Incalculable deuda pública

La deuda pública del gobierno de Veracruz se ha convertido en la octava maravilla del mundo.

Cada personaje de la vida política tiene una versión. Por ejemplo:

Según Mauricio Audirac, entonces el quinto titular de SEFIPLAN, era de 40 mil millones de pesos de acuerdo con reporte de la Secretaría de Hacienda.

Según el diputado local, Ricardo Ahued Bardahuil, es de 90 mil millones de pesos.

Según el investigador de la Universidad Veracruzana, Rafael Arias Hernández, es de cien mil millones.

Y según el diputado local, Fidel Robles Guadarrama, de 140 mil millones de pesos.

No obstante, existe una realidad avasallante:

De acuerdo con las versiones cada secretario del gabinete legal del sexenio próspero tiene en su archivo un montón de solicitudes de pago pendientes que en unos casos forman cerros y montañas… de papeles, documentos, facturas y comprobantes.

Y por tanto, con tales pendientes, simple y llanamente, la deuda pública alcanza dimensiones inimaginables que bien pudiera disparar la cantidad, como asegura el diputado Fidel Robles, a unos 140 mil millones de pesos.

Así, de vez en vez, cuando hay luna llena, desde SEFIPLAN llaman a uno que director administrativo de cada secretaría para avisarles que pagarán unos pendientes.

Y, entonces, cada titular de la secretaría acuerda con su director administrativo las facturas a pagar según, quizá, el orden de importancia, acaso la antigüedad, quizá el cabildeo, acaso una orden superior.

Tal cual, envían su listita privilegiada a SEFIPLAN, donde una vez más concurre otro tijeretazo para ver si en verdad tales facturas pasan, y/o de lo contrario, regresan a lista de espera.

Claro, en SEFIPLAN hay una lucha de negros entre las partes, desde el tesorero hasta los subsecretarios de Ingresos y Egresos y el secretario, donde, según las versiones, el sexto titular, Antonio Gómez Pelegrín, solo se queda mirando la pelota sin que se la pasen para anotar gol.

Por eso es que los enterados aseguran que el monto real de la deuda pública es incalculable, pues en varios casos ni los mismos secretarios del gabinete legal se han atrevido a cuantificar por miedo a que les sorprenda un paro cardiaco, mínimo, un ataque de caspa por el estrés.

SE MULTIPLICARÁ OPERACIÓN LICUADORA

El pago de la deuda se complica más de lo normal a partir del quinto año de austeridad y de la llamada operación licuadora porque los jefes en SEFIPLAN están conflictuados, enfrentados, choque de trenes, a tal grado que se habla de una que otra renuncia.

Sabrá, entonces, Pelegrín hasta dónde aguanta y llega su tolerancia y prudencia, pues estaría a punto de mudar en una figura de paja como, digamos, aconteciera en su momento a Tomás Ruiz González y Mauricio Audirac Murillo.

El caso es que luego de seis secretarios de Finanzas, el problema subsiste y se agrava, porque el sexenio próspero, primero, está igual que como inició, y segundo, solo quedan por delante 18 meses, y tercero, el resto del viaje será para echar toda la carne al asador para ganar la elección del mayor número de diputados locales y de gobernador el año entrante.

Y tales menesteres son prioritarios que necesitan y requerirán de todo el oro del mundo, si se considera que una campaña para la jefatura del Poder Ejecutivo Estatal cuesta unos mil millones de pesos.

CONFLICTOS DE INTERESES

En el manejo de las facturas pendientes de pago (se afirma que a los magnates periodísticos adeudan unos dos mil millones de pesos), muchos intereses se han cruzado y entrecruzado.

Por ejemplo, las relaciones amicales del secretario, los subsecretarios y el tesorero de SEFIPLAN.

Más aparte, el conflicto de intereses entre los altos funcionarios de SEFIPLAN con los secretarios del gabinete legal, pues cada uno tiene sus deudas pendientes.

Así, nadie pone orden en casa, y lo peor, nadie se ocupa como mandan las reglas de las observaciones millonarias de la Auditoría Superior de la Federación que ha interpuesto una denuncia penal ante la secretaría de la Función Pública y la Procuraduría General de Justicia de la nación.

LA LEYENDA DEL PASTORCITO

Han pasado cuatro años con cinco meses y medio, casi seis, y así ha funcionado SEFIPLAN en el viaje sexenal.

Y como, digamos, el barco sigue navegando sin riesgo de hundirse, entonces, nada modificará el estilo personal de gobernar y ejercer el poder.

Incluso, la famosa operación licuadora ha de seguir en toda su dimensión, disponiendo de recursos federales y estatales destinados para una acción de gobierno que, por ejemplo, pudiera esperar, sin importar que a la fecha ninguna obra pública de trascendencia social exista a nivel regional, ni menos, mucho menos, municipal.

Los secretarios habrían, entonces, de inventariar sus cerros y montañas de facturas pendientes para entregarlas a los sucesores en el próximo sexenio, pues esa versión de que en unas semanas llegará un montón de dinero federal se parecen mucho a la leyenda del pastorcito.

Por: Luis Velázquez

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