Javier Duarte, el más interesado de que haya candidato a la silla

•Para diluir los madrazos políticos

EMBARCADERO: A nadie interesa tanto al día de hoy que haya candidato priista a gobernador como al señor Javier Duarte.

Primero, para que los medios dejen de ocuparse de los desatinos del duartismo en la tarea de gobernar y ejercer el poder, pero más aún, de las grandes fallas del gabinete policiaco y de justicia con tanta inseguridad y su compañera la impunidad.

Segundo, para que la agenda pública sea dictada desde otro lado y todos dejen de ocuparse del góber de la Complutense.

Y tercero, para que el candidato sea su interlocutor ante el altiplano, la sede de los poderes centrales.

Pero más aún, su cabildero ante Los Pinos y, de paso, ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Por eso, en la Casa Veracruz estarán felices si como todo indica en el mes de noviembre, luego del V informe, trascenderá en la elite priista, y por añadidura, en los medios, el nombre del candidato, con el palomeo de Enrique Peña Nieto.

Pero más aún: en la Casa Veracruz tendrán los dedos cruzados para que Pepe Yunes Zorrilla se decida a rendir su informe como senador en el estadio Heriberto Jara, de Xalapa, al que le caben treinta mil personas sentaditas, más otras cinco mil desperdigadas alrededor.

Y, de ser así, mientras el senador Héctor Yunes Landa rindió su informe en el WTC de Boca del Río, Pepe lo haría en el estadio de Xalapa, lo que significaría, de hecho y derecho, una señal más de que desde Los Pinos le han dado la santísima bendición.

Y entonces, a compartir honores con el señor Duarte fumando la pipa de la paz, pues sólo unido el PRI llegará fortalecido a las urnas.

De lo contrario, y ante una posible alianza electoral, la oposición tendrá facilitado el camino para sacar al tricolor del palacio de gobierno.

Y más, porque el mismo Yunes Zorrilla lo ha expresado con claridad: el hecho de ser candidato del PRI en ningún momento garantiza el triunfo en las urnas.

Y menos, con la familia roja conflictuada, dividida, fracturada, escindida.

ROMPEOLAS: Han sido demasiados, excesivos los ramalazos al señor Duarte.

Y como el señor es bipolar, influenciable, manejable, cambiante de carácter y temperamento, entonces ha terminado reñido con todos.

Por ejemplo, está peleado, entre otros, con los empresarios, los líderes, los proveedores, los prestadores de servicios, una parte de la misma elite priista, la oposición, presidentes municipales a quienes ha retenido las participaciones federales, la Universidad Veracruzana a la que adeuda el subsidio estatal y federal, que ha desviado, y hasta con una parte de los magnates periodísticos a quienes adeuda más de dos mil millones de pesos.

Y por tanto, ha abierto muchos frentes que como dice Tsun Tzu en “El arte de la guerra”, que fue el libro de cabecera del mártir priista del siglo XX, Luis Donaldo Colosio, entre más frentes de batalla de abran, más se debilita el poder público y el político, por añadidura.

Entonces, Duarte necesita, primero, que Los Pinos y el CEN del PRI lancen al candidato a gobernador, y segundo, que por añadidura, el resto de partidos también se manifieste con los suyos, además de los llamados candidatos independientes, para que el mundo jarocho se ocupe de otras cosas y, por añadidura, se olviden de él.

En todo caso, para que su alrededor solo giren los proveedores y prestadores de servicio abrigando la esperanza de que les paguen, pues la regla general indica que unos tres meses antes de terminar el sexenio, es decir, hacia el mes de agosto del año 2016, la SEFIPLAN estará cerrando la caja y a quienes para entonces sigan debiendo se habrán fregado.

ASTILLEROS: Lo peor del asunto es que la interlocución del gobernador con los sectores productivos y los grupos sociales y políticos está rota.

Desde luego, y por ejemplo, se reúne con algunos esperanzados en que les paguen, como fue el caso de la cumbre con la rectoría de la Universidad Veracruzana, pero de ahí pa’el real, la obra pública de norte a sur y de este a este es un páramo y los días se están yendo en trámites burocráticos, corte de listones, giritas insustanciales, diplomitas de protocolo y cortesía, una andanada de improperios como el abucheo recibido en Córdoba en la inauguración de un evento deportivo la semana anterior y un intercambio asiduo de dimes y diretes con los senadores de la república priista, Pepe Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa.

Además, claro, de un Veracruz convertido en un extenso y gigantesco cementerio.

Por eso, nadie más que el señor Duarte está urgido de que Los Pinos acaben con esta cardiaca espera y designe al candidato para así, además, y cuando menos, los madrazos se rolen y diluyan entre el gobernador que se va y el gobernador que pudiera venir.

Por: Luis Velázquez

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