Hospitales privados hacen su agosto con pandemia

Aumentan precios sin control y cobran hasta el agua que dan a los pacientes con cuentas hasta por un millón de pesos por paciente 

Por Ángel Álvaro Peña

Existe una creciente deshumanización en los propietarios de los hospitales privados en nuestro país, a grado tal que comercializan abusivamente con la salud y con la vida de sus pacientes que se convierten en simples clientes.

La salud es un derecho y no una mercancía y por esta condición obtienen sus permisos para trabajar, pero nunca dan prioridad a la enfermedad sino a la mercantilización de sus servicios.

La pandemia tiene sus beneficiarios a pesar de todo, y son aquellos que aprovechando el terror que impone cada enfermedad planetaria aprovechan para enriquecerse con la atención a víctimas de Covid-19.

Luego de prometer ante los medios y comprometerse en la mañanera con bombo y platillo, frente a buena parte del gabinete del Presidente, a través de convenios para dar espacios gratuitos a pacientes de Covid, pocas o nulas son sus áreas que otorgan y el 99 por ciento de los hospitales privados destinan todas sus instalaciones para ganar dinero en exceso y con abusos.

Antes de la pandemia el depósito de ingreso era de 15 a 25 mil pesos, ahora el mínimo es de 100 mil. Esta cantidad nunca es devuelta pues inventan gastos y cobran lo que no aplicaron y sus precios se inflan hasta que su depósito se convierte en sólo el 10 por ciento de la cuenta final.

Cobran agua embotellada con marca del hospital, nunca se informa la marca que dan; ofrecen medicamentos de patente y aplican genéricos, cobran dosis completas aplicando sólo una mínima porción, el algodón lo cobran por paquete, aunque sólo utilicen una parte. De inmediato dicen que el paciente debe ir a terapia intensiva donde todos los cuidados son cobrados al doble por estar en peligro la vida del que ingresó

Al respecto, Recaredo Arias, director general de Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, señala que, ante el monto creciente por atención, han tenido reuniones con los consorcios de hospitales para determinar qué costos han ido en aumento y por qué.

Por su parte, Edgar Karam, vicepresidente de AMIS, comenta: “El costo de la Unidad de Terapia Intensiva es bastante elevado. Si la persona además está intubada durante muchos días el costo se eleva aún más entre los insumos y la cantidad de días en la Unidad de Terapia Intensiva, eso es lo que ha encarecido esta enfermedad y este tratamiento”.

Al 20 de agosto del año pasado, el costo promedio de la enfermedad era de 385 mil 375 pesos; para quienes ingresan a la unidad de cuidados intensivos, el costo promedio alcanza 946 mil 949 pesos, mientras que, en el caso de pacientes que requieren intubación, el costo promedio entre los asegurados de AMIS es de 4.8 millones de pesos.

El Covid se convirtió en la enfermedad más cara del país, con precios más altos que el cáncer o la diabetes en sus cuidados médicos y medicamentos. Según datos del Inegi, el ingreso promedio de las familias en México ronda apenas 200,000 pesos al año, lo que significa que, pagar atención para uno de los integrantes en un hospital privado podría consumir, mínimo, los ingresos de dos años.

Javier Potes, director del Consorcio Mexicano de Hospitales, explica que los costos de atender Covid-19 resultan elevados principalmente porque los insumos han tenido un aumento en precio y eso incrementa los precios de la atención en general.

“Hemos notado el aumento en los precios y hemos estudiado qué ocurre pues hay establecimientos que están reportando márgenes muy altos. Este fenómeno no es positivo. En la mayoría de los casos, los hospitales están haciendo esfuerzos por contener ese impacto en el precio de la atención, pues tener márgenes altos tiene como consecuencia el encarecimiento de las primas y eso eventualmente se traduce en menos personas con un seguro que les permita costear la atención”, refiere Potes.

En general los precios de los insumos propios de la atención por Covid han disminuido su precio, ya que se producen en mayor cantidad y se compraron al mayoreo: desde luego que hubo especulación con los tanques de oxígeno, culpa de los fabricantes e intermediarios de ese vital factor de recuperación. Sin embargo, podemos ver que productos como el cubrebocas que en un principio sólo se podía encontrar a 95 pesos, en su clasificación KN95, ahora puede encontrarse hasta en 10 pesos o menos.

En nuestro país, sólo seis de cada 100 personas tienen un respaldo que les permita costear atención en clínicas y hospitales privados sin que esto genere un daño patrimonial a las finanzas de los familiares.

Funcionarios de seguros comentan que cuando los gastos médicos empiezan a dispararse en los hospitales privados los encargados de dichas instituciones tienen, por convenio, la obligación de buscar un espacio en hospitales públicos, atención que nunca dan a sus pacientes.

El 17 de mayo de 2020, el diputado Javier Filiberto Guevara González presentó una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud, a fin de erradicar prácticas abusivas de hospitales privados que “inflan” cuentas, aplican tratamientos innecesarios y cobran medicinas a precios muy por encima de su valor en el mercado. El documento turnado a la Comisión de Salud menciona que esas prácticas impactan en la economía de pacientes y familiares, y en su derecho a la salud, ya que prescriben tratamientos innecesarios y merman su capacidad de sufragar los gastos hospitalarios, por lo que abandonan el nosocomio antes de terminar su tratamiento, poniendo en riesgo su recuperación.

El 31 de julio, la diputada Frinné Azuara Yarzábal presentó un punto de acuerdo ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, la iniciativa busca evitar que pacientes y sus familiares sean víctimas de abusos en los cobros en establecimientos privados. Pero los hospitales han tratado de tumbar la iniciativa argumentando que sólo es una propuesta que no llega siquiera a convertirse en punto de acuerdo.

Profeco asegura que no existen precios máximos sobre los servicios médicos, hospitalarios o de cualquier otra clase de trabajo que pudieran estar regulados por el Gobierno Federal.

“La Profeco carece de competencia para fijar honorarios médicos ni de ninguna otra profesión; tampoco puede establecer precios de los servicios médicos ni de los de ninguna otra profesión. Puede haber en algunos casos, que ellos mismos, léase los médicos o los hospitales, a nivel asociaciones entre ellos, puedan fijar promedios para cobros de esos conceptos, pero la Profeco no tiene conocimiento de que así sea”, señaló la dependencia.

Los hospitales privados, de todas dimensiones, se han convertido en una mafia donde se comercializa la salud y la vida de los mexicanos sin que haya -hasta el momento- una reglamentación severa que se aplique para regular sus cobros, ya que ellos colocan los costos que quieren y los servicios no tienen tarifas ni precios máximos.

 

 

 

Foto: www.starmedica.com

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