Inseguridad, problema de México

Responsabilidad de todos

Ante las elecciones en entidades donde la falta de garantías es un problema de vida o muerte, nadie presenta una estrategia contra la delincuencia

Por Ángel Álvaro Peña

A nadie le conviene la inseguridad, pero tampoco nadie hace nada contra ella. A pesar de que el próximo año habrá elecciones en los estados más convulsionados ni el partido en el poder de esas entidades ha elaborado una estrategia contra el crimen ni la oposición propone nada nuevo, mientras tanto la federación culpa a todos de un estado de alerta que conmociona al país.

Puede decirse que el partido, líder o funcionario público que le gane terreno a la inseguridad tendrá garantizado el triunfo en las urnas, pero nadie hace nada al respecto y los pretextos se multiplican cada día para dejar actuar a los delincuentes en total impunidad.

Estados como Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Guerrero, Edomex, Michoacán, Jalisco y Veracruz, son algunos de los estados con mayor incidencia delictiva. Sobran métodos para medir la inseguridad, pero faltan estrategias para combatirla de manera seria y con resultados tangibles.

Los estados antes mencionados están gobernados por partidos diferentes a Morena, a excepción de Veracruz, entidad donde no habrá elecciones hasta 2024, así como el Edomex y Jalisco. Mientras en el resto, será el próximo año cuando cambien de gobernador.

Quienes miden la inseguridad pueden afirmar que las causas están muy claras, aunque difieren entre unos y otros sobre el fenómeno que la produce; sin embargo, lo que hace falta son soluciones, que parecen esconderse entre la apatía y la falta de profesionalismo.

Estamos de acuerdo con que la inseguridad avanza desde hace muchos años, que no empezó ayer, pero el hecho es que el nuevo gobierno federal va a cumplir dos años en el poder y nada ha hecho para erradicar un problema cuyos responsables de atacar siempre han estado informados del desarrollo de este problema.

Los actuales funcionarios públicos saben que tienen en sus manos la seguridad de los mexicanos desde el 1 de julio de 2018, es decir, en unos días cumplirán dos años trabajando sobre la solución de un problema que lejos de detenerse o disminuir, crece.

Uno de los graves obstáculos para la definición del combate a la inseguridad es que el problema se ha politizado, y mientras más se hace un problema entre partidos, más crece. Es decir, la inseguridad es un tema de campaña política pero no es tema de acción política de parte de nadie. El partido en el poder y la oposición se debaten hasta desgarrarse las vestiduras en las cámaras del Congreso, pero nadie hace nada al respecto.

Vivimos un momento en que la oposición se alegra de los errores del gobierno porque cree que con ellos se fortalece y el poder se alegra de la división de la oposición porque cree que con esa falta de unidad puede sobrevivir más tiempo en el poder, pero, en realidad nadie hace su trabajo, mientras que la población se debate entre la vida y la muerte ante las agresiones de los delincuentes.

Todos se preguntan cómo medir la inseguridad para atacarla, o cómo saber dónde hay peligro. Pero una de las evidencias de que la inseguridad se pasea por todo el país es que los hechos de sangre se conocen hasta que ya sucedieron y esto habla mal de todos, y después, cuando consideran que el problema rebasó a la autoridad voltean a ver a la población y señalan que la inseguridad es problema de todos y que la gente debe contribuir a atacarla. Lo cual no resuelve nada, al contrario, agrava el conflicto.

En Celaya, Guanajuato, un menor de edad fue detenido con 10 armas largas, 39 cargadores, cartuchos útiles y equipo táctico, en las inmediaciones del municipio, según informó la Guardia Nacional.

En Chihuahua, 6 mil 691 homicidios dolosos, 50 denuncias de secuestros, así como 16 mil 172 por vehículos robados, 8 mil 548 de robos a negocios, 11 mil 394 por atracos a casa habitación y 53 por extorsión, van reportados en lo que va de la actual administración estatal presidida por Javier Corral, afirma Coparmex, en la entidad.

En Veracruz, la formación de autodefensas en un hecho. Es decir, grupos de civiles que toman las armas para protegerse de los delincuentes, ante la incapacidad de las autoridades. Ganaderos, agricultores y comerciantes del sur de Veracruz organizados en grupos de autodefensas realizaron una caravana para exigir justicia por las personas que han sido víctimas de grupos delincuenciales que controlan la región, y para demandar a las autoridades poner alto a la inseguridad.

“Es lamentable que a estas alturas no se hayan investigado los asesinatos de los comandantes de la policía municipal de San Juan Evangelista, Raymundo Prior, el 17 de marzo de 2020 y Mariano Rodríguez Pérez, ocurrido el 6 de febrero de 2019, así como del regidor de Sayula de Alemán, Héctor Velázquez, sucedido el 15 de febrero de 2020, gente buena, de trabajo”, reprochó Erasmo Vázquez González, uno de los integrantes de las autodefensas.

En Tamaulipas, la inseguridad y la delincuencia son los problemas más importantes que aquejan a la población, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental ENCIG 2019 del Inegi, según la opinión del 79.2 por ciento de los encuestados.

En cuanto a Guerrero, comisarios municipales, comunales y ejidales de las comunidades ubicadas en los municipios del Filo Mayor de la Sierra Madre del Sur demandaron la intervención “urgente” del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobernador Héctor Astudillo Flores, debido a que los grupos delincuenciales se han apoderado de sus tierras, en donde hay recursos madereros, mineros, y sobre todo agua.

Y así podemos presentar uno por uno los estados de la república donde la vida de los mexicanos pende de un hilo y ya ni siquiera en sus casas están seguros.

De nada nos sirve saber dónde se ubica el mayor o el menor número de casos si en todo el país es posible ser víctima de la delincuencia. Desde los asaltos en transporte público, donde el Edomex tiene el liderazgo indiscutible, hasta las desapariciones, donde Guerrero tiene una gran cantidad de ciudadanos de quienes nada se sabe.

No es un problema de partidos políticos, ni de elecciones, ni de venganzas o resentimientos, porque mientras no trabajen unidos contra la delincuencia todos los implicados, la vida de los mexicanos dependerá de cómo quieran comportarse los políticos en este problema donde la vida de hombres, mujeres y niños está de por medio.

Los políticos no sólo no se ponen de acuerdo, sino que colocan obstáculos para que su contrincante político tenga mayores problemas para combatir la inseguridad. Lo cual es un auténtico homicidio voluntario.

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