Javier Duarte: ejecuciones en cascada

A la deriva, Veracruz se proyecta en la una espiral de violencia, los muertos a diario, la tortura, las ejecuciones, los cuerpos desmembrados y los que aparecen embolsados. Es el Veracruz de Javier Duarte, el del fracaso en seguridad.

Cada día, teléfono en mano, Javier Duarte escucha el mismo reporte. Le cuentan las cifras, los números, a detalle la violencia, la ola roja, de rojo sangre, que avasalla su gobierno, su estrategia de seguridad, el sueño de la Prosperidad.

Así oye el gobernador, o lee el reporte fatal que describe la violencia en su mayor expresión, que ya marcó para la posteridad a un sexenio brutal para los veracruzanos, como nunca la criminalidad, perdido el control, rebasadas las instituciones, las corporaciones policíacas, la imagen de aquel estado ideal que un día fue Veracruz.

Javier Duarte sabe que su desgracia se fincó en tres frentes: las finanzas, la corrupción y la violencia. Son sus tres batallas, destrozado en todas, con saldos funestos, las cifras en contra, las bajas en todo el territorio, pulverizado en imagen y convertido en el peor gobernador de México.

Sucumbe ante la oleada de sangre. Naufraga porque el poder del crimen organizado lo rebasó, golpeando el discurso del optimismo, que cuando no corresponde a la realidad se transforma en el discurso de la mentira.

Decía el gobernador de Veracruz que se iban superando las expectativas, el proyecto de seguridad, los operativos recuperando la tranquilidad del pueblo, volviendo todo a la normalidad.

Veracruz, según el evangelio de San Javier, pudo constituir el mejor cuerpo policíaco de apoyo, la Fuerza Civil, equipada como un cuerpo de élite, los mejores ahí, los más capaces, los mejor adiestrados, los más comprometidos.

Presumió Javier Duarte de la capacitación para constituir la policía más acreditable de todas las acreditables, con altos niveles de confianza, preparación, sentido común, criterio para manejo de crisis, comprometida con la sociedad.

Fortaleció la seguridad pública para hacer realidad la prevención, para desmantelar bandas delincuenciales, células del crimen organizado, para abatir el delito y disminuir sus niveles.

Equipo a todos. Le dio a la Fiscalía General elementos para investigar. Depuró sus filas. Se fueron los transas, los rebuscados, los holgazanes, los halcones, los espías. Desapareció la Procuraduría y convirtió a Luis Ángel Bravo Contreras en el fiscal transexenal, reservado para él nueve años, no para garantizar la justicia sino para impedir que le apliquen la ley a la pandilla duartista.

Casi el paraíso, Veracruz estaba en el umbral de la justicia divina, libre de delincuencia, de crímenes y delitos, de corrupción y enjuagues, de torceduras y triquiñuelas. Era el proyecto de Javier Duarte y sólo era cuestión de sentarse a esperar que la realidad llegara.

Van cuatro años y medio. No llegó la justicia. Permaneció el crimen organizado que ya existía, que Fidel Herrera Beltrán dejó pasar, que se adueñó de todo, que hizo de Veracruz su casa, su corredor, la vía expedita del sur al norte, pues ninguna otra entidad lleva va de Centroamérica a Estados Unidos como lo hace Veracruz.

Javier Duarte sigue punteando. Es el recordman de la violencia. Lo sigue la violencia, sin control, él en la cresta de la ola roja, viendo hecho añicos su proyecto de seguridad.

En 36 horas fueron asesinadas 11 personas, apenas el fin de semana, en una jornada de sangre que será difícil de olvidar. Los mataron en Veracruz, en Yanga, en los municipios aledaños a Xalapa, todos bajo los signos del crimen organizados, la mano de los sicarios, la brutalidad de la guerra entre las bandas.

Día y medio terrible, golpeado el orgullo duartista porque volvió a la escena nacional para ser vapuleado de nuevo. Luego se sabría que fueron 16 muertos en el fin de semana

En dos días, sin embargo, la cifra creció a 19 asesinados. En Playa Vicente, en el sur de Veracruz, fueron hallados tres cuerpos embolsados.

Se trató de tres varones. Quienes los ultimaron los envolvieron en bolsas negras, sujetas con cinta canela.

A los 19 muertos se agrega la muerte de un asaltante de bancos, que recibió a la policía a balazos en Cosoleacaque, a unos kilómetros de Coatzacoalcos, abatido por el embate de los uniformados.

De esto ya no se repone Javier Duarte. Su gobierno ha sido así, incapaz de atender el tema de al seguridad, rebasado en todos los órdenes, infiltrado por el crimen organizado y corrupto hasta la médula su aparato judicial.

Lo marca la violencia. De nada sirve el alarde, la expresión insultante, el “no pasa nada”, el “caiga quien caiga”, el “se hará justicia hasta las últimas consecuencias”, cuando la realidad es brutal.

Fallido, el gobernador de Veracruz vuelve a asumir el ridículo institucional, viendo su aparato de justicia desmoronarse ante la impunidad con que opera el crimen organizado.

Acudió a la milicia, a los navales, a la entrega de la estrategia policíaca, a la militarización de las calles como fórmula para recuperar la tranquilidad.

Fracasó por falaz y tacaño. No pagaba los salarios a los efectivos de las corporaciones federales. Los tuvo viviendo en condiciones deplorables, infrahumanas, hacinados, vulnerando su dignidad. Por eso ocurrió el éxodo. Muchos regresaron a sus cuarteles y olvidaron que tenían que recuperar Veracruz para el duartismo, más que para los veracruzanos.

Su gobierno hoy está peor. Fue una farsa la depuración policíaca. Pasan por la Academia El Lencero, la mazmorra oficial, el castillo de la tortura, y no aprueban los exámenes de confianza. Aún así, un ejército de policías sigue incrustado en las nóminas estatales y municipales, fingiendo que cuidan al pueblo, que lo preservan de la delincuencia, que están al servicio de la ley.

Dice Causa Común: Veracruz tiene los agentes policíacos menos confiables, pues el 40 por ciento reprobó los exámenes de confianza.

“Veracruz, que es la entidad con más policías señalados como no aptos desde que se dieron a conocer los resultados de las evaluaciones, también es la que menos policías ha destituido. De acuerdo con Morera (María Elena Morera, presidenta de Causa Común) el 41 por ciento de los reprobados sigue trabajando en dicha corporación”, refiere el portal Animal Político.

Ahí la lleva Javier Duarte. Su policía no sirve. A las fuerzas federales no les paga. Los malosos hacen cuanto quieren. Y él, trepado en la ola, el oleaje rojo, el oleaje sangriento.

Van 19 muertos a manos del crimen organizado. 19 en tres días. Y lo que falta aún.

(Con información de mussiocardenas.com)

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