Javier Duarte, engañado y burlado

Amiguísimo de Peña Nieto, según él, Javier Duarte pregonaba ser el “dedo elector”. Alardeaba con un embuste, en sus manos la sucesión, el candidato del PRI, la decisión de su vida. Y al final fue un engaño. Y una burla.

Llega al final del cuento con un epílogo amargo: el candidato al que ha de adorar, Héctor Yunes, es el mismo al que agravió con un chiste tuxpeño de la peor calaña, un obsequio artero, perversa la intención: una caña para ir a pescar “peces gordos”, los parientes, los Yunes azules, los panistas del Estero.

Al senador veracruzano, oriundo de Soledad de Doblado, le expresaba soez que no lo entendía, que su discurso crítico le impediría llegar a la candidatura, porque cuando se critica al gobernador se está criticando al PRI. Y eso, entre los priistas de su nivel, el priismo de élite, es inaceptable. O sea, que le bajara si quería ser.

Fuera de sí, mitómano como es, Javier Duarte presumía de escuchar a todos, a sus amigos y a sus adversarios, evaluarlos, probarlos, catarlos como si fueran vino añejo o reserva especial. Y de su análisis, él tan avezado en política, agudo y calculador, saldría el candidato del PRI, su posible sucesor.

Inundó la escena veracruzana con alardes fantasiosos, pedante y engreído, hasta “cuentear” a su pandilla, sus empleados y sus cómplices, con el embuste de su sólida amistad con el presidente Enrique Peña Nieto, quien le habría endosado la decisión de nombrar al candidato del PRI.

“Su único amigo en Veracruz soy yo”, dijo en una reunión entre el líder del PRI en Veracruz, el Pato de Tuxpan, alias Alberto Silva Ramos, en la que irrumpió de improviso, sin que nadie lo imaginara, ni Silva, casual el diálogo, calculado para que los medios le dieran vuelo.

Si Peña Nieto se lo dijo, lo engañó. Si no se lo dijo, fue autoengaño.

Días atrás, en San Julián, en el rancho del otro senador, Pepe Yunes Zorrilla, resonaban las carcajadas grotescas de Javier Duarte, invitado incómodo, incomodísimo, ahí porque no le quedó de otra al anfitrión que ese día debía agasajar al líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones Rivera, alias Don Beltrone.

Su mensaje era de burla. Su tono también. Reía como un bufón, excedido en todo, en lo que se bebía y en lo que hablaba, a su lado su delfín, el Pato de Tuxpan, el que lo manipula, el que lo mueve a agraviar y a denostar.

Perdió el buen ánimo, se apagó la carcajada, sintió el frío político, peor que el que ese día hacía en Perote, cuando escuchó la última frase de Don Beltrone: “Felicidades, Héctor”.

Ah, pues no. Tres días después lanzó su resto. Dijo a los periodistas en la mesa del Pato de Tuxpan que él era el único amigo de Peña Nieto en Veracruz y que el presidente le había encomendado la sucesión. “Fíjate bien. Es la decisión de tu vida”.

No se sabe qué tan demente está, pero no hay vestigio político desde que el PRI es PRI que un presidente haya dejado en manos del gobernador saliente la decisión del sucesor. Es privilegio presidencial designar a todos los candidatos a las gubernaturas. Ahí radica el poder.

Tácitamente borró del mapa a Don Beltrone. En su mensaje, Javier Duarte ninguneaba al líder nacional del PRI y lo arrumbaba en un rincón. Beltrones no cuenta, Javier Duarte sí.

Ha seguido haciendo locuras. Ha visto cómo Pepe Yunes lo desdeña, se niega a pactar, rechaza cualquier indicio de negociación, no admite la posibilidad de entregar candidaturas a diputados locales al duartismo ni espacios en su gobierno si llegara a ganar la elección. Y ante la presión y la posibilidad de ser saboteado en campaña, por congruencia Pepe Yunes declinó participar.

Su candidato ahora es Héctor Yunes. Se traga el alarde de que ningún Yunes sería gobernador de Veracruz, pues Héctor contenderá por el PRI y Miguel Ángel Yunes Linares, primos, los dos de Soledad de Doblado, lo será por el PAN.

Tiene ahora que prender incienso. Tiene ahora que bailar el son ajeno. Tiene ahora que callar, reír y tragar sapos, como los que deglutió Héctor Yunes en la comida de Año Nuevo, en Casa Veracruz, el 29 de diciembre, sentado entre los aspirantes duartistas, fidelistas y alemanistas, evento que transgredió la ley, pues se pagó con recursos públicos y luego se alardeó que fue una reunión de precandidatos del PRI. Eso es peculado.

Dice el periodista Edgar Hernández en Línea Caliente, su columna política, que Duarte será el mayor impulsor de Héctor Yunes, le guste o no, le pueda o no, lo enchile o no.

“Tanta gritería, tanta mierda, tanto desmentido y resistencia para terminar agachando la cabeza, acatar sin mayor resistencia y de rodillas manifestarse dispuesto a que le revisen los bolsillos.

“Eso es lo que sucede a un régimen que nunca pensó que el poder era prestado.

“En el dintel de la nominación oficial de Héctor Yunes Landa, luego del repudio manifiesto, las burlas y desmentidos oficiosos a quien esto escribe con ataques incluso de carácter familiar, no hubo más que aceptar.

“Hoy todo Veracruz es hectorista.

“Y su más importante apologista tendrá que ser —a güevo— Javier Duarte quien horas atrás fue instruido de manera categórica que se haga a un lado, que garantice el triunfo de uno de sus dos peores enemigos y que con hombría y valor acepte el adverso juicio de la historia.

“Con Fidel Herrera en el exilio, el Duartismo escondido y muerto de miedo y en ominoso silencio los textoservidores se sucede la nominación de Héctor Yunes, quien más que ir por la venganza ha comprometido hacer públicas las rapacerías del régimen y en su momento actuar con estricto apego a la ley contra los saqueadores de Veracruz.

“El futuro del régimen saliente no será halagüeño con Héctor y será peor con Miguel Angel Yunes Linares, quien todavía hace unas horas ha prometido cárcel y exigencia de devolución de lo robado al erario público a quienes llevaron a Veracruz a la quiebra e ingobernabilidad.

“Más de 115 mil millones de deuda pública, una miseria no vista en 50 años, la pobreza que se incrementó en 500 mil nuevos veracruzanos en extrema pobreza en cinco años, periodistas masacrados, entrada libre a tres organizaciones criminales, represiones sin fin, entre ellas a lo más caro de nuestra sociedad, los jubilados y pensionados, y una entidad sin gobernabilidad, son parte de la herencia.

“Es lo que reciben como legado ominoso quienes aspiran a gobernar ¡dos años!

“Hay odio, en efecto, pero también coraje. La ciudadanía está encolerizada, clama justicia y cárcel y si no hay propuestas y compromisos en ese sentido Héctor no ganará y Miguel será ungido.

“La elección no será fácil para el PRI. Incluso el PAN no la trae en la bolsa ante el indiscutible crecimiento de Morena.

“Por tanto, el Duartismo no podrá esperar aplausos ni reconocimientos porque en realidad no hay nada que reconocer. Ninguna obra pública que encomiar, la salud por los suelos y la seguridad pública corrompida.

“Esa es a no dudar la herencia maldita”.

Peña Nieto, Don Beltrone, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, todos participaron en la trama. Colmaron de elogios a Javier Duarte, creído en los abrazos del presidente, la risa que festejaba sus bromas, las visitas en el día de la Ley Agraria.

Y era sólo una farsa. Lo engañaban para hacerlo suponer que sería el dedo elector y que por primera vez un gobernador designaría a su sucesor por decisión presidencial.

Javier Duarte vive en otro mundo. No ve los signos del poder. Aún con el rumbo de la sucesión claramente definida, insiste en imponer al duartismo, insertarlo en la puja, conducirlo a espacios que el PRI nacional, el brazo electoral del presidente, tiene reservados sólo para Héctor Yunes, el que le ofreció pactar, vestirse de duartista y que una vez en el poder, si Yunes Linares perdiera la elección, cobraría burlas y agravios, el de la caña de pescar entre otros, a menos que el encanto duartista haya sido tal que HYL haya concedido todo el Congreso y los puestos clave de su gabinete. Como la doncella que suelta hasta el cinturón de castidad.

Ni González Iñárritu construye un guión tan intrincado: Javier Duarte iba a Los Pinos y salía sintiéndose el único amigo jarocho de Peña Nieto; Beltrones concedía que el Pato Silva Ramos fuera líder del PRI en Veracruz; Osorio Chong lo visitaba con la representación presidencial; la procuradora Arely Gómez le encubría el desvío de recursos públicos federales; Aurelio Nuño, secretario de Educación, placeaba a Alberto Silva, y para agradarlo el gobernador golpeaba maestros; el gobierno del DF congelaba el crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa, así el pueblo gritara, como nunca antes a un gobernador, “fuiste tú”.

Y el tonto se la creyó.

Engañado, burlado, Javier Duarte nunca supo cómo se conduce la sucesión. No entiende el juego del “tapado”, ni identifica las señales y los mensajes, ni concibe que un presidente tiene más poder que un gobernador, así le fuera endosada la selección del candidato del PRI, ni sospecha del abrazo y el elogio, de las risas y la adulación.

Javier Duarte creyó ser el dedo elector. En el engaño lleva la penitencia.

Con información de mussiocardenas.com

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