Javier Duarte, el bronco jarocho

•Luego de ganar 16 diputaciones federales unis, más cinco pluris y convertir a Veracruz en la segunda fuerza legislativa del Congreso de la Unión, el gobernador rompió su silencio y advirtió a enemigos y detractores que las denuncias de la Auditoría Superior de la Federación en contra de su gobierno están sin sustento

Javier Duarte está echado pa’lante. Ni quien lo detenga.

Luego de que el PRI ganara 16 diputados federales unis, más cinco pluris, más Enrique Jackson como pluri a quien promovió en el CEN, igual como ocurre con el personaje central de “Si el águila hablara”, la novela de Miguel Alemán Velasco, Duarte está, ahora sí, en la plenitud del pinche poder, como también dice el rector de la Universidad de Harvard, campus Nopaltepec, el góber fogoso y gozoso.

Pero más aún: porque con sus 21 diputados federales el estado de Veracruz de Duarte se convierte en la segunda fuerza legislativa en el Congreso de la Unión, después del estado de México de Eruviel Ávila que se quedó con 39 escaños.

Por eso, el lunes 22 de junio, el góber fue contundente y tiró su espada en prenda, luego de varias semanas, meses incluso, de silencio sobre la famosa denuncia penal interpuesta por la Auditoría Superior de la Federación, ASF, ante la Procuraduría General de la República y la Secretaría de la Función Pública.

Dijo, pues:

Sin sustento las denuncias contra mi gobierno.

Tal cual, envalentonado, desafiando a sus detractores, rompió el silencio de tanto tiempo y pronunció los siguientes versículos de su biblia sexenal:

“Nunca hubo órdenes de aprehensión por presunta malversación de fondos, sustracción indebida de recursos federales y peculado.

Y si alguien ha fallado habrá de responder.

No hay espacio para omisiones o irregularidades ni para quienes actúen al margen de la ley”.

Una vez más, el jefe máximo sale, cierto, en defensa de su gobierno y de sí mismo.

Pero, al mismo tiempo, de su gabinete, que él mismo nombrara, despidiera y enrocara en los últimos cuatro años y medio con un total de 57 funcionarios.

Atrás, pues, y en la lógica de sus declaraciones, habrá quedado la denuncia penal de la ASF, aun cuando, claro, sólo faltaría que la misma ASF, la PGR y/o la Secretaría de la Función Pública avalen la postura del jefe máximo priista en Veracruz.

También ha dado un revés a la denuncia en su contra del CEN del PAN y a los diputados Juan Bueno Torio y el legislador electo, Miguel Ángel Yunes Linares, y el senador Fernando Yunes Márquez, con el manejo de los recursos federales.

Y más por lo siguiente:

Si Duarte lanzó a los cuatro vientos la defensa apasionada de su gobierno y su gabinete, entonces, significaría, de entrada, que antes tuvo el visto bueno, digamos, de la misma PGR, de la misma Función Pública, de la misma ASF.

Incluso, hasta de Los Pinos.

Quizá también de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Una revelación profética, pues, se habría dado del 7 de junio en la noche, día de la elección de diputados federales, y el 22 de junio, quince días después, para que Duarte asestara el machetazo político y cercenara la cabeza de la hidra que lo ha rafagueado los últimos meses, como caja de Pandora.

LOS CAMPANAZOS QUE DUARTE HA DADO

Otros campanazos del góber son los siguientes:

Campanazo fue, por ejemplo, que el PRI se quedó con 16 curules federales.

También, el aval de la Suprema Corte de Justicia de la nación a la gubernatura de dos años.

Incluso, la aprobación misma de la iniciativa de ley para la mini en diciembre del año 2014 por 45 de los 50 diputados locales, incluidos siete panistas.

La aprobación para la reelección de diputados locales y presidentes municipales, háganos favor, hasta por 20 años.

Y el crédito de 5 mil millones de pesos, cuyo destino, por cierto, nadie conoce.

Y aun cuando, por ejemplo, Érick Lagos Hernández como candidato a diputado federal por el distrito de Acayucan ganó, dice, con 72 mil votos y en el pasillo político se asegura que los 72 mil votos costaron más de cien millones de pesos, en ningún momento la oposición levantó la voz indignada.

Los habrían planchado, pues.

Tal cual, Duarte se aproxima al momento estelar del sexenio, como es la elección del candidato priista a gobernador.

Y aun cuando la cultura tricolor habla de que las últimas palabras serán pronunciadas en Los Pinos, y más con el regreso de la presidencia imperial y faraónica, el ritual tricolor también contempla el derecho de voto y el derecho de veto.

Por lo pronto, y con todo y la deuda pública y la cero obra pública y la inseguridad, Duarte sigue ganando batallas.

Sin sustento, proclamó, las denuncias contra mi gobierno.

Mucho tiempo, en silencio, aguantó vara. Ya se verá la reacción de los llamados profetas del desastre.

Por: Luis Velázquez

00
Compartir