Héctor Yunes: el falso demócrata

De rodillas ante Javier Duarte, echador ayer, servil hoy, Héctor Yunes Landa ya olvidó que el gobernador de Veracruz es insensato, caprichoso, que impuso un gobierno de dos años para “enmascarar la reelección de una facción” política, sectario, autoritario y factor de desunión entre los priístas.

Lo tildaba así en el clímax de sus frecuentes iras, del odio que lo domina, la vesania y el rencor, en los días de la sucesión adelantada, herido el senador porque Javier Duarte, el inexperto títere de Fidel Herrera, le había roto el sueño y frustrado la ambición de gobernar Veracruz por seis años.

Hoy es otro. Héctor Yunes le lustra el calzado a Javier Duarte. Lo elogia y exalta. Cuida sus palabras, su intención para quien le abre la puerta para sucederlo en el gobierno de Veracruz.

“Quiero significar la presencia del señor gobernador del Estado, del Doctor Javier Duarte de Ochoa, y de su muy distinguida esposa la Doctora Karime Macías de Duarte (…) Sepa usted señor Gobernador que en los temas de Veracruz, puede seguir contando conmigo, a veces con mi crítica, también reconociendo aciertos, pero siempre, siempre enfatizando mi propuesta”, dijo en su tercer informe de actividades como senador.

Meloso y soflamero, cambiaba los adjetivos de otros tiempos. Ahora es el doctor Javier duarte. Antes fue el insensato, sectario, caprichoso, autoritario y punto de discordia entre los militantes del PRI.

Al informe de actividades del senador veracruzano llegó Javier Duarte, su nuevo padrino, su nuevo hacedor, el personaje que tras un pacto en las sombras le abre la puerta de la candidatura al gobierno estatal, lejos sus disputas, el ataque de la prensa duartista, el escarnio de que fuera objeto cuando junto con José Francisco Yunes Zorrilla, el otro senador, pretendieron evitar que el Congreso estatal aprobara el gobierno de dos años, de 2016 a 2018.

Su informe no es tal. Es el detonante de una campaña adelantada, trepado Héctor Yunes en el último autobús al gobierno de Veracruz. Sea de dos, de seis o de lo que fuere, es su última oportunidad de ser gobernador.

De ahí el descaro, la amnesia, el silencio ante sus palabras. Héctor Yunes padece Alzheimer a modo. Olvida lo que quiere, cuando quiere y si quiere. Transforma la denuncia en elogio y la crítica en lisonja.

Despotricaba en grande a inicios de año, el 8 de enero, tras dejar, él y Pepe Yunes, en el estrado a Javier Duarte, con ellos el presidente Enrique Peña Nieto, en el centenario de la promulgación de la Ley Agraria, en Veracruz.

“Se le percibe un afán sectario, de pequeñez, que permea en todos los ámbitos de la vida pública —expresó—. Es indudable que hay inestabilidad, atraso social, recesión. La clase política está confrontada con el gobernador. El PRI (está) dividido por una injerencia anacrónica y lamentable”.

Y en cuanto al PRI en Veracruz, dijo que “no existe unidad. Toda pretensión de mostrar lo contrario es un montaje en el que no vamos a participar. La unidad que pretende mostrar el gobernador del estado es supuesta e impuesta, y existe una clara injerencia del Ejecutivo estatal en la vida interna de los partidos políticos diferentes al nuestro. Hay desacuerdos sobre la forma como se conduce la cosa pública. Hay tentaciones autoritarias y vocaciones retardatarias, las cosas no pueden continuar por este camino”.

Sacudía entonces las estructuras del PRI. Atacaba a mansalva a un gobernador sin recursos ni oficio político, sin tablas para replegar a sus adversarios, sin talento para encauzar el proceso de sucesión.

Javier Duarte sólo sabe de suciedad y lodo. Un día lo atrajo, le ofreció hacerlo su candidato, compartirle espacios en el poder, hacerlo parte de la pandilla duartista, la misma que le impidió ser candidato en 2010, la que lo humilló, la que maniobró para no darle acceso al padrón priísta y así presentar las firmas que exigía la convocatoria del PRI, la que le movió la mano al tribunal para que desechara su protesta y le abriera la posibilidad de participar en una contienda interna que nunca existió, pues Javier Duarte fue producto de una imposición.

Con ellos pernocta Héctor Yunes. Sabrá qué hacen. Pero el senador es ahora el candidato de Javier Duarte. Vaya con el cinismo político que une a los malos con los peores, al descaro con la insensatez, al doble cara con el arbitrario ignorante.

Héctor Yunes gritaba cuando fue llamado al refugio de Javier Duarte. De ahí salió transformado, planchado, sometido, servil.

Comenzó el período de silencio, el discurso hueco, el pavoneo sin vergüenza. Lo peor que le pudo pasar a Héctor Yunes fue convertirse en ahijado del gobernador sin peso político, denostado por medio Veracruz, su desgobierno hecho añicos, en quiebra la entidad, la deuda a niveles descomunales, en plena parálisis financiera, la violencia in crescendo, su policía reprimiendo y asesinando inocentes, secuestrando y extorsionando.

Dice Héctor Yunes en su informe de actividades que no tiene “miedo, ataduras, compromisos, ni pactos vergonzantes”. ¿No?

“Estoy listo”, sostiene el senador veracruzano en alusión a contender por el gobierno de dos años, el que tanto desdeñó porque provocaría la falta de inversión y porque era un traje a la medida del grupo duartista para encubrir sus tropelías y el saqueo descomunal.

“Debemos devolver la confianza en la política, y que la gente nos crea que las cosas se harán mejor (…). En este andar también he visto el otro Veracruz, el de la pujanza, el creativo, el optimista, he visto la inversión que florece y el talento que destaca; he visto también la satisfacción de la meta alcanzada; trabajo para hacer que estos dos Veracruz se hermanen, para que se reecuentren, para que se vuelvan a mirar uno al otro sin rencor y sin vergüenza. El próximo año se definirá la suerte de Veracruz para los años que vendrán. Quiero decirlo claro y fuerte. Estoy listo”, señaló.

“No hay tiempo que perder. Hoy ya es ayer, sobre todo si el próximo gobierno tendrá solo 2 años de gestión, hacer una gestión eficiente y productiva en tan poco tiempo es un reto descomunal”.

Tenía a unos metros a Javier Duarte y le expresaba que el pueblo está inconforme con la corrupción. “Yo también”, acotó. Y propone inhabilitación perpetua para quienes lucren con los recursos de la sociedad.

Su discurso es una farsa. Apunta Héctor Yunes culpas sin culpables, el saqueo sin responsables, la corrupción sin identificar a quienes se nutren de ella.

Algo distingue a Javier Duarte y su gobierno. La corrupción no es un delito aislado; es la norma de acción. Sus funcionarios se enriquecen, acumulan fortunas, las exhiben, emprenden negocios, fundan empresas, publicitan la vida que se dan.

Héctor Yunes apenas y toca el tema. Y la corrupción es el tema central de Veracruz, el signo que distingue a Javier Duarte y su pandilla.

Yunes Landa no se complica. Tuvo a Javier Duarte a distancia. Pudo haber enviado un mensaje directo, establecer su distancia, simular que va a combatir todo rasgo de corrupción.

No lo hizo. Sabe que su padrino y aval es hoy Javier Duarte, el insensato, el autoritario, el caprichoso, el sectario, el personaje incapaz de unir a los priístas, que recurre a montajes a los que Héctor Yunes no se iba a prestar.

Llegó el montaje. Lo armó Javier Duarte. Se llamó Informe de Actividades y lo protagonizó el senador Héctor Yunes.

De rodillas ante el gobernador, Héctor Yunes se mostró como lo que es.

(Con información de mussiocardenas.com)

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