Javier Duarte reedita la Ley de Herodes

Sin pudor y sin tacto, teje Javier Duarte un fraude que le dé impunidad. Arma un Código Electoral a modo, sin alcances, limitando al candidato independiente, contrario a la reforma federal y ejerciendo, como siempre, el control sobre el órgano electoral. Es su nueva Ley de Herodes.

Aterriza el gobernador de Veracruz las nuevas reglas electorales que regirán la sucesión y el andar de los partidos políticos, en un ambiente adverso, ríspido y tenso, provocado por su paso errático por las instituciones, las finanzas destrozadas, la insolvencia total y el desastre social.

Su Código, aprobado el martes 30 vía la aplanadora priísta y sus aliados, en sesión de vodevil en el Congreso de Veracruz, incluye los candados para evitar la fuga de votos y su redireccionamiento hacia la figura del candidato independiente, como ocurrió en Nuevo León.

Patalearon los diputados del PAN como si fueran perredistas en los tiempos del Peje López Obrador. Subieron a tribuna, desplegaron mantas, alzaron la voz, megáfono en mano, para gritar que aquello era una mascarada del peor nivel, sin incluir propuesta que no fuera la del gobernador.

Sus leyendas eran las que podría enarbolar cualquier perredista, ahora en tono azul: “No al atropello legislativo”, “Democracia sí, simulación no” y “Reforma política a modo”. Y la más reveladora: “Clausurado por atropello legislativo”. Sólo les faltó El Peje y que sellaran las puertas del Congreso.

Les irritaba un punto en particular: los 12 años que el secretario ejecutivo del nuevo órgano electoral podría permanecer en el cargo, nombrado a trasmano, por supuesto, por Javier Duarte. Eso ni en la ley federal existe y es transexenal.

Y algo peor. La designación formal del secretario ejecutivo del órgano electoral la hará el Congreso de Veracruz, sin facultades para llevar a cabo esa acción. Se viola así el principio de autonomía propuesto en la reforma electoral federal.

Aducen que el código veracruzano es contrario a la reforma electoral, que no homologa, que transgrede la ley y que tiene visos de inconstitucionalidad. Por ello irá a la cortes. Será impugnado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y tenían razón. La Ley de Herodes, versión Javier Duarte, es extremadamente severa en la figura del candidato independiente, quizá avizorando un éxodo priísta si cuaja la imposición de Héctor Yunes Landa, el candidato oficial, y su ex sobrino político, José Francisco Yunes Zorrilla, opta por encabezar la rebelión.

Les molesta las trabas a la candidatura independiente, a la cual Herodes Duarte le acomodó una restricción del 3 por ciento en firmas respecto al total del padrón electoral correspondiente a Veracruz. O sea, más de 170 mil ciudadanos que tendrían que avalar al candidato.

Dicen los panistas, perredistas, petistas y Movimiento Ciudadano que es una disposición contraria a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, antagónica a la reforma electoral federal y eso le da visos de ilegalidad.

Aberrante, discriminatoria, inequitativa, la Ley Duarte impide a los candidatos independientes el acceso a espacios publicitarios en prensa, radio, televisión e internet, así como a financiamiento privado. Fuera de sus prerrogativas de ley, no podrán allegarse recurso alguno. O sea, a los candidatos propuestos por partidos sí, y a los independientes no.

Va pues, contra el espíritu de la reforma electoral federal, que hizo realidad la voluntad de los neoleoneses cuando el 7 de junio eligieron a Jaime Rodríguez, “El Bronco”, primer candidato en llegar a un gobierno estatal sin partido alguno.

Es “El Bronco” un fenómeno político. Nada independiente, ex priísta, apoyado por los grandes capitales de Nuevo León, sobre la estrategia mediática del periódico El Norte y finalmente con el respaldo del ex gobernador Fernando Elizondo Barragán, quien contendía por Movimiento Ciudadano y declinó a su favor, Jaime Rodríguez aplastó al PRI. Duplicó la votación de la priísta Ivonne Álvarez.

Veracruz, sin embargo, no es Nuevo León. Javier Duarte maniobra y arrebata con un Código Electoral que le preserva de un sorpresa y aleja el riesgo de que un candidato independiente fragmente la votación, le robe el voto de los priístas y lo lleve al escenario de la derrota.

No da tregua Javier Duarte a los candidatos independientes pero sí a los partidos nuevos. Flexibiliza las reglas, los dados cargados para uno de ellos, la asociación política Alianza Generacional, propiedad de Héctor Yunes Landa, el candidato oficial, su prospecto para evitar rendir cuentas y encarar el saqueo de Veracruz.

Su pacto de la complicidad garantiza que la pandilla duartista transite sin riesgo por el minigobierno de dos años, su engendro político con el que simula homologar los procesos electorales estatales al calendario electoral federal.

Acuerpa Javier Duarte a Héctor Yunes Landa y allana el camino de Alianza Generacional al régimen de partidos políticos. Se sirve bien del poder el senador veracruzano. La mejor tajada se la lleva él.

Dos años con Héctor Yunes Landa le garantizan al Herodes veracruzano impunidad.

Complica, en cambio, la candidatura independiente desde dos frentes: el requisito de las 170 mil firmas cotejadas con la lista nominal y la negativa a contratar publicidad en los medios de comunicación.

Quizá por eso Pepe Yunes advierte que no será candidato independiente y que si lo vetan, “apoyará a un candidato de otro partido”.

De ahí el desaseo en el Congreso, la imposición de un Código Electoral a modo del grupo gobernante, con el valor agregado de que serán los diputados locales quienes calificarán la próxima elección de 2016, donde el PRI y sus aliados son mayoría.

Duarte no era sucio pero ya lo es. Sabía de la trascendencia del Código Electoral, su pasaporte a la impunidad, la ruta para imponer a su sucesor.

Lo marrullero se le da. No era así, pero aprendió. Tiende el gobernador de Veracruz trampas y escenarios para escandalizar mientras suponía —mal— que nadie atendería el impacto de su Ley de Herodes.

Días antes lanzó Javier Duarte dos distractores: el nuevo reglamento de tránsito y las reglas de comercio con amenaza de prisión contra quien venda licor a menores de edad.

Dos distractores y una trastada. Fue show puro. Entretuvo así a una sociedad que gusta del grito y el sombrerazo, del parloteo y el insulto. Que ve y no ve. Y cuando está en su apogeo el escándalo, los memes y las marchas, incluidas la quema de banderas del PRI, lo que aprueba en el Congreso de Veracruz es el pasaporte duartista a la impunidad.

Creyó que así consumaría su fechoría, sin réplica ni escándalo. Falló en la predicción. 34 priístas y aliados dijeron sí; uno de ellos, Ricardo Ahued, se abstuvo de votar; PAN, PT, PRD y Movimiento Ciudadano lo hicieron en contra, entre gritos y reclamos.

Cuajó el nuevo Código Electoral, pero evidenció a un gobernador sin oficio, pues para robar hay que tener estilo, y para imponer hay que saber hacerlo.

Va a los tribunales el Código Electoral, cuestionado entre la opinión pública, a la vista la marrullería de Javier Duarte, en un contrasentido con la reforma electoral federal.

Qué vergüenza. Tener que recurrir a una Ley de Herodes.

(Con información de mussiocardenas.com)

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