Héctor Yunes se cuelga hasta de Donald Trump

Si pudiera, Héctor Yunes Landa ya hubiera golpeado a Donald Trump. Lo hubiera sometido y pateado. O habría tomado un machete, como reza aquel episodio de ira psiquiátrica contra el periodista Jorge Ricárdez Manrique, y lo trajera a planazos, mentadas y amenazas.

Sólo que Trump no es Manrique. Tiene una fortuna multimillonaria —en dólares—, es el dueño del certamen Miss Universo, desarrolla un posicionamiento mediático produciendo sus propios programas en televisión y encabeza a los precandidatos republicanos que aspiran a la presidencia de Estados Unidos. Su candidatura es un sueño aunque lo mismo se expresaba de Ronald Reagan y llegó.

Héctor Yunes es un actor. O mejor dicho, un actor de vena violenta. Con Trump se muestra rijoso, hablador, con los tamaños de una hormiga que le grita a un elefante y que supone que arrojándose a su cuello lo podrá derribar.

Trump, por supuesto, ni voltea a verlo. ¿Quién ser ese tal Yunes Landa?, pregunta el acaudalado empresario, por demás racista, que ha mostrado un desdén mayúsculo por los mexicanos, hasta tildarlos de criminales, violadores y narcotraficantes, “aunque algunos son buenas personas”. Si, algunos.

Trump es una figura cuestionable, pero figura. Basa una parte de su discurso en la inmigración y sostiene que a los ilegales hay que expulsarlos de su país y construir un gran muro para evitar que regresen.

De Trump se cuelga Héctor Yunes para engatusar a los veracruzanos que viven en Estados Unidos, a la vista el oportunismo electoral, el embuste y la demagogia.

En “política hay palabras que son como puños. Palabras que lastiman y actitudes que ofenden. Que lo escuche bien el señor Trump: ustedes no están solos”, dijo en Los Ángeles, California, el 16 de agosto.

Ese día abordaba el tema ante la Federación de Veracruzanos USA. Les llenaba el oído, los hacía soñar, tan parecido su rollo al de Fidel Herrera Beltrán, el gobernador que le negó el derecho a ser su sucesor.

“Vengo a decirles que no están solos —agregó—. Mucho menos hoy, en donde parece que el odio, la incomprensión y la ignorancia les acechan.

“No admito, como senador de la república, que se les agreda o se les estigmatice, sea por moda, por publicidad, por táctica electoral o por simple y llana ignorancia. Quien no tenga un amigo migrante, que lo busque. Yo ya los encontré”. (Aplausos, diría el comediante Memo Ríos).

No paró ahí. Este domingo 23 difundió su habitual artículo, recogido y difundido en prensa escrita y portales de internet. Bajo el título “Donald Trump: precursor de muros de odio y discriminación”, arremetió de nuevo contra el aspirante presidencial norteamericano.

“Las políticas y comentarios racistas —señaló Héctor Yunes— del precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, representan una amenaza para nuestros paisanos migrantes y para el propio país vecino, que en gran medida depende y se beneficia de la mano de obra y derrama económica generada por nuestros connacionales y de otros países.

“Contrario a lo que algunos consideran, creo firmemente que no es tiempo de ser temerosos. Es momento de defender a nuestros hermanos inmigrantes ante los ataques y amenazas de un hombre que pretende fundar su plataforma política a través de un nacionalismo dañino y emprender acciones en contra de los derechos humanos, como: requisarles los salarios a los inmigrantes, revocar la 14 enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Este precandidato pretende involucionar su sociedad a los tiempos de Hitler.

“Al precandidato republicano se le olvida que ese país se ha caracterizado por su configuración multinacional, que no existen nativos americanos desde hace mucho tiempo. El propio Trump es hijo de Mary Anne Macleod, una inmigrante nacida en la isla Lewis en Escocia, y sus abuelos paternos fueron inmigrantes nacidos en Kallstadf, Pfalz, Alemania. Qué contradicción.

“La comunidad hispana representa el 17 por ciento de la población total de ese país, superando los 50 millones de habitantes, de los cuales más de 30 millones son mexicanos. Los lazos familiares y comerciales entre los habitantes de ambos países, así como los proyectos de infraestructura y cooperación entre los gobiernos fronterizos hacen inviable el muro anti-migrantes propuesto por Donald Trump”.

Más adelante diría Yunes Landa:

“Aunque mi voz parezca solitaria, estoy seguro que muchos coinciden en que es necesario unir fuerzas por el bienestar y protección de nuestros hermanos migrantes.

“Desde mi trinchera defenderé siempre a los veracruzanos y mexicanos, incluso fuera de México, tengo la convicción y el deseo para apoyar y gestionar un frente común en contra de ideas irracionales como las de Donald Trump, que solo pueden traer retroceso a sociedades avanzadas”.

Y sí, su voz es solitaria. Y también oportunista, ad hoc con el momento electoral norteamericano, cuando Donald Trump cosecha repudio, pero también el aplauso de sectores radicales de Estados Unidos.

Yunes Landa defiende a todos y defiende a nadie. Habla por los priístas y olvida a los priístas. Habla por los cañeros y lo repudian los cañeros. Habla por Pepe Yunes y le muerde la mano a Pepe Yunes. Hablaba pésimo de Javier Duarte y terminó en su regazo. Habla ahora por Javier Duarte y si llega a gobernador lo hará correr.

Su fama es oscura. Su actuación pública, controvertida. Hay en Héctor Yunes algo peor que su falta de palabra: su carácter volado.

Cuenta la anécdota, resumida en decenas y decenas de cuartillas, que al periodista Jorge Ricárdez Manrique lo citó en la Subsecretaría de Gobierno, en los días del fidelismo. Acudió el autor de la columna Del Otro Lado del Cristal. Sería un encuentro más.

Pronto conoció la ira del hoy senador por Veracruz. Machete en mano lo correteó por la oficina, golpeado a planazos mientras reclamaba saber el nombre de quien surtía de información al periodista, si era el secretario de Gobierno, Reynaldo Escobar.

Consta el hecho en una carta abierta publicada en un periódico de Xalapa. Manrique dice que no es su firma. A muchos les dice que el episodio es un infundio. A otros ni les dice que sí, ni les dice que no.

De ser así, Héctor Yunes tiene en sus adentros alma de judicial, violenta su mano, arrebatado como no debiera ser un senador, mucho menos un gobernador.

Con Donald Trump tiene la oportunidad de trascender. A planazos debiera tratar a quien se expresa de los hermanos migrantes mexicanos en EU como criminales, violadores y narcotraficantes.

A planazos lo debiera someter. Puede cerrar los ojos. Puede imaginar que no es Trump, que es Manrique, que detrás de Trump está Reynaldo Escobar, que es el que lo hace infamar a los migrantes mexicanos.

Héctor Yunes trae en su agenda el tema de Trump su racismo. No trae, o no lo expresa, el del naufragio de Veracruz, la deuda descomunal, a ineptitud de Javier Duarte para sanear las finanzas, la violencia y el baño de sangre, el crimen organizado que camina de la mano de la pandilla del gobernador, el derroche y el rezago social.

Héctor Yunes viaja a California. Entretiene el discurso. Regresa y atestigua la entronización de Manlio Fabio Beltrones Rivera en el PRI, su amigo, su mecenas, supuestamente el que lo hará gobernador.

Acá, Pepe Yunes y Javier Duarte hablan del Veracruz en quiebra, de la falta de un plan de rescate, de salvar las finanzas. Pepe Yunes besado también por el diablo.

Mientras que Trump se cuide de Héctor Yunes.

(Con información de mussiocardenas.com)

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