Javier Duarte: lo atrapa el atentado a Liliana Castro

A Liliana Janix Castro Muñoz le estalló una bomba molotov; le quemó su hogar y la proyectó como la primera candidata de Morena en Veracruz en sufrir un atentado. A Javier Duarte lo alcanza el fuego, lo revienta el escándalo, señalado por su responsabilidad política, por la escalada de violencia, por la rudeza que el fidelismo y su gobierno han usado y siguen usando contra la oposición.

Lo acusa Martí Batres, líder del Movimiento de Regeneración Nacional, de estar coludido con el crimen organizado en el ataque a la candidata a diputada por el distrito de Acayucan.

Le toca los callos duros, los que mas duelen, la vinculación del equipo fidelista con Los Zetas, vía el operador estrella, Erick Lagos Hernández, el desarraigado candidato a diputado federal por el distrito de Acayucan.

Contundente, demoledor, es el juicio de Martí Batres Guadarrama. Recuerda episodios de la pandilla que hoy —y desde hace 10 años— gobierna Veracruz, la mala fama del Terrible Erick, aquella imputación publicada en el periódico Reforma, cuando un jefe de plaza detenido, El Lucky, dijo que un alto funcionario de apellido Lagos era el conecte, el enlace, el efectivo para lubricar la maquinaria de impunidad.

A cambio, dijo El Lucky, fluían los millones. Pasaban por las manos de Lagos. No se sabe cuánto llegaba a su destino, o a sus destinatarios, pero lo que sí era efectivo era el velo de protección que recibían Los Zetas hasta convertir a Veracruz en su territorio, en su santuario, en su zona de poder.

Quiso Erick Lagos desmentir sin tino y sin fortuna. El Lucky no lo citó por su nombre. Aludió sólo a un funcionario de alto nivel de apellido Lagos. Y como Reforma lo identificó con Erick Lagos, el hijo político de Fidel Herrera Beltrán, salió a defender su honor.

Sólo él, Fidel y otros cuantos le habrán creído. Persistió en los veracruzanos la idea de que en efecto, el señor Lucky decía la verdad. Pero ahí quedó el episodio que marcó al hoy candidato a diputado federal por Acayucan.

Le sirve a Martí Batres para dar cuenta de cómo se las gasta el grupo fidelista-duartista, amo y señor de Veracruz por casi dos sexenios.

Le sirve para dimensionar el tamaño del atentado a la joven candidata Liliana Castro Muñoz, quien la madrugada del lunes 13, a eso de las 3 de la mañana, oyó un estruendo, vio las llamas, tomó a su familia y abandonó el lugar. A distancia vio con impotencia cómo se quemaba la vivienda.

Sucedieron los hechos en Isla, Veracruz, municipio perteneciente al distrito de Acayucan. Isla es el feudo de Erick Lagos, lugar de su nacencia y donde opera su grupo más leal.

En Isla, donde sufrió el atentado Liliana Castro Muñoz, manda Juan Cruz Elvira, alcalde hasta antes de convertirse en diputado local, hechura de Erick Lagos, de malos pasos, de pésima fama, con familiares implicados en asuntos de crimen organizado, detenida una de ellos en la frontera norte de México, según publicó el periódico Diario de Xalapa, el 27 de abril de 2007. Su hermana Irma, pillada por el Ejército Mexicano con 50 kilos de cocaína.

Cruz Elvira, el dueño de Isla, ganó fama cuando en su campaña a diputado local se promocionaba repartiendo dinero. Evocaba así a Don Gastón Billetes de Abel Quezada, faltándole sólo el diamante en la nariz.

Cruz Elvira es un cacique en ciernes, intolerante, bravucón. Su municipio, sin embargo, ganó notoriedad al convertirse en lugar con alta incidencia de feminicidios. “Las muertas de Isla” fue el título de reportajes y una referencia al mausoleo siniestro de Juan Cruz Elvira y su padrino, Erick Lagos Hernández.

Vive en Isla Liliana Castro. Ahí sufrió el atentado que sacudió a Morena. Su caso rebasó las fronteras de Veracruz, lo abordó la Cámara de Diputados, que en sesión del martes 14, acordó exigir que se realice una investigación a fondo.

Ahora lo potencia Martí Batres, líder nacional del partido del Peje López Obrador. Halla el vínculo entre Javier Duarte y el crimen organizado. Escudriña en el pasado de Erick Lagos, el candidato del PRI y rival de Liliana Castro en la contienda, y halla el episodio de Los Zetas.

Hasta la prensa que tolera a Javier Duarte, la que lo acuerpa, difunde y destaca la gravedad del caso.

Milenio dice:

“Martí Batres, presidente del CEN de Morena, acusó a Javier Duarte, gobernador de Veracruz, en colusión con el crimen organizado del ataque ocurrido en dicha entidad en contra de Liliana Castro Muñoz, candidata de este partido político a una diputación federal.

“El lunes pasado fue incendiada una palapa ubicada dentro del domicilio de la aspirante de Morena por el distrito 20 federal con residencia en Acayucan; por estos hechos, Batres señaló a Erick Lagos, aspirante priista al mismo cargo y ex funcionario del actual gobierno en Veracruz.

“En conferencia, el dirigente de Morena subrayó que Lagos ya ha tenido señalamientos por vínculos con la organización delincuencial Los Zetas, y, dijo, este caso lo confirma, por lo enfatizó que esto les da la razón de no aceptar el resguardo gubernamental de sus contendientes.

“ ‘Esto nos da la razón sobre nuestra negativa de aceptar seguridad del Estado. Si las agresiones vienen del Estado, ¿cómo le vamos a pedir seguridad al Estado? Al contrario, incrementaría aún más la inseguridad.

“ ‘Lo que señalamos lo hacemos como una denuncia pública, son pocas las opciones que tiene la ciudadanía para tener garantías en el ejercicio de su derecho, pero eso no nos impide hacer la denuncia pública’, subrayó.

“Además de este caso en Veracruz, Batres denunció dos agresiones más en la Ciudad de México, una en la delegación Gustavo A. Madero durante una de las llamadas conferencias colectivas que realizaron la semana pasada, y otra a sus brigadistas en Azcapotzalco”.

Se radicaliza Morena. Martí Batres torpedea a Javier Duarte y a Erick Lagos. En Xalapa, la dirigente estatal, Gloria Sánchez, categoriza el caso Liliana Castro como un “acto criminal”.

Javier Duarte está azorado. No reacciona. Como jefe de las instituciones de Veracruz debió pronunciarse y atender en directo el atentado a la candidata de Morena. No lo hizo y aumentó el clima de sospecha.

Del lunes 13 al jueves 16 hubo tiempo de sobra para matizar el impacto. Pasmado, aletargado, Javier Duarte dejó correr un caso que de la sospecha pasa a la certeza. Lo vapulean y calla. Lo acusan y huye. Lo implican con el crimen organizado y carece de respuesta.

Lo atrapó el atentado porque si de algo gusta la pandilla fidelista y su derivación duartista, es de la rudeza con la oposición. Hostigan, agreden, sabotean. No imaginan el costo de la perversidad.

Hoy, Javier Duarte está atrapado en un atentado, el de Liliana, la candidata de Morena.

(Con información de mussiocardenas.com)

00
Compartir