Héctor Yunes, favorito de Peña Nieto

•El presidente destapa a Yunes Landa para la candidatura a gobernador delante de Javier Duarte, Emilio Chuayffet y Rosario Robles
•En viaje de Veracruz a San Andrés Tuxtla, Peña Nieto dijo a Javier Duarte que Yunes Landa es el único que derrotaría a la oposición

El 16 de febrero, 2015, Enrique Peña Nieto aterrizó en el avión presidencial en el aeropuerto Heriberto Jara, de Veracruz.

Luego del saludo protocolario al gobernador Javier Duarte, treparon a un helicóptero con destino a San Andrés Tuxtla para una ceremonia más del llamado programa Combate a la pobreza, cuyo lema central es ‘’Sin hambre Veracruz prospera’’.

En el helicóptero subieron, además, un par de invitados secretariales del presidente. Rosario Robles Berlanga, la titular de SEDESOL, y Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación y Enlace Peñista con los gobernadores del sur/sureste de la nación, entre ellos, claro, Veracruz.

A la mitad del vuelo, volando a orilla del Golfo México, mirando a lo lejos fusionarse el mar con el cielo, mirando la vegetación de Los Tuxtlas llamado siglos atrás la Suiza jarocha, Peña Nieto preguntó, más o menos, lo siguiente a Javier Duarte:

–¿Cómo va tu relación con el senador Héctor Yunes?

Duarte pudo, quizá, contestar con el siguiente dato:

–Bien, presidente, bien, aun cuando al mismo tiempo los testigos sintieron una respuesta, digamos, institucional.

Entonces, el presidente reviró como sugerencia, digamos:

–Acércate con él. Desde hace 2 años, en la encuesta va en primer lugar. Es el único que puede derrotar a la oposición.

–Sí, presidente, sí, contestó Duarte.

Vino el silencio. El presidente miró hacia el Golfo de México y el bosque visto desde equis número de pies de altura. Chuayffet y Rosario Robles había parado oreja. Y callaron, sin cruzar mirada, sin mirarse entre sí.

En San Andrés Tuxtla, Peña Nieto trepó al templete donde de fondo existía una gigantesca leyenda. ‘’Sin hambre Veracruz prospera’’. Lejos todavía, entonces, estaba el dictamen del CONEVAL que ha denunciado que 6 de cada 10 habitantes de Veracruz son pobres y miserables, en tanto casi un millón y medio sólo hacen una o dos comidas al día, y mal comidas.

En el presídium, Peña Nieto, al centro. De lado izquierdo, Rosario Robles. De lado derecho, Javier Duarte y Chuayffet.

Tal cual, cuando cada uno trepaba por una escalerilla al templete, de pronto, Chuayffet, mirada de tigre en acecho, mejor dicho, de pantera, más sigilosa, advirtió sentado, sentadito en primera fila a Héctor Yunes.

Y se detuvo.

Y se detuvo tanto que retrocedió y bajó de la mitad de la escalerilla para acercarse a Héctor y darle un abrazo.

Y, de plano, confiarle el gran secreto político escuchado en el helicóptero en el vuelo del puerto jarocho a San Andrés Tuxtla.

Y regresó a la escalerilla a paso rápido, veloz, antes del inicio de la ceremonia.

Pasó el evento. Y en el inter, Rosario Robles miró a Héctor Yunes en luneta y le sonrió. Y le saludó con la mano.

Y de prisa y aprisa, antes de que el presidente bajara del templete, bajó Rosario Robles.

–¡Mi senador consentido!, le dijo abriendo los brazos para el abrazo afectivo y cariñoso.

También Yunes Landa los abrió. Y se fusionaron.

Así, Rosario susurró al oído de Héctor:

–¡Búscame en México!

Y se fue en la comitiva.

Al día siguiente, en México, Yunes Landa habló por teléfono a la secretaria de Desarrollo Social. Quedaron de verse. Hubieran deseado comer; pero ambos tenían cita. Por fortuna, en el mismo restaurante, a tres cuadras de sus oficinas.

A las 2:30 horas del 17 de febrero, Yunes Landa pasó por Rosario Robles a su oficina y se fueron caminando cada uno a su cita.

Ahí, Rosario contó a Héctor lo que había escuchado en el viaje del helicóptero con el presidente y el gobernador el día anterior.

–¡Ya lo sabía!, exclamó Héctor.

–¿Cómo, quién te lo dijo?

–Emilio Chuayffet.

–¡Ay, Emilio, siempre tan comunicativo!

EL PRESIDENTE YA LO DESTAPÓ…

El evento nacional sobre protección civil fue en Cancún. Peña Nieto lo presidiría. Los gobernadores sentados en la segunda fila, atrás del presidente. Héctor Yunes, presidente de la Comisión de Protección Civil del Senado, invitado.

Pero el vuelo de México a Cancún se atrasó. Y Héctor llegó tarde al evento. Aprisa y de prisa, corriendo, aunque unos minutos tarde.

El Estado Mayor Presidencial, EMP, lo esperaba, no obstante.

Y cuando entró desaforado al lugar, un militar del EMP, se le acercó:

–¿Usted es el senador Héctor Yunes?

–Sí.

–Venga conmigo. El presidente lo espera.

En el presídium ya estaban todos, apretaditos, cada uno en su silla.

El militar del EMP le buscó un espacio.

Aquí, en la orillita, en la segunda fila, donde estaban los gobernadores.

Oh fortuna y paradojas de la vida, lo sentaron cerca, cerquita del micrófono, donde el presidente lo miraría.

A fuerza.

Y cuando Peña Nieto inició su discurso, en el saludo al presídium, su mirada descubrió a Héctor Yunes y le guiñó.

Héctor sonrió.

Y de inmediato, el presidente dijo:

–Saludo aquí al presidente de la Comisión de Protección Civil del Senado, Héctor Yunes.

Y lo saludó con un aplauso.

Héctor, discreto, inclinó el rostro dando las gracias.

Peña Nieto tiene la costumbre de despedirse de mano del presídium y de las personas en la primera fila de luneta.

Y cuando tocó el turno a Héctor Yunes, le dijo:

–Señor presidente, me sentaron aquí en la fila de los gobernadores. ¿Me está usted enviando una señal para lo que viene en Veracruz?

Peña Nieto reviró con una pregunta:

-¿Estás muy obsesionado con eso?

–Sí, señor presidente, muy obsesionado.

Y el presidente sonrió. Y Héctor también.

El gobernador de Zacatecas, a un ladito de Héctor Yunes, le dijo:

–¡Ya está, Héctor! ¡Tú serás el candidato a gobernador! ¡El presidente te acaba de destapar delante de mí! ¡Su sonrisa lo dice todo!

Por: Luis Velázquez

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