales, que van, dice él, desde Beltrones y Alfredo del Mazo hasta el mismo Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del estado de México y quien lo apoyara con 500 millones de pesos para la precampaña.

Es más, interpeló al CEN del PRI para que el piso estuviera parejo, y más, con el profe Humberto Moreira al frente, quien igual que César Camacho Quiroz en el estado de México, había sido su líder juvenil estatal en Coahuila cuando Héctor Yunes fuera dirigente nacional del MNJR.

A la mera hora, el fogoso mostró su carta por su favorito que era Javier Duarte.

Hoy, todo indica que el senador ha sido cortejado por Duarte para convencerlo de que es su candidato.

¡Ay, pues, dice Ronzón, si cree en la palabra y en los acuerdos que antes nunca, jamás, fueron respetados!

Todo indica que lo estarían agarrando de tonto.

III

Si la política es cambiante y se mueve según las circunstancias, Javier Duarte primero tuvo como candidato a la sucesión a su compadre Salvador Manzur Díaz, descarrilado por el Pacto México.

Luego, mudó a Fernando Chárleston Hernández, a quien nombrara secretario de Finanzas y Planeación.

Después, a Alberto Silva Ramos, a quien sacó de presidente municipal de Tuxpan, incorporó al gabinete legal como secretario de Desarrollo Social, pasó a vocero y es candidato a diputado federal.

Ahora, según las versiones, su candidato es el senador Yunes Landa.

Con tantos bandazos políticos y sicológicos, de aquí a la primavera del año 2016 falta mucho, demasiado tiempo.

Más aún: está claro que Héctor nunca, jamás, ha formado parte del primero, el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto círculo del poder de Duarte, ni tampoco de Fidel Herrera, por si su voz se escucha en la transición gubernamental.

¿Por qué, entonces, el senador ha de creer en el cántico de las sirenas?

Claro, se atravesaría una lógica dice Ronzón con la siguiente frase bíblica:

De todos los enanos, el enano más alto es Héctor.

Pero, cuidado, los enanos también son descarrilados.

IV

El senador también jugaría el mismo juego. Es decir, el arte del engaño. Tú me engañas y yo también, esperando si la cuerda se tensa y rompe y por el contrario, se mantiene la civilidad.

Mientras tanto, cabildea para convertir su Alianza Generacional en partido político, y así, tener su juguetito mayor.

Sería, pues, su más grande golpe de timón…

Por: Luis Velázquez

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