Javier Duarte: 99 malas y una peor

No son 99 buenas y una mala. Son 99 malas y una peor. Y en esa aritmética que Javier Duarte entiende al revés, están los desaparecidos de Tierra Blanca, el crimen del hermano del diputado Guízar, los embolsados de Maltrata y los 15 o más ejecutados hallados en las cercanías de la Academia de Policía El Lencero. Es violencia y sangre. Es muerte y miedo. Es corrupción e impunidad.

Hace agua la nave duartista en sus últimos días, en los estertores de una mala vida, previsible el naufragio, con la inseguridad a tope, y los muertos, y los secuestrados, y los extorsionados a granel, en un escenario que solo le viene bien a quienes decidieron cogobernar con Javier Duarte desde el lado oscuro de la ley.

Dice el gobernador que la seguridad funciona. ¿Ah sí? Lo dice él y sólo lo cree él. Vive en el autoengaño que nace de la mentira y que se nutre de la simulación.

Dice Javier Duarte que si cinco jóvenes de Playa Vicente fueron levantados por policías en Tierra Blanca, cuando regresaban de Veracruz y no aparecen, es porque puede haber 99 acciones positivas y una mala echa todo a perder.

“Lamentablemente —pregona el gordobés—, en temas de seguridad pueden hacerse 99 cosas bien y con que una salga mal, ése es el tema, como es el caso que hoy nos obliga a estar atentos y pendientes; sin embargo, los resultados ahí están, los índices delincuenciales ahí están y van de manera clara y puntual a la baja en el estado de Veracruz”.

Épica, su frase ya lo tiene en el top ten de la insensatez y la desmesura, vapuleado como pocos gobernadores porque la miopía política de quienes detentan el poder se paga con el descrédito y el desprestigio, el repudio y la condena popular.

Su visión es aberrante. Van 11 días. Los jóvenes no aparecen pese a la evidencia de que los policías los entregaron a un grupo delincuencial, encubierto, por supuesto, por “Culín”, alias el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, cuya identidad se reservó, sean Zetas o Golfos o Jalisco, porque tan arde la papa y tanto le quema que prefirió remitir la investigación a la Procuraduría General de la República.

De 100 acciones policíacas, 99 tienen que ver con el avance de la delincuencia y la estela de dolor, sometido del gobernador a los malosos, su incapacidad para enfrentarlos, por el silencio y el disimulo ante el asesinato y el robo, el plagio, la extorsión y el secuestro.

De 100 acciones, 99 implican al estado fallido de Javier Duarte, pues su aparato policíaco, corrupto hasta las entrañas, no sólo deja hacer sino que se involucra en actos fuera de la ley, levantando inocentes, traficando con su vida, condenándolos a morir en manos de seres sin entrañas.

Pero Javier Duarte lee el mundo al revés. Supone que la policía realiza 99 acciones buenas y sólo incurre una mala, y esa es la que echa todo a perder.

Lo secunda “Culín” con su lenguaje mamón. Lo ocurrido a los jóvenes de Playa Vicente, cita el fiscal, es la excepción. La regla, según el cachondo de Motita, es la aplicación de la ley, la seguridad para todos, la vigilancia efectiva, la ley y el orden, el imperio del derecho y el Veracruz ideal.

Va una:

“Hay desde la Federación, la instrucción su-per-la-ti-va, de parte del presidente Peña, de depurar los cuerpos policíacos.

Va otra:

“Sin embargo, las instituciones no escapamos de que exista aún algún mal elemento, que no es la regla, es la excepción. Aquí lo importante es que esos malos elementos que traicionan SU PATRIA y SU UNIFORME sean castigados a la luz del derecho.

Aquí la palabrería es superchería. Sirve para ocultar la verdad. Además de “Culín”, mamón.

No es que Javier Duarte y su fiscal crean en lo que dicen. Es que lo dicen para engañar, para matizar la realidad, para suavizar el terrible escenario de violencia y la espiral de muerte que domina a Veracruz.

Tienen, sin embargo, un problema. No se les puede creer.

Ni hay 99 acciones policíacas positivas. Ni se hacen 99 cosas bien. Ni es sólo una que sale mal. La debacle es al 100 por ciento.

Hoy el tema son los jóvenes de Playa Vicente que regresaban de Veracruz tras una semana de vacaciones, que se dirigían a su lugar de origen, que al pasar por Tierra Blanca fueron detenidos por un grupo policíaco, trepados en una patrulla, desaparecidos y entregados a un grupo delincuencial.

Hoy el tema es que la policía no protege porque es una policía criminal. Son detenidos seis elementos y el delegado de Seguridad Pública (SSP), Marcos Conde Hernández, afamado por levantar jóvenes, colegas policíacos, maleantes y no volverse a saber de ellos.

Arrestado por el Ejército por negarse a las revisiones de armas —por algo será—, más tarda en ser apresado que en recuperar su libertad. Es un prima dona en el espectro de corrupción duartista.

Reprueba exámenes de confianza. Y sigue ahí. Labora en la SSP, solapado por el secretario de Seguridad, Arturo Bermúdez, favorito entre favoritos del duartismo, corresponsable el general de cero estrellas de la violencia sin freno.

Hoy el tema es también el crimen del constructor José Gertrudis Guízar Valladares, hermano del diputado federal y líder del Partido Encuentro Social, Gonzalo Guízar, al evitar que secuestraran a su nieto, a las puertas de su hogar, abatido por cuatro balazos, en Coatzacoalcos.

Tuye Guízar era temperamental, conflictivo y saltaba de tribunal en tribunal, acusado de despojo de terrenos o acusando a los ladrones mayores, los Hillman, los Ramón, los Anaya, los González, los Macías, los Pancho Colorado, los Fideles, los Duartes, las inmobiliarias, de arrebatar la tierra, de secuestrar al notariado y al Registro Público de la Propiedad.

Recibió amenazas, vía mensajes de texto. Le mataron y quemaron al velador de una propiedad. Asesinaron a otro Guízar creyendo que era su padre. Cuando le iban a secuestrar a su nieto, enfrentó a un sicario, lo golpeó, le asestó un cachazo. La respuesta del matón fueron cuatro balas que le arrancaron la vida.

Hoy son los embolsados de Maltrata y los 15 o más cadáveres hallados en las inmediaciones de la Academia de Policía El Lencero, que provocan la sospecha y el recelo popular, las pistas de la tortura de la que tanto se habla en torno a la escuela donde se adiestra a los cuerpos policíacos de Veracruz, ahí donde dicen que torturaron y mataron al cantante Gibrán, de La Voz México, por el que Javier Duarte tuvo que admitir una recomendación de Derechos Humanos por desaparición forzada cuando tenía todo para exonerar a la policía y responsabilizar al crimen organizado.

Es el Veracruz fallido de Javier Duarte. Y por ello opositores y hasta aliados, priistas y no priistas, demandan la caída de Bermúdez y del fiscal “Culín”.

Exigen los Yunes azules —Miguel Ángel, el diputado panista, y Fernando, su hijo, el senador— que sean entregados a la PGR por su implicación con el crimen organizado, a la vista las huellas de la corrupción, evidentes con el caso de los jóvenes de Playa Vicente que fueron entregados a una banda delincuencial. Y a sabiendas de qué grupo es, el fiscal Bravo Contreras guarda silencio encubridor.

Urge un comisionado de seguridad federal. Veracruz va en la ruta de Michoacán, rebasadas las instituciones, la policía, el Ejército y la Marina por la delincuencia, pero sobre todo traicionadas por la complicidad del duartismo con los malosos.

A los Yunes azules se suman diputados de casa, uno de ellos Francisco Garrido Sanchez, de AVE, presidente de la Comisión de Vigilancia del Congreso de Veracruz; líderes de la CROC que demandan el retiro de Bermúdez Zurita de la Secretaría de Seguridad; la iglesia católica y evangélica, que exhiben la fragilidad de las estrategias frente a la delincuencia.

Héctor Yunes, virtual candidato del PRI a gobernador, comparte la indignación. Pero matiza. Confía en que la autoridad esclarezca la suerte de los jóvenes de Playa Vicente. “Todo el poder del Estado mexicano debe movilizarse para encontrar a los cinco jóvenes de Tierra Blanca. Es un hecho que nos consterna y nos indigna a todos”, dice.

Y frente a la debacle, lo único que atina a decir Javier Duarte es que se realizan 99 acciones buenas en materia de seguridad y una que sale mal le echa a perder el show.

Es el Veracruz de violencia y sangre, de muerte y miedo, de corrupción e impunidad.

Pero Javier Duarte sostiene que va bien.

Con información de mussiocardenas.com

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