Javier Duarte no es Veracruz

•El respeto del contribuyente y la confianza ciudadana se ganan todos los días con hechos y resultados
•Por encima de cualquier gobernador están la Constitución Política de la república y la Constitución local

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El lunes 31 de agosto, el gobernador de Veracruz se dolió del linchamiento político y social al que lo han sometido escritores e intelectuales del mundo por el multihomicidio en la colonia Narvarte, de la ciudad de México, donde perdieron la vida la activista Nadia Vera y el fotógrafo Rubén Espinosa.

Dijo, por ejemplo, que tal linchamiento “ofende a la población de Veracruz, a la cual representa”.

También aseguró que “la ofensa de personas que hicieron este escarnio no tan sólo era contra Javier Duarte, sino era contra el pueblo veracruzano, contra quien los representa”.

Unas horas después, el secretario General de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, anunció al mundo que sopesan la posibilidad de una denuncia penal por daño moral contra quienes enarbolaron tal bandera.

Y el Premio Nobel de Literatura que firmó la cartita a Enrique Peña Nieto para hacer justicia en Veracruz se puso a temblar.

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El ciudadano común, el contribuyente, la población electoral, ha de preguntarse si hacia finales del quinto año del sexenio el gobernador ha de estar confundiendo la realidad, incluso, hasta tener problemas con el tinaco mental.

Por ejemplo, eso de acuñar que una ofensa en contra de su persona significa una ofensa en contra de Veracruz equivale a una distancia de años luz entre su mundo color de rosa y el mundo real.

Más aún si se considera que resulta inverosímil por cualquier costado que se le mire que criticar, evidenciar, cuestionar, atacar al gobernador es criticar, evidenciar, cuestionar y/o atacar a Veracruz.

Incluso, estaríamos retrocediendo al año 1665, cuando en medio de la monarquía absoluta, el Luis XIV, quien entonces tenía 19 años de edad, afirmó: “El Estado soy yo”.

Ahora, vivimos en la pluralidad, que exige tolerancia en su máxima dimensión y todavía más si se recuerda que en una familia común y sencilla el padre, la madre y cada uno de los hijos son militantes y/o simpatizantes de un partido político diferente.

Y, por tanto, ha de vivirse en convivencia.

Y en consecuencia, en ningún momento evidenciar al gobernador en turno, cualquiera sea y cualesquiera sea la entidad federativa, significa hablar mal y/o atacar a Veracruz.

Se precisa: nadie habla mal de Veracruz.

En todo caso, del gobierno de Veracruz.

Y de ahí a que el gobernador en turno representa a los casi 8 millones de habitantes de Veracruz, habría de preguntar al millón de indígenas y a los dos millones de campesinos y a los casi millón y medio de personas que solo aplican una o dos comidas al día, y mal comidas, lo que piensan acerca de lo que dice el jefe máximo del priismo.

Pero, además, el contribuyente se preguntaría si los indígenas y campesinos y pordioseros se sentirán representados por el gobernador de Veracruz.

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Ninguno de los reporteros, escritores e intelectuales que según el góber lo han linchado, lincharon al estado de Veracruz, es decir, a la población jarocha.

Tampoco ninguno de ellos hizo escarnio ni ofendió a todos y cada uno de los ciudadanos.

Tampoco nadie tiene ni sostiene ni menos, mucho menos, financia una campaña en contra del gobernador mismo.

Lo dijo la reportera Norma Trujillo, en Xalapa:

“No se trata de un linchamiento. Se trata de decir ya basta. Ya no queremos más muertes, más amenazas”.

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Todavía peor:

Por todos lados se escucha en la militancia priista el desencanto que para ellos ha significado el llamado sexenio próspero, el que, en efecto, ha sido próspero… para la elite del primero, segundo y tercer círculo del poder.

Incluso, muchos que han trabajado y laboran aún en el aparato gubernamental están decepcionados, incluso, arrepentidos de haber sufragado por la fórmula priista para gobernador en el año 2010.

Y, bueno, si a los 19 años Luis XIV tuvo una visión apocalíptica y en trance subliminal creyó que el Estado era él, en un país con tanta divergencia política y partidista, resulta inverosímil afirmar que quien ataca al gobernador ataca a Veracruz.

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Incluso, bastaría recordar el resultado en la elección del año 2010 de gobernador:

Javier Duarte, un millón 356 mil 623 votos.

Miguel Ángel Yunes Linares, un millón 277 mil 151.

Dante Delgado Rannauro, 401 mil 839.

Tal cual, mientras Yunes y Dante quedaron con el 53.89 de los votos, Duarte obtuvo el 43.54 por ciento.

Es decir, una sociedad plural.

Y, bueno, si a la toma de posesión se entiende que el gobernador lo es de todos, en el terreno práctico todos los días necesita abonarse el surco para granjearse y mantenerse la confianza ciudadana y el respeto del contribuyente.

La confianza, pues, se gana con hechos y resultados, en ningún momento con palabras, discursos, peroratas e incienso.

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En ningún momento, el gobernador es Veracruz.

En todo caso, es el jefe político, y por encima de todas sus acciones y decisiones están la Constitución Política General de la república y la Constitución Política local, cuyas garantías está obligado a respetar.

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El hecho de que tantos escritores e intelectuales del mundo, incluso, hasta un Premio Nobel de Literatura, lincharan al gobernador, en ningún momento agravia ni ofende a los casi 8 millones de habitantes que integran la población.

Por el contrario, en un Veracruz donde los poderes Legislativo y Judicial, el ORFIS, Órgano de Fiscalización Superior y la Comisión de Vigilancia del Congreso, y los diputados federales, y los líderes sindicales, y una parte del sector empresarial, y de la cúpula eclesiástica y de la elite mediática estén a su servicio, reduciendo los espacios de libertad, resulta tonificante que existan intelectuales, escritores y reporteros de otras latitudes del mundo levantando la voz.

Así sea, incluso, y como se afirma, linchando.

Desde luego, si acusaron de asesino al góber, se excedieron, pues la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal tiene una averiguación previa, un proceso judicial, en marcha, y por tanto, inconcluso.

Pero de ahí a que se ofenda a Veracruz equivale a confundir la realidad real como dicen los teóricos.

En todo caso, el gobernador es el depositario del poder político que al mismo tiempo lo obliga a ejercer el poder con atributos cívicos y democráticos como afirmaba Luis Donaldo Colosio, por citar, digamos, a un mártir priista que, bueno, a todos enorgullece… por ahora.

Por: Luis Velázquez

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