HYL: el valor de la lealtad

Aunque la búsqueda de la candidatura del PRI a gobernador de parte de Héctor Yunes Landa empezó hace más de treinta años, fue hace seis cuando igual que ahora, estando a la cabeza de las encuestas, la buscó abiertamente con el aparente respaldo del entonces gobernador Fidel Herrera, pero se estrelló ante la ambición de poder y maximato, de éste.

En aquella ocasión a pesar de todos los obstáculos y traiciones de su compañero de partido que le negó el registro para contender, Yunes Landa demostró y probó a los ojos de todo el mundo su disciplina y lealtad priísta al no aceptar la candidatura del PRD que le vino a ofrecer en bandeja de plata Jesús Ortega, que era el dirigente nacional de ese partido.

Y aún más, pidió a sus miles de seguidores aguantar vara y votar y hacer ganar al candidato designado por Fidel, lo que al final se consiguió con muchas dificultades.

Fue precisamente a principios de julio de 2010 cuando desde la tribuna del congreso Héctor anunció su decisión de renunciar a presidir la junta de coordinación política y la coordinación del grupo legislativo del PRI, partido del que dijo “es el partido en el que inicié mi militancia desde joven, el partido en el que milito y el partido en el que voy a militar toda mi vida”.

Y lo reiteró: “que no haya dudas, que no filtren información mal intencionada, soy hombre de lealtades, así me he formado en la vieja escuela de mi partido, soy honesto, soy leal, pero también soy frontal”.

Aquella vez detalló que durante muchos años se había preparado para asumir las más altas responsabilidades políticas y administrativas y confió en que su proceso de afirmación política y de capacitación técnica había sido paulatino y constante “porque estoy convencido que la madurez para gobernar es algo que no puede apresurarse.

“Pienso que la juventud debe hacerse acompañar de la experiencia que solo da el transcurso del tiempo. Así se logra un justo equilibrio entre el ímpetu y la reflexión, entre el impulso y la racionalidad, entre el deseo y el conocimiento”, habría comentado acaso en referencia al joven que impulsó el cuenqueño.

Insistió en que no era un asunto de edad, sino de madurez, pero refirió que el candidato de Nuevo León tenía 36 años, el de Querétaro 44, el de Campeche 51 y el de San Luis Potosí 58 y a la distancia ya vemos el desastroso resultado de la gestión del joven neolonés que provocó que esta vez la gente le diera la espalda al PRI por un candidato independiente.

Seguido con ojos de plena admiración de los diputados de la 61 Legislatura y de los asistentes a la sesión de aquel 7 de julio reiteró que su proyecto por la gubernatura “se ha forjado en el PRI donde he aprendido el valor de la lealtad y de la disciplina de las grandes mujeres y los grandes hombres de mi partido. Por ello me propongo con empeño servir a Veracruz en la más alta de las trincheras; pero dentro del PRI, insisto, nunca fuera de él”, ¿a seis años después de sus luchas en pro del tricolor alguien pensará que no merece la candidatura?

Y aunque en aquel tiempo sólo tronaban los chicharrones de Fidel porque no era priísta el Presidente de la República, Héctor Yunes aseguró que tenía la plena convicción de que su partido sabría reconocer esos valores y abrir las puertas a las legítimas aspiraciones de quienes habían aportado su mayor esfuerzo desde la edad temprana, destacando lo útil de la experiencia. “El proceso para elegir al candidato debe ser transparente, honesto y equitativo”, demandó.

Decía postular la congruencia como premisa irreductible, “la congruencia entre el decir y el hacer que tanto demandamos los mexicanos; ese es el principio de la honestidad que tanto le urge a la República”.

Eso y más ocurrió hace seis años, hoy con un Presidente priísta y un estado harto de las injusticias, veremos cómo le irá al choleño.

Por: GUSTAVO CADENA MATHEY

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