Javier Duarte: Peña Nieto y Beltrones salen sobrando

¿A qué hora bebe Javier Duarte? ¿O qué se mete el gobernador? Porque, lenguaraz como es, dice que la sucesión es suya, que se la delegó el presidente, que él, y sólo él, decide en torno al candidato del PRI al gobierno de Veracruz. O sea, ya valieron Peña Nieto y Don Beltrone.

Salió del rancho San Julián, en Perote, sin una señal clara, quizá agraviado porque el líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones Rivera, se despidió con un “Héctor, felicidades”, que cargaba los dados hacia el senador Héctor Yunes Landa. ¿Habrá querido oír: “Pato, eres tú”?

Contaminó a Pepe Yunes Zorrilla, el otro senador, abrazándolo en su Tercer Informe de Actividades, el aplauso sin regateo, la sonrisa, la broma, la foto y la otra foto y la otra foto, deslizando el mensaje de que el de Perote se convirtió al duartismo y ya es cómplice. Y si es cómplice, le garantiza impunidad.

Nada lo llenó. Lo irritó ver a más de 15 mil priístas en el World Trade Center de Boca del Río, en el informe de Pepe Yunes, pese al bloqueo, a la detención de autobuses movidos por la CTM, maestros, alcaldes afines al senador, el marcelismo del sur, los petroleros de Agua Dulce, los de Nanchital, los Tierra Blanca, los de Poza Rica, a la marrullería para provocar vacíos en el escenario.

Un día después —lunes 30— hizo otra, mayor el desenfreno, la lengua larga, la infidencia del que vulnera la confianza, pues el protagonista de sus dichos es el presidente Enrique Peña Nieto, a quien acota y relega en el tema Veracruz.

Llegó Javier Duarte a una comida con periodistas, reunidos ellos con el líder estatal del PRI, Alberto Silva Ramos, alias El Pato de Tuxpan. Se chutó dos tacos y comenzó a hablar.

Sin más, comentó lo que debió ser una charla de dos, Peña Nieto y Javier Duarte. Será candidato del PRI quien decida el gobernador. Será Pepe o Héctor, Silva o Erick, Mota o Tomás, el que Javier Duarte diga, porque el presidente no quiere o no puede con Veracruz. Obvio no serán Pepe ni Héctor ni Tomás, sino quien le garantice impunidad.

Sobra Don Beltrone. Sobra el PRI y sus instancias de dirección. Sobra el delegado Manuel Cavazos Lerma. Sobran las corrientes y grupos priístas. Sobran Videgaray, Meade, Nuño, Osorio Chong y Gamboa Patrón. Sobra Fidel Herrera. Sobra Miguel Alemán.

Peña Nieto no manda en Veracruz. Volvió el PRI a Los Pinos pero la sucesión, según el gordobés, es tema local. Se decide jugando Xbox, tragándose unos Cheetos y bebiéndose una Coca. Sí pues.

A la medianoche del lunes, Arturo Reyes Isidoro vaciaba en su Prosa Aprisa, la explosiva revelación de Javier Duarte, que convierte a Peña Nieto en el convidado de piedra de la sucesión en Veracruz. Lo cita textual, como lo expresó el gobernador. Habla vulgar, rasposo, corriente. Dice “mamadas” al referirse a las encuestas de imagen e intención de voto. Reclama a Héctor Yunes que ande “madreando” al gobernador priísta.

Aquí, algunas de sus frases:

“En el tema de la sucesión me dijo (Peña Nieto): ‘Javier, nunca me has fallado, pero esta es la decisión más importante de tu vida, no te puedes equivocar’, con lo cual me está dando la gran responsabilidad.

“El Presidente me tiene una estima que la siento en los hechos. Nunca he tenido un no del Presidente. Todo lo que le he pedido siempre me ha dicho que sí.

“Estoy dejando que todos caminen y corran en esa ruta, viendo cómo se va desarrollando la cuestión. Hay otros con los que tengo diferencias, pero al final del día comulgamos en la misma capilla.

“Hay muchas sopas”, aunque “al final del día nada más va a haber una”.

“He sido tolerante y al mismo tiempo inclusivo.

“Dejo que todos participen, no estoy siendo obstáculo. Está la carrera interna y en enero se determinará quién va a participar, y eso de las encuestas es una mama… Pepe está muy por encima de cualquier otro. La encuesta es una fotografía del momento, pero se tienen que tomar en cuenta también otros factores, quién genera consenso.

“Lo digo abiertamente. Al final del día el tema del partido lo va a resolver el partido.

“Como líder moral (el presidente) ha sido muy generoso conmigo.

“Tengo una ventaja que es una gran responsabilidad: soy el único amigo veracruzano que tiene el Presidente. Esa es una gran responsabilidad.

“El Presidente me tiene una gran estimación, que es correspondida.

“Tengo otra ventaja: con Luis Videgaray fuimos juntos secretarios de Finanzas, juntos diputados federales, miembros de la misma comisión, luego estuvimos juntos él como presidente del PRI en el Estado de México y yo como gobernador, tenemos muy buena relación. Con Videgaray se genera una empatía muy cercana al grupo del presidente Peña Nieto.

“El sábado pasado estuve comiendo con Miguel (Miguel ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación). Me citó al otro día de Perote. Platicamos de todo esto, y él tiene una gran ventaja: fue gobernador, sabe, conoce.

“Estamos en un proceso de ver que todo va caminando, de observación, viendo cómo se mueve cada quien, quién genera cohesión, consenso, unidad”.

Yunes Landa había negado que hubiera dialogado con el gobernador, como publicó Reyes Isidoro. Javier Duarte confirmó la versión de la charla:

“Me he reunido con Héctor. El viernes en la mañana, antes de la comida de Perote, platiqué con él. Le dije que lo respeto, que está en todo su derecho, pero que no comparto su estrategia. No lo entiendo.

“Cómo quieres ser candidato del PRI madreando al gobernador priista” (…) “Al que debilitas es a tu mismo instituto político. La gente no va a pensar que es Javier o Héctor si madreas al PRI. Yo soy línea de flotación del partido. Estás escupiendo para arriba”.

Le pidió “que le baje dos rayitas, es lo único que digo”.

Y habló de la caña de pescar, el día que públicamente Javier Duarte envió a Héctor Yunes a atrapar “peces gordos” en El Estero, a sus parientes panistas, Miguel Ángel Yunes Linares y sus hijos.

“Me desesperó, me llenó el vaso”, confiesa, las tripas por delante, el hígado moviendo la lengua, la ira dominando sus desplantes. Y luego matiza: “No hay diferencias que no sean insalvables con Héctor”.

Dice que Yunes Landa le pidió un “chance” pues “no puede cambiar su discurso”. Javier Duarte instó a que “le baje dos rayitas, porque te conviene” (…) “Si quieres ser candidato del PRI no puedes ir con una plataforma gastada”.

“Héctor puede ser”, dijo el gobernador. “Yo no voy a apoyar a alguien que no esté en condiciones de triunfar. Por eso es que estoy dejando caminar a todos”.

Del Pato de Tuxpan, Alberto Silva, su amigo, el misógino, las mujeres como el Kleenex, úsese y deséchese, señala: “es una opción, sin duda alguna”, pero “no significa que sea o vaya a ser necesariamente” (…)“pero en su momento habremos de determinar quién es la mejor opción, y ese es un tema que tengo que analizar de manera muy fría”.

Supuestamente Peña Nieto ya abdicó en Veracruz. Según Javier Duarte, le delegó la sucesión. “Y al momento de tomar la decisión, la voy a tomar con la cabeza. Bien me dijo el Presidente, no me puedo equivocar”.

García Márquez habría envidiado su imaginación. Gabo hablaba de la maldición que alcanzó a los Buendía, el bebé que nació con cola de cerdo, producto del incesto; Remedios elevándose al cielo en cuerpo y alma, o la cruz de ceniza en la frente de los Aurelianos. Lo único que no se le ocurrió es que un presidente le delegara la sucesión a un gobernador sin juicio.

El realismo mágico de Javier Duarte es peor porque no es novela, es tragedia. Nadie, que se sepa, advirtió que el gobernador trajera alcoholes encima. Lo vieron bien. Lo que dijo es lo que riñe con la realidad.

Si la decisión es suya, y si lo que busca es un encubridor, qué mejor que Alberto Silva, su cuate, alguien peor que él, cómplices en todo, compañeros de bohemia, el único que no lo llevaría a prisión.

¿Es real o flotaba Javier Duarte cuando reveló a los columnistas que el presidente Peña Nieto sacaba las manos de Veracruz?

Queda Manlio Fabio Beltrones reducido a nada, relegado el líder nacional del PRI, pese al encuentro de San Julián, traído a sabiendas que su voz no cuenta para designar al candidato al minigobierno en 2016.

¿Soltará Peña Nieto los procesos de sucesión en las otras entidades gobernadas por el PRI? ¿Dejará que sean otros los que impongan candidatos? ¿Para eso regresó el PRI a Los Pinos, para perder el control de los estados?

Gravísima, la infidencia de Javier Duarte exhibe a Peña Nieto, desdeña a Don Beltrone, evidencia la simulación de los priístas. Ya se sabe que hay injerencia del Poder Ejecutivo en la vida interna del PRI, pero en términos de ley es ilegal. Y decirlo públicamente, es prueba.

Si le confió Peña Nieto que al sucesor no lo pone el presidente sino el gobernador saliente, ¿tenía caso hacerlo público? ¿O acaso traicionó la confianza de EPN?

¿Y si no le dijo nada y todo es un embuste de Javier Duarte?

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